Cartas babianas (CIV)

Queridos veraneantes:

Fin de semana en Babia. La luz de la tarde esmalta el paisaje. Las cigüeñas han abandonado el pueblo, son la primera ausencia del verano. A media tarde, caminamos en una marcha solidaria hacia Villasecino, Babia está llena de paseos memorables, caminos que tupen la comarca comunicando uno a uno los pueblos, a espaldas de la carretera principal. La pena es que estos pasos van claudicando por el desuso, tal vez ya se hayan perdido muchos y los que quedan están en peligro de desaparecer. Ante este trance quizá deberían pavimentarse para evitar su enterramiento.

Nos tropezamos con un rebaño de mil doscientas ovejas, mientras pasábamos, el pastor retuvo a los ocho mastines que ladraban despiadadamente. Llegamos al mismo prado en el que vivimos tantas noches de fiesta. Pura nostalgia.

En el patio, los pequeños disfrutan de la libertad del aire libre y de poder hacer cosas que en unos días le estarán vedadas. Un regalo que te hacen sin darse cuenta.

Estas vacaciones he abandonado la actualidad, como si pudiera. Solo oigo los ecos que vienen de Washington en donde el Presidente hace esfuerzos por distraernos a todos con la extravagancia de pronunciarse a través de tweets. A distancia, da la impresión de que nadie sabe a ciencia cierta con que apoyos cuenta, ni siquiera él que marca las distancias con cualquier auditorio, pensando en que pesca un poco de todos los bancos de votantes.

Me gustaría escribir de lo que leo, pero la verdad es que el tiempo se me escapa sin que pueda leer lo programado. Confío en que esta última semana de vacaciones pueda contarles algo más, pero será poco y la lista se seguirá acumulando sin remedio.

Cuídense.