Cartas babianas (XCIX)

Queridos veraneantes:

Las vacaciones, poco a poco, han dejado de ser un espacio estanco en el que solo sucedían las cosas que uno quería. Esas fronteras se van haciendo porosas y cada vez es más difícil reconocer los minutos en los que uno vive. El caso es aprovechar la paz que teóricamente trae el no tener que hacer nada. Babia siempre ha sido eso, salvo en contadas ocasiones, en las que nos recluíamos aquí a preparar los exámenes de junio. El silencio y la distancia ayudaban a la concentración, los resultados fueron buenos. Ahora el reto es compaginar las dos cosas y descansar al máximo.

En las protocolarias despedidas de verano todo el mundo habla de desconectar. Me parece imposible, aunque pueda funcionar como placebo. Varias semanas no pueden apartarte del trabajo, podrán servir para que descanses, pero las preocupaciones –con la misma intermitencia de siempre− siguen ahí, aguardando su turno. Ya no hay exámenes que pongan el contador a cero.

Estoy leyendo con mucha parsimonia un libro sobre cómo funcionó la Comisión Warren encargada de investigar el asesinato de Kennedy. Es conocida por su categórica conclusión de que no hubo conspiración y de que Oswald actuó solo, por su cuenta y riesgo. En realidad hay dos grandes versiones: la conspirativa de Jim Garrison –promocionada magistralmente por Oliver Stone− y la del asesino solitario de la Comisión Warren. Al margen del asunto del quién, el libro tiene interés porque cuenta los detalles del trabajo de la comisión, y hay algunos sorprendentes.

Silvia Durán era una mujer con la que Oswald se supone que mantuvo una relación en un viaje a México, meses antes del asesinato. Una enigmática figura que podría haber sido un enlace con el gobierno cubano y un cabo de la supuesta conspiración.

Coleman era un abogado negro y republicano de la Comisión, que se entrevistó en nombre de ella con el mismísimo Fidel Castro. La entrevista se celebró en 1964, en el yate del dictador cubano y a instancia suya para aclarar que no había tenido nada que ver en el asesinato. Lo insólito es que Coleman había conocido años antes a Fidel Castro antes de convertirse en Fidel Castro. Ambos frecuentaban tugurios de Harlem donde a partir de la una de la madrugada tocaban las estrellas del jazz, que venían de haber actuado en los mejores clubs de Manhattan. Años después, sobre la cubierta de un yate en alta mar, aquel barbudo le explicaba que a pesar de todo (incluido The Bay of Pigs), admiraba al presidente asesinado.

Estos días no están siendo del todo veraniegos. Las mañanas son frescas y desagradables, de lo último se encarga un inoportuno viento. El día no alcanza el calor esperado, aunque esta tarde se ha cerrado con un cielo espectacular. Las previsiones no son halagüeñas y se espera que el fresco acabe siendo frío. Mientras que no llueva el abrigo será suficiente.

Cuidénse.