Archive: agosto, 2017

Cartas babianas (CVII)

Queridos veraneantes:

Los debates públicos que han dejado tras de sí los atentados revelan que falta información sobre los detalles fácticos, tan importantes en una democracia. Han ocurrido en pocas horas muchas cosas que las autoridades deberían explicar con orden. Me refiero a los datos que no afectan a la información de inteligencia, que en buena lógica deben preservarse. Conviene aclarar cómo ha circulado la información o cómo no lo ha hecho y cuáles fueron las circunstancias por las que no se consideró la hipótesis terrorista en la explosión de una casa ocupada, llena de bombonas de butano.

La falta de estas explicaciones alienta toda clase de especulaciones estériles y partidistas. Además de generar relatos ficticios sobre las cosas que podrían haber sucedido, que siempre son mejores que las que han ocurrido.

Las autoridades no pueden alimentar ficciones. Cualquier persona normal sabe que se trata de un riesgo complejo difícil de prevenir. Sin embargo, estamos leyendo insinuaciones o relatos que se alejan completamente de los hechos.

Agosto, visto desde los primeros días de vuelta al trabajo, es un mes incorpóreo en el que se planifica batalla a batalla la guerra del curso. No me cansaré de repetir que, no solo para mí, los años empiezan en septiembre. Hablo de España y si me apuran de mi barrio, porque en el resto del mundo, a juzgar por la prensa, hay mucha más actividad.

A la somnolencia de la ciudad no ayudan nada estos días oscuros. En las salidas en bici vemos como el parque se va llenando poco a poco de personas solitarias. Pasean sin convicción a un perro; deambulan hasta el límite de sus fuerzas; leen en sitios raros; se sientan simplemente; o se tumban en la hierba como si estuvieran en otro lugar. Por no hablar de los que corren o salen disparados en bicicleta. Para cada uno de ellos podríamos inventar una historia. Debo confesar que muchas veces me sorprendo imaginando qué harán cuándo lleguen a casa, o por qué han decidido salir en este preciso instante, qué vidas tienen, en qué piensan cuando nos cruzamos la mirada, o qué historia estarán inventando para nosotros dos.

Los libros se encadenan y el último eslabón es un interesante ensayo sobre las diferentes visiones que se tienen del derecho. Una traducción del gran Puig Brutau –uno de los mejores juristas españoles– de Roscoe Pound ‘Las grandes tendencias del pensamiento jurídico’, otra extraordinaria aportación del derecho norteamericano, de la que daré cuenta.

No sé si de tantas lecturas desordenadas conseguiré mi propósito. En todo caso, ya he renunciado a cualquier plan, así que trabajaré a salto de lectura. Espero que cuando llegue al pequeño (no sé cuando podrá ser) sea algo más que un amasijo de ideas mal digeridas.

Cuídense.

Cartas babianas (CVI)

Queridos veraneantes:
El otro libro al que me refería en la última carta es ‘Los diez mejores jueces de la Historia norteamericana’ de Bernard Schwartz. Es una historia de héroes. Ya no se escribe este tipo de ensayos sobre las peripecias de personas extraordinarias. El mundo está hecho de gente corriente pero no solo. Las sociedades no deberíamos disimular a los hombres excepcionales que tanto nos han ayudado. Al fin y al cabo necesitamos modelos que nos inspiren. Este libro lo hace.

Estados Unidos es una bella construcción jurídica. Un país fundado por granjeros, que sus jueces (y clase jurídica) han contribuido a desarrollar removiendo las estructuras que dificultaban el progreso. Sus grandes debates sociales (armas, aborto, matrimonio homosexual, competencias de la Federación y los Estados &c.) se ventilan en su Tribunal Supremo, el mejor órgano jurisdiccional del mundo. Escribe Tocqueville: «El Tribunal Supremo está situado en un lugar más alto que el que ocupa cualquier otro tribunal conocido… La paz, la prosperidad y la existencia misma de la Unión están en las manos de los siete jueces federales».

El juez Marshall dispuso los cimientos constitucionales de la nueva Nación; y el Tribunal Supremo de Warren estableció los principios constitucionales del Estados Unidos moderno. Amplió el contenido material del Bill of Rights (un republicano como Jefferson insistió para que la Constitución fijara derechos individuales y otro republicano como Warren consolidó una interpretación amplia de los mismos). Y acabó definitivamente con la segregación, poniendo fin a la doctrina de ‘iguales pero separados’ fijada en la sentencia Plessy v. Ferguson (1896).

Pudo ser considerado como un giro radical, pero como certeramente sentencia Schwartz: «Los conceptos y principios que no hace mucho tiempo se nos presentaban como claramente radicales, son hoy reglas jurídicas ampliamente aceptadas».

Destacaré a alguno de nuestros héroes. Un juez que no llegó al Tribunal Supremo, pero que presidió el del Estado de Massachusettes, Lemuel Shaw elaboró una teoría sobre la intervención pública y sus límites en los asuntos de interés general. Dejó una sencilla definición de la potestad de policía en su sentencia (Commonwealth v. Alger): «el poder de policía, el poder delegado por la Constitución en el Congreso para establecer, hacer y promulgar todo tipo de leyes razonables…, que no repugnen a la Constitución, al estar dirigidas a la consecución del bien común».

Cardozo, el juez que sustituyó a Oliver W. Holmes, en un voto particular cuando formaba parte del Tribunal Supremo de Nueva York, en Graf v. Hope Bldg. Corp.(1930), afirmó con rotundidad que: «No tiene el carácter de principio firmemente establecido la regla de que la equity obliga a los que han constituido una hipoteca a ejecutarla, sin consideración de las posibles apelaciones ad misericordiam, por muy urgentes o dignas de respeto que sean estas llamadas a la caridad». Recordando que el derecho debe servir al hombre, y el jurista a su comunidad.

Quien debe rematar esta carta es mi admirado Oliver Wendell Holmes: «la verdad es la única forma en que los deseos pueden llevarse a cabo con seguridad». El derecho debe ser el método para hallar la verdad, y una vez declarada con todo esfuerzo y solemnidad, debe prevalecer salvo prueba en contrario. Lo cierto es que la verdad jurídica no vive sus mejores momentos. A pesar de una absolución limpia y clara, muchos inocentes morirán culpables, con independencia del debido procedimiento legal.

Perdón por la insistencia.

Cuídense.

Cartas babianas (CV)

Queridos veraneantes:

El terrorismo amenaza a la civilización. Pretende infundirnos miedo y distraernos para que nuestras vidas no sean como queremos. Planean acabar con nuestras rutinas y nuestras seguridades, para imponernos las suyas, que sabemos son irracionales y ontológicamente inferiores a nuestra forma de vida. Es una lucha desigual porque nuestra sociedad y nuestros ideales liberales-demócratas son superiores a los suyos. Por eso, a la larga, estamos ganándolos. Lo que no impide que tengamos que resistir, sufrir y padecer. Este es el motivo por el que digo a mi hijo que las leyes deben cumplirse, porque es la mejor forma que tendrá de protegerse frente a los salvajes. Y todos aquellos que las incumplen o animan a hacerlo lo son.

***

He deshuesado los dos libros que, con realismo, me había propuesto acabar de leer y releer estas vacaciones. De ambos ya he hablado en esta correspondencia.

‘Quién obtiene qué y por qué’ del premio Nobel de Economía Alvin E. Roth, sobre el diseño de mercados y regalo de mi gran amigo Juan. Por no hacer demasiado larga la carta, destacaré tres cosas.

Primero. La importancia de pensar no solo en un emparejamiento primario donde comprador y vendedor se vinculan a través del precio; sino contemplar la posibilidad de ciclos superiores de intercambio de los que puedan beneficiarse más personas. El ejemplo propuesto es muy gráfico: pensemos en un hijo que necesita un riñón, su padre está dispuesto a donárselo pero resulta que son incompatibles. Esta situación biológica frustraría el emparejamiento. Sin embargo, si el riñón del padre se destina a otra persona para la que sea compatible, el riñón que correspondería a esa tercera persona –por ejemplo, procedente de un donante muerto– podría pasar al hijo. De esta forma, una acción, la disposición del padre a donar un riñón a su hijo habría dado lugar a dos emparejamientos beneficiosos. Si este caso se escala, contemplando a todos los posibles donantes vivos y muertos con todas las personas necesitadas de un riñón las ventajas son claras.

Segundo. La utilidad del algoritmo de asignación diferida para evitar las decisiones estratégicas de los que acuden a un mercado. Se llama decisión estratégica a la decisión que depende de lo que van a hacer otros. En este caso, el ejemplo puede ser la asignación de colegio, a través de un algoritmo de asignación inmediata. Tal y como está diseñado este mercado, los colegios cubren sus plazas según los puntos que tienen los candidatos (renta, proximidad, hermanos en el colegio), tomando a todos aquellos que hayan puesto como primera elección ese colegio, cualquiera que sean los puntos que tengan. Es decir, tendrán preferencia los candidatos que hayan elegido el colegio como primera opción, frente a un posible candidato con más puntos que lo haya elegido como segunda opción. El efecto es que los padres no eligen el colegio que desean, sino que hacen una decisión estratégica y optan por el colegio en el que tendrán opciones reales de ser admitidos.

Si se establece un algoritmo de asignación diferida, los colegios no negarán la admisión de alumnos hasta que se ocupen todas sus plazas con los que tienen la prioridad más alta (más puntos). Es decir, los candidatos tienen tantas posibilidades de entrar en el que constituye su segunda opción como si lo hubiera listado en primer lugar.

Aunque parezca elemental, la pereza o desidia de algunas Administraciones educativas hace que no se use este sistema y se acuda a la asignación inmediata; en el erróneo entendido que eso produce emparejamientos más ventajosos.

Si se preguntara a los responsables políticos ellos se remitirían a que las reglas son claras y todo el mundo las conoce de antemano. En definitiva, a esos responsables no les importa, o quizá les convenga que parte del alumnado huya de su sistema educativo a centros privados o deje la ciudad o el distrito educativo.
Por suerte para los bostonianos, sus autoridades educativas corrigieron el antiguo sistema con la ayuda de Alvin Roth. Otros alumnos de otras partes sin embargo, tendrán que fastidiarse.

Tercero. Las subastas ascendentes de segundo precio más alto son un mecanismo que incentiva que cada postor otorgue el valor que cree que tiene el objeto subastado, evitando maniobras estratégicas. La ganancia del mejor postor es lo que el objeto vale para él, menos lo que tiene que pagar por él, siendo la ganancia del resto de postores cero.

La explicación es la siguiente:

Supongamos que el verdadero valor para ti del objeto por el que estás pujando es de 100 $. Si ofreces 100 $, o bien tu puja será la más alta, en cuyo caso recibirás el objeto y pagarás el monto de la segunda puja más alta, digamos 90 $, o bien otro postor ofrecerá más, en cuyo caso tú no pagarás nada ni obtendrás nada.
Si tu puja es la más alta, recibirás un objeto que para ti vale 100 a solo 90 $, de manera que obtendrás una ganancia de 10 $. Qué pasaría si ofrecieras 95 $ en lugar del verdadero valor que el objeto tiene para ti. Pagarías también 90 $ ya que esta es una subasta de segundo precio más alto, de modo que obtendrías la misma ganancia. Pero supongamos que ofreces menos, digamos 85 $. En este caso, no serás el postor más alto y obtendrás cero ganancias. Por tanto, si el verdadero valor para ti es más alto que las demás pujas, reducir la tuya por debajo de ese valor no te sirve de nada cuando continúas siendo el postor más alto; si bajas tanto tu puja que dejas de ser el ganador de la subasta, saldrás perjudicado, porque tu ganancia se reducirá a cero.

Me temo que se me ha hecho muy tarde, dedicaré otra carta al otro libro. Aunque las vacaciones se vayan acabando espero prolongar esta correspondencia.

Cuídense.

Cartas babianas (CIV)

Queridos veraneantes:

Fin de semana en Babia. La luz de la tarde esmalta el paisaje. Las cigüeñas han abandonado el pueblo, son la primera ausencia del verano. A media tarde, caminamos en una marcha solidaria hacia Villasecino, Babia está llena de paseos memorables, caminos que tupen la comarca comunicando uno a uno los pueblos, a espaldas de la carretera principal. La pena es que estos pasos van claudicando por el desuso, tal vez ya se hayan perdido muchos y los que quedan están en peligro de desaparecer. Ante este trance quizá deberían pavimentarse para evitar su enterramiento.

Nos tropezamos con un rebaño de mil doscientas ovejas, mientras pasábamos, el pastor retuvo a los ocho mastines que ladraban despiadadamente. Llegamos al mismo prado en el que vivimos tantas noches de fiesta. Pura nostalgia.

En el patio, los pequeños disfrutan de la libertad del aire libre y de poder hacer cosas que en unos días le estarán vedadas. Un regalo que te hacen sin darse cuenta.

Estas vacaciones he abandonado la actualidad, como si pudiera. Solo oigo los ecos que vienen de Washington en donde el Presidente hace esfuerzos por distraernos a todos con la extravagancia de pronunciarse a través de tweets. A distancia, da la impresión de que nadie sabe a ciencia cierta con que apoyos cuenta, ni siquiera él que marca las distancias con cualquier auditorio, pensando en que pesca un poco de todos los bancos de votantes.

Me gustaría escribir de lo que leo, pero la verdad es que el tiempo se me escapa sin que pueda leer lo programado. Confío en que esta última semana de vacaciones pueda contarles algo más, pero será poco y la lista se seguirá acumulando sin remedio.

Cuídense.

Cartas babianas (CIII)

Queridos veraneantes:

Hoy el sol desborda el valle y a las ocho había tanta luz como si fuera mediodía. A veces, el verano es verano. De fondo unos episodios de Pocoyo y para hacer tiempo releo un librito del gran Bernard Schwartz sobre los diez mejores jueces de la Historia norteamericana. Una prueba más de la importancia que en una sociedad democrática y de derecho tienen los buenos jueces. También se ve con claridad cómo los jueces contribuyen al desarrollo social, o visto de otra forma, el carácter instrumental del derecho. Puede parecer obvio, pero en ocasiones el derecho es tratado como una doctrina inmutable y exenta, ¡«extra omnes»! El derecho americano está tejido, en gran parte, por las resoluciones de su Tribunal Supremo, que pone la teoría a la altura de la realidad. Al igual que las leyes físicas permiten construir aviones u otros ingenios al servicio de los hombres, las teorías jurídicas deben permitirnos mejorar, sin embargo, en no pocas ocasiones son un elemento retardatario.

Ozark es una ciudad de Missouri, el Estado del presidente Truman –quien nunca pensó que llegaría a ser presidente–, y sirve de escenario a una serie interesante. Sin destriparla, trata de las consecuencias de blanquear dinero para un cártel de drogas. La línea invisible entre el delincuente de cuello blanco o de ordenador y la delincuencia sangrienta. A pesar de que la empresa es la misma es indiscutible que se mueven en dos planos diferentes, con el riesgo de que ambos se confundan y se salden de la misma forma. Si eso ocurre se produce una vertiginosa fuga que se convierte en una forma de vida que arrastra a los personajes a hacer cosas inesperadas e impropias de una acomodada familia. Ya no huyen de la cárcel, que también, sino del asesinato como pena y fin. A medida de que uno se aleja de las ciudades (de la civilización) da con espacios propicios para la huída en la que contradictoriamente los «prófugos» nunca podrán pasar desapercibidos.

A mitad de la noche he despertado por los picotazos de un mosquito que actuaba con alevosía y ensañamiento. Es un picor nervioso, que solo se alivia con el paso del tiempo. Es inevitable rascarse hasta la herida, lo que seguramente provocará que el veneno entre con más facilidad en el torrente sanguíneo y el dolor se agudice. El frío del agua lo aplaca, pero vuelve con la misma intensidad una vez que se abandona esa terapia de urgencia. El invento para su aniquilamiento no funcionaba, el insecto se pavoneaba de su victoria. La guerra química será inevitable.

Cuídense.

Cartas babianas (CII)

Queridos veraneantes:

Las cartas no tienen el ritmo que me gustaría, pero cuando tengo tiempo para escribir me duermo. No hay nada mejor que acabar el día cansado. A pesar de que el tiempo está revuelto nos ha respetado: llueve al oscurecer y por la noche; durante el día las nubes esperan amenazantes su momento y a veces por la tarde escampa. Hoy parece que habrá sol desde el principio, aunque no tiene pinta de que haga mucho calor, de momento, no es agosto para playas.

La rutina incluye veinte kilómetros de bici en los que disfrutamos de una de nuestras conversaciones silábicas y onomatopéyicas. Hasta que advierten la presencia del pequeño, la gente me mira sorprendida y con un punto de indulgencia como perdonando la inofensiva enajenación del ciclista. Hacemos un circuito en el que evitamos el peligro de los coches, por unas carreteras que la vegetación va ocupando pausadamente, sin que parezca que nadie quiera evitar que se cierren definitiva e irreversiblemente. Ahora la prioridad la tienen los caminos de fibra o las señales electromagnéticas, pero de momento, no sirven para el tránsito físico de las personas, al menos, hasta que nuestros torsos no puedan dilacerarse, como diría el poeta.

No estamos en Babia, pero solo estamos a la distancia de un fonema. Prueba de que Babia es una red universal en la que uno siempre tiene la seguridad de caer. La vida adulta acorta los veranos, en los que también había espacio para el aburrimiento. Ahora, siempre quedan muchas cosas por hacer y libros por leer.

En todo caso hay que disfrutar tranquilamente de que el verano paralice todo, o mejor, ralentice todo. Ayer en una tienda de bicis y motos –como si pudieran juntarse sin violencia estas máquinas– un comprador preguntaba si su moto gris le podría ser entregada pronto. La chica del mostrador le explicaba que son meses muy malos, porque hay una distracción generalizada y ocurre que el encargado de los asuntos urgentes siempre es el que está de vacaciones, salvo ella, claro. El comprador le respondía, con el disfraz de una amable ingenuidad, que si se la daban en octubre, ya no serviría de nada, al fin y al cabo las motos son para el verano. Escuchaba su razonamiento y me convencía de que la moto en el invierno desaparecería, como se esfuman los pantalones cortos y los días interminables. Nuestra satisfacción está íntimamente ligada a la inmediatez.

Ahora mismo, parece que el cielo está dispuesto a negar el primer párrafo, pero aunque sea para confundirlo lo dejaré tal cual.

Si tuviera que definir el carisma emplearía este video. The Boss improvisando una canción de Chuck Berry. Al final, se van incorporando todos los músicos como si la canción formara parte del concierto. Con una espectacular sección de viento que sigue a un trepidante piano que convierte en clásica la melodía. La voz de Spingsteen recuerda que la canción tiene letra. La música es capaz de lanzarnos colectivamente y, en este caso, de ser un ejemplo de liderazgo.

Escuchen, disfruten y cuídense.

Cartas babianas (CI)

Queridos veraneantes:

Esta es una casa campamento, a la que día a día se van sumando efectivos, mientras escribo esto espero. La diferencia es que un campamento es orden y diversión, aquí prima lo segundo sobre lo primero.

Venezuela es el último ejemplo en el que una democracia muda en dictadura. Lo estamos viendo a golpe de tweet, resulta inevitable sentir impotencia. La distancia física no nos hace inmunes, las grandes catástrofes políticas se fabrican con lentitud, como un gran huracán necesita su tiempo en alta mar antes de desatar el infierno en la tierra. No estamos a salvo, tenemos que estar vigilantes y no sucumbir a los discursos fáciles llenos de «gente», «pueblo», «los nuestros», «los buenos», «los malos»… A todas las democracias siempre le acecha la amenaza de la tiranía, aunque se disfrace de la solución sencilla a los complejos problemas. No hay nada más primitivo que matar, encarcelar o callar al discrepante, nuestras Historias están llenas de ejemplos. Lo que debería acabar es cualquier mediación hasta que los orates no se detengan.

El día se recompuso con elegancia. A la sombra estaba fresco pero el sol hacía razonablemente su trabajo. En el paseo diario agotamos un camino que nos depositó en la misma puerta del cementerio de un pueblo cercano. Unos metros antes, las ruinas de una iglesia rendida al tiempo. En las desgastadas carreteras asoman los rastros de hierro mientras que el alquitrán se derrite por momentos.
En el supermercado una amable pelirroja me ha preguntado: «¿no tenéis una sección bio?», cuando advirtió el error se disculpó mil veces y se alejó por el pasillo en busca de la sección bio. Perderse en un supermercado es lo más normal del mundo, como tampoco hay mucho personal, es lógico que la pelirroja preguntara al primero que tuvo a tiro. En estos casos, los compradores deberíamos rastrear en manada, sin embargo impera el «sálvese quien pueda».
Dunkerque es una película interesante. Describe la angustia de las pequeñas historias de cientos miles de soldados sin destino. Sin embargo no se oyen tambores apocalípticos ni diálogos solemnes. La acción basta para contar como el instinto de supervivencia nos sostiene en los peores momentos. Todo parece empeorar por momentos cuando la muerte llama a la muerte. El final conocido no perturba la narración, la película no da con él sin más, sino que previamente ha dejado que la guerra se desenvuelva. Las historias de héroes deben escribirse siempre desde el barro; quien vaya al cine debe saber que saldrá embarrado. La vida es precisamente eso, lo demás son fabulaciones que nos protegen de la más extrema lucidez.
Cuídense.

Cartas babianas (C)

Queridos veraneantes:

Esta es la carta número cien. Esta correspondencia comenzó el 19 de julio de 2009 en este mismo lugar. Han pasado ocho años, ocho veranos. Podría escribir que parece que fue ayer, y que el tiempo pasa muy rápido. Estas cartas atestiguan que el tiempo simplemente pasa, ni rápido ni lento. En esta materia, la única sensación que tengo es que el mundo está cambiando muy deprisa, con independencia del ritmo con el que avanzan nuestras vidas.

En este tiempo, la principal novedad ha sido el pequeño, lo más parecido que me pasará a descubrir un nuevo mundo. Lo sabes muy bien, porque los anhelos se desplazan y sin darte cuenta, comienzas a confiar decididamente en un porvenir que ya no será el mío.

A los que me conocen –todos los lectores lo hacen− no les extraña que esta correspondencia haya durado tantos años. Solo ha sido posible por causa (culpa) de mi carácter, así que el mérito lo tienen quienes me han leído, cualquiera que haya sido el motivo. Salvo causa de extrema gravedad esta correspondencia durará. Se ha apoderado del blog, que sigue siendo la forma en la que lucho contra mí mismo.
La mañana en León ha sido muy agradable, un paseo por el centro deseando que llegara el momento en que nuestros cuatro ojos se detuvieran en la punta de nuestros zapatos y poco a poco se alzaran revelando la imponente fachada de la catedral. Estremecidos tuvimos que sentarnos y hablar de cosas corrientes, para quitarnos el peso de la historia.

En la comida disfrutamos de uno de los mejores conversadores que conozco, capaz de atraer mi atención a cualquier aspecto por muy remoto que esté de mi centro de intereses. Nos pusimos ante el Locus Apellationis y no pude dejar de pensar en el bien que siempre ha hecho el Derecho a la Justicia.
Por la tarde, debidamente abrigados, en formación de tres generaciones, dimos el paseo de rigor y aprendimos que cuando en el sureste hay nubes hace frío pero no llueve, sobre todo, si la niebla empapa a Peña Ubiña. Los observadores nos han precisado que estos signos indican que inequívocamente en uno o dos días llegará el buen tiempo.
Sigo siendo un simple veraneante, y el verano sigue siendo una isla.
Cuídense.