Cartas babianas (XCVIII)

Queridos veraneantes:

El verano, al otro lado de la cordillera, llega por días. E incluso en un mismo día puede haber dos estaciones. Ayer, durante la mañana, llovió con la pertinacia e invisibilidad que lo hace en el norte. El día estaba oscuro y a pesar de ello había gente en la calle, casi todos veraneantes –perdón por la obviedad–. En estos casos basta con un chubasquero sin capucha, soy partidario de melenas mojadas y pelo enredado. Pero para mí, los charcos son de momento un impedimento imposible de combatir. Ejercen sobre el pequeño una atracción irresistible, que siempre acaba de la misma forma. Nos retiramos los dos disgustados, él porque no pudo disfrutar de los charcos y yo porque no pude observar cómo se vive hoy bajo la lluvia.

La mañana no daba para más, salvo la interesante lectura de Alvin Roth de la que te hablaré cuando acabe. Antes, he de decirte que este verano he cerrado un listado de lecturas prudente y realista que consiste en ir acabando algunos de los libros empezados. También quiero repasar notas de los antiguos, sobre todo, para comprobar su utilidad. El verano sigue siendo el mejor momento para leer.

La tarde obedeciendo a la aplicación de la AEMET fue seca, pero nada calurosa. Así que nos montamos en la bici y dimos una vuelta de una hora y media entre carreteras estrechas escoltadas de maizales a medio crecer. De vez en cuando, se alza una casa señorial con una no menos imponente finca cerrada sobre sí misma por un alto muro. Estas casonas no solo se diferencian de las demás por su tamaño sino por sus piedras son de verdad, muros de sillería que han aguantado todo.

Leo sobre los cambios en la Casa Blanca y se apodera sobre mí una sensación de caos. Sigo siendo un gran partidario del orden, un antagonista de la improvisación. Me desasosiega pensar que el núcleo central del equipo presidencial no aguanta los vaivenes del presidente. La política es cosa de equipos, de personas que discuten primero y ejecutan después, lo que exige una confianza recíproca y crea solidez. Paro en un artículo de Político sobre la nueva asesora de comunicación Hope Hicks. Una joven de la estrecha confianza de la familia presidencial, que conoce bien a su patrón pero que no tiene el perfil para asesorarle, es decir, para contraargumentar, frenar, matizar… características básicas de un colaborador. Habrá que esperar, porque será ella quien deba definir sus funciones y su papel en la Administración Trump.

Hay un rasgo que me gusta mucho de ella: su discreción. Un colaborador debe estar en la sala de máquinas y pasar desapercibido. Es difícil porque este tipo de puestos suelen verse como un escaparate, que te lleven de asesor a asesorado.

Da gusto ver cómo los medios americanos escrutan a los asesores de los presidentes, senadores, congresistas, gobernadores, jueces federales &c. conscientes de su importancia. Aquí, apenas sabemos quienes están detrás del trabajo de nuestros políticos.

Habrá que seguir a «Hopester» que es como la llama POTUS quien a su vez le responde a «Mr. Trump».

Cuidénse.