Archive: julio, 2017

Cartas babianas (XCIX)

Queridos veraneantes:

Las vacaciones, poco a poco, han dejado de ser un espacio estanco en el que solo sucedían las cosas que uno quería. Esas fronteras se van haciendo porosas y cada vez es más difícil reconocer los minutos en los que uno vive. El caso es aprovechar la paz que teóricamente trae el no tener que hacer nada. Babia siempre ha sido eso, salvo en contadas ocasiones, en las que nos recluíamos aquí a preparar los exámenes de junio. El silencio y la distancia ayudaban a la concentración, los resultados fueron buenos. Ahora el reto es compaginar las dos cosas y descansar al máximo.

En las protocolarias despedidas de verano todo el mundo habla de desconectar. Me parece imposible, aunque pueda funcionar como placebo. Varias semanas no pueden apartarte del trabajo, podrán servir para que descanses, pero las preocupaciones –con la misma intermitencia de siempre− siguen ahí, aguardando su turno. Ya no hay exámenes que pongan el contador a cero.

Estoy leyendo con mucha parsimonia un libro sobre cómo funcionó la Comisión Warren encargada de investigar el asesinato de Kennedy. Es conocida por su categórica conclusión de que no hubo conspiración y de que Oswald actuó solo, por su cuenta y riesgo. En realidad hay dos grandes versiones: la conspirativa de Jim Garrison –promocionada magistralmente por Oliver Stone− y la del asesino solitario de la Comisión Warren. Al margen del asunto del quién, el libro tiene interés porque cuenta los detalles del trabajo de la comisión, y hay algunos sorprendentes.

Silvia Durán era una mujer con la que Oswald se supone que mantuvo una relación en un viaje a México, meses antes del asesinato. Una enigmática figura que podría haber sido un enlace con el gobierno cubano y un cabo de la supuesta conspiración.

Coleman era un abogado negro y republicano de la Comisión, que se entrevistó en nombre de ella con el mismísimo Fidel Castro. La entrevista se celebró en 1964, en el yate del dictador cubano y a instancia suya para aclarar que no había tenido nada que ver en el asesinato. Lo insólito es que Coleman había conocido años antes a Fidel Castro antes de convertirse en Fidel Castro. Ambos frecuentaban tugurios de Harlem donde a partir de la una de la madrugada tocaban las estrellas del jazz, que venían de haber actuado en los mejores clubs de Manhattan. Años después, sobre la cubierta de un yate en alta mar, aquel barbudo le explicaba que a pesar de todo (incluido The Bay of Pigs), admiraba al presidente asesinado.

Estos días no están siendo del todo veraniegos. Las mañanas son frescas y desagradables, de lo último se encarga un inoportuno viento. El día no alcanza el calor esperado, aunque esta tarde se ha cerrado con un cielo espectacular. Las previsiones no son halagüeñas y se espera que el fresco acabe siendo frío. Mientras que no llueva el abrigo será suficiente.

Cuidénse.

Cartas babianas (XCVIII)

Queridos veraneantes:

El verano, al otro lado de la cordillera, llega por días. E incluso en un mismo día puede haber dos estaciones. Ayer, durante la mañana, llovió con la pertinacia e invisibilidad que lo hace en el norte. El día estaba oscuro y a pesar de ello había gente en la calle, casi todos veraneantes –perdón por la obviedad–. En estos casos basta con un chubasquero sin capucha, soy partidario de melenas mojadas y pelo enredado. Pero para mí, los charcos son de momento un impedimento imposible de combatir. Ejercen sobre el pequeño una atracción irresistible, que siempre acaba de la misma forma. Nos retiramos los dos disgustados, él porque no pudo disfrutar de los charcos y yo porque no pude observar cómo se vive hoy bajo la lluvia.

La mañana no daba para más, salvo la interesante lectura de Alvin Roth de la que te hablaré cuando acabe. Antes, he de decirte que este verano he cerrado un listado de lecturas prudente y realista que consiste en ir acabando algunos de los libros empezados. También quiero repasar notas de los antiguos, sobre todo, para comprobar su utilidad. El verano sigue siendo el mejor momento para leer.

La tarde obedeciendo a la aplicación de la AEMET fue seca, pero nada calurosa. Así que nos montamos en la bici y dimos una vuelta de una hora y media entre carreteras estrechas escoltadas de maizales a medio crecer. De vez en cuando, se alza una casa señorial con una no menos imponente finca cerrada sobre sí misma por un alto muro. Estas casonas no solo se diferencian de las demás por su tamaño sino por sus piedras son de verdad, muros de sillería que han aguantado todo.

Leo sobre los cambios en la Casa Blanca y se apodera sobre mí una sensación de caos. Sigo siendo un gran partidario del orden, un antagonista de la improvisación. Me desasosiega pensar que el núcleo central del equipo presidencial no aguanta los vaivenes del presidente. La política es cosa de equipos, de personas que discuten primero y ejecutan después, lo que exige una confianza recíproca y crea solidez. Paro en un artículo de Político sobre la nueva asesora de comunicación Hope Hicks. Una joven de la estrecha confianza de la familia presidencial, que conoce bien a su patrón pero que no tiene el perfil para asesorarle, es decir, para contraargumentar, frenar, matizar… características básicas de un colaborador. Habrá que esperar, porque será ella quien deba definir sus funciones y su papel en la Administración Trump.

Hay un rasgo que me gusta mucho de ella: su discreción. Un colaborador debe estar en la sala de máquinas y pasar desapercibido. Es difícil porque este tipo de puestos suelen verse como un escaparate, que te lleven de asesor a asesorado.

Da gusto ver cómo los medios americanos escrutan a los asesores de los presidentes, senadores, congresistas, gobernadores, jueces federales &c. conscientes de su importancia. Aquí, apenas sabemos quienes están detrás del trabajo de nuestros políticos.

Habrá que seguir a «Hopester» que es como la llama POTUS quien a su vez le responde a «Mr. Trump».

Cuidénse.

Cartas babianas (XCVII)

Queridos veraneantes:

Comienza esta correspondencia estival sin que haya cerrado del todo la temporada anterior. No es necesario porque la vida es continua y mejor que no parpadee. Se acumulan las cosas que contarte, pero comienzo con las noticias malas. Sabes muy bien que la vejez pesa a razón de los muertos que uno va acumulando. Nos dejó mi madrina. Una mujer inteligente que con su agudeza siempre hacía reír. Para mí la rapidez sintética es inalcanzable y con la suya he pasado momentos memorables. Gracias a ella leí libros increíbles que ahora leo al pequeño, imitando lo mejor que me ha pasado.

Ya camina y lo hace por este patio en el que tantas horas y tantas ilusiones te dejaste. Pisa esta tierra sin saber, todavía, que es un premio que tiene gracias a vuestro esfuerzo. Como ya te escribí muchas veces su mirada me traspasa porque creo que con sus ojos me ven los tuyos. Disfruta como nosotros lo hicimos, ahora en un jardín arreglado, nosotros entre aquellas montañas de piedras que cada verano, procesionábamos de un lugar a otro.

El mundo ha cambiado mucho en este año, no lo reconocerías. En política ha ocurrido lo imprevisible. Se supone que se abre paso una nueva etapa en la que los representantes, tras años de abusos, atenderán, por fin, a sus representados. Simplemente se trata de políticos capitalizando un malestar general. Su éxito pasa por decir exactamente lo que los representados quieren oír. Y el riesgo es que parece que lo van a hacer. Lo están haciendo. En Estados Unidos, el nuevo presidente dice hablar por la clase media-baja y a partir de ese momento, todas sus decisiones son benéficas para ellos. Se blindan a cualquier crítica. Como la política no puede solucionar todos los problemas a los representados, estos nuevos políticos caerán, porque les juzgarán inevitablemente por la gran expectativa que han creado: el elector como el cliente siempre tienen razón; y esta es la gran falacia de esta nueva época.

Julio es para Babia. Un mes en el que verano cae a plomo. Las cigüeñas planean por los alrededores del pueblo y crotoran en sus imponentes nidos. El calor agradable y seco hace estallar las vainas de las escobas. Todo en medio de un silencio sinfónico de redonda, como si se tratara del impasse en que la orquesta deja de tocar un instante para retomar con brío el concierto, a la señal del director. En el cielo azul de julio escriben los aviones de medio mundo su rumbo, ajenos a quienes desde tierra los avistan y siguen con sus quehaceres. Julio no es el mes del veraneante, pero es el mejor mes de Babia. Algunos veraneantes lo sabemos bien.

La brisa aquí es cicatrizante, seca y cura al mismo tiempo. Me he dedicado a devolver al pequeño los paseos en bicicleta que mi padre me dio. Conquistamos, con toda tranquilidad, pueblo a pueblo.

Cuídense.

Semana veinticuatro (24), veinticinco (25), veintiséis (26) y veintisiete (27)

Semanas de ola de calor y de ola de trabajo. De lo primero se hace eco la prensa local, una forma de saber el tiempo que hace. Se supone que la meteorología llega a los papeles del país porque estos calores no son normales. El titular se trenza rápidamente con el cambio climático, de esta forma adquiere una gravedad que bien justifica el espacio empleado. Pero esta conexión, como casi todas las que van de lo singular a lo general, no está lo suficientemente trabajada. El fin del razonamiento no es informar sino el efectismo.

Las olas de trabajo aquí son imprevisibles. El mundo está demasiado desordenado, y el final del curso es el final del curso. Contra las prisas es imposible luchar; una buena organización, un trabajo planificado tampoco lo consiguen, aunque su alternativa es el caos absoluto. La ventaja de este aprieto es que, aquí, el verano suele pasar desapercibido.

En un diario como este, de páginas acumuladas, no puedo dejar de hablar de la humedad de estos días. La importancia del tiempo viene de que acabamos somatizándolo. Los días de sol son alegres e invitan al optimismo, el cielo azul y la luz aportan tranquilidad y serenidad. La lluvia es pura nostalgia, un tiempo de espera en el que inevitablemente se recuerdan los días de sol (y se les espera). La niebla produce confusión y desasosiego, un velo que no puedes rasgar, tras el cual nadie sabe lo que sucederá. La perfecta ambientación para el misterio. El viento produce locura, se percibe por los oídos, por los ojos y por la piel, es la infección del tiempo. La nieve produce tranquilidad porque viene con silencio, nunca he aguantado tanto tiempo tras un cristal sin hacer otra cosa que ver, con mis propios ojos, como iba cubriendo la nieve. El granizo es una llamada de atención efímera, una excitación, precederá al fin del mundo. La humedad es la frustración, es el agente invisible que se pega a tu cuerpo y no te deja. El cuerpo se defiende sudando, es decir, con más humedad y esa cadena no tiene fin. Sales de la ducha y de golpe vuelves a estar empapado. Las sábanas al final del día te recordarán que no hay espacio que la humedad no haya ocupado. Da igual que haga frío o calor. La humedad es insana.

Estas dos circunstancias debidamente combinadas me han impedido aparecer, sé bien que la falta de frecuencia hace que nadie te espere. No obstante, como esto es una lucha contra mí, venzo mientras yo mismo me espere.

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Diario ficticio de Sonia Terán, segundo apellido desconocido. Pendrive recuperado entre trastos abandonados en una mudanza.

Calle del Prado Picón, núm. 2. 2 de marzo. Llevo días sin ponerme a escribir en el diario. Me he dedicado a colocar libros y ordenar papeles, muchos de los cuales no volveré a ver nunca jamás. A pesar de esta certeza me da tranquilidad saber que los tengo a mano. En el momento en que sería útil usarlos me digo a mí misma que es mejor partir del folio en blanco, para evitar la repetición. El caso es que me ha llevado mucho tiempo.

Mi vida social, de momento, se limita al gimnasio. En mi horario, en la bici de al lado está una chica joven que es médico, no habla apenas y lo que sé de ella es por un aspirante a bombero que no para de hablar. Nos interroga con poca sutileza, da la sensación de que las dos le podríamos interesar, tanto como sus marcas o el peso que levanta. El otro día creo que adelantó su salida para acompañarme, tras diez minutos me metí en un supermercado con el único objetivo de darle esquinazo. Será un buen bombero.

Para acabar con el jardín faltan dos o tres semanas y una de buen tiempo, según me ha dicho ayer el jardinero. El cenador lo instalarán la próxima semana, me alegro porque hay tardes en las que podré trabajar desde allí. Talar y retirar la palmera ha costado más trabajo del previsto. El jardinero se ha resistido desde el principio a ejecutar el encargo, le daba pena. Lo cierto es que la palmera estaba enferma y no pintaba nada en un jardín pequeño, supongo que en su momento sirvió como señal de riqueza. Me he quedado tranquila.