Cartas babianas (C)

Queridos veraneantes:

Esta es la carta número cien. Esta correspondencia comenzó el 19 de julio de 2009 en este mismo lugar. Han pasado ocho años, ocho veranos. Podría escribir que parece que fue ayer, y que el tiempo pasa muy rápido. Estas cartas atestiguan que el tiempo simplemente pasa, ni rápido ni lento. En esta materia, la única sensación que tengo es que el mundo está cambiando muy deprisa, con independencia del ritmo con el que avanzan nuestras vidas.

En este tiempo, la principal novedad ha sido el pequeño, lo más parecido que me pasará a descubrir un nuevo mundo. Lo sabes muy bien, porque los anhelos se desplazan y sin darte cuenta, comienzas a confiar decididamente en un porvenir que ya no será el mío.

A los que me conocen –todos los lectores lo hacen− no les extraña que esta correspondencia haya durado tantos años. Solo ha sido posible por causa (culpa) de mi carácter, así que el mérito lo tienen quienes me han leído, cualquiera que haya sido el motivo. Salvo causa de extrema gravedad esta correspondencia durará. Se ha apoderado del blog, que sigue siendo la forma en la que lucho contra mí mismo.
La mañana en León ha sido muy agradable, un paseo por el centro deseando que llegara el momento en que nuestros cuatro ojos se detuvieran en la punta de nuestros zapatos y poco a poco se alzaran revelando la imponente fachada de la catedral. Estremecidos tuvimos que sentarnos y hablar de cosas corrientes, para quitarnos el peso de la historia.

En la comida disfrutamos de uno de los mejores conversadores que conozco, capaz de atraer mi atención a cualquier aspecto por muy remoto que esté de mi centro de intereses. Nos pusimos ante el Locus Apellationis y no pude dejar de pensar en el bien que siempre ha hecho el Derecho a la Justicia.
Por la tarde, debidamente abrigados, en formación de tres generaciones, dimos el paseo de rigor y aprendimos que cuando en el sureste hay nubes hace frío pero no llueve, sobre todo, si la niebla empapa a Peña Ubiña. Los observadores nos han precisado que estos signos indican que inequívocamente en uno o dos días llegará el buen tiempo.
Sigo siendo un simple veraneante, y el verano sigue siendo una isla.
Cuídense.