Cartas babianas (CVII)

Queridos veraneantes:

Los debates públicos que han dejado tras de sí los atentados revelan que falta información sobre los detalles fácticos, tan importantes en una democracia. Han ocurrido en pocas horas muchas cosas que las autoridades deberían explicar con orden. Me refiero a los datos que no afectan a la información de inteligencia, que en buena lógica deben preservarse. Conviene aclarar cómo ha circulado la información o cómo no lo ha hecho y cuáles fueron las circunstancias por las que no se consideró la hipótesis terrorista en la explosión de una casa ocupada, llena de bombonas de butano.

La falta de estas explicaciones alienta toda clase de especulaciones estériles y partidistas. Además de generar relatos ficticios sobre las cosas que podrían haber sucedido, que siempre son mejores que las que han ocurrido.

Las autoridades no pueden alimentar ficciones. Cualquier persona normal sabe que se trata de un riesgo complejo difícil de prevenir. Sin embargo, estamos leyendo insinuaciones o relatos que se alejan completamente de los hechos.

Agosto, visto desde los primeros días de vuelta al trabajo, es un mes incorpóreo en el que se planifica batalla a batalla la guerra del curso. No me cansaré de repetir que, no solo para mí, los años empiezan en septiembre. Hablo de España y si me apuran de mi barrio, porque en el resto del mundo, a juzgar por la prensa, hay mucha más actividad.

A la somnolencia de la ciudad no ayudan nada estos días oscuros. En las salidas en bici vemos como el parque se va llenando poco a poco de personas solitarias. Pasean sin convicción a un perro; deambulan hasta el límite de sus fuerzas; leen en sitios raros; se sientan simplemente; o se tumban en la hierba como si estuvieran en otro lugar. Por no hablar de los que corren o salen disparados en bicicleta. Para cada uno de ellos podríamos inventar una historia. Debo confesar que muchas veces me sorprendo imaginando qué harán cuándo lleguen a casa, o por qué han decidido salir en este preciso instante, qué vidas tienen, en qué piensan cuando nos cruzamos la mirada, o qué historia estarán inventando para nosotros dos.

Los libros se encadenan y el último eslabón es un interesante ensayo sobre las diferentes visiones que se tienen del derecho. Una traducción del gran Puig Brutau –uno de los mejores juristas españoles– de Roscoe Pound ‘Las grandes tendencias del pensamiento jurídico’, otra extraordinaria aportación del derecho norteamericano, de la que daré cuenta.

No sé si de tantas lecturas desordenadas conseguiré mi propósito. En todo caso, ya he renunciado a cualquier plan, así que trabajaré a salto de lectura. Espero que cuando llegue al pequeño (no sé cuando podrá ser) sea algo más que un amasijo de ideas mal digeridas.

Cuídense.