Semana dieciocho (18)

La autopista escinde el campo castellano en dos partes de una manta hecha a retales. Parece que el único sitio posible para una catedral sea Castilla. La excepción, o medio excepción, es la imponente catedral de León que no podría estar en mejor lugar. El silencio de las piedras es tan castellano como la sobriedad de Machado.

He acabado «Los restos del día» de Ishiguro. El tema central es la angustia de haberse equivocado en la vida. Pero la novela ventila otros dos aspectos, primero, la importancia de ejercer el trabajo con dignidad, hoy diríamos con profesionalidad y segundo, la contemporización británica en el periodo de entreguerras. El que más me ha interesado es el último. Es una forma de observar las razones de los apaciguadores, apuntaladas por la desconfianza que les infundió vencer y humillar al mismo tiempo. Esta perspectiva ayuda a comprender el mérito de quienes pronto advirtieron de que todo era un pretexto para la maldad.

Este artículo en The New York Times de Mooallem describe hasta que punto nos cuesta comprender que nuestras vidas están incrustadas en periodos demasiado largos para nuestra experiencia (amnesia ambiental). El cambio climático es un buen ejemplo, su existencia no depende de nuestra percepción. Pero podría aplicarse a cualquier clase de conocimiento, que casi siempre es una lucha contra nuestras intuiciones o sesgos cognitivos. 

El derecho ha establecido como cautela la presunción de inocencia, es decir, que de haber una impresión esta debe ser la de no culpabilidad. Si bien, en la vida, el derecho ha quedado arrinconado. Las sospechas se imponen peligrosamente, y todos podemos ser sospechosos, es decir, culpables.