Cartas babianas (CVIII)

Queridos veraneantes:

La sequía ha dejado al desnudo el rastro del pueblo. Los restos de las paredes de los pastizales, el dibujo de los caminos y la huella de las entradas a las propiedades. El agua ha conservado algún resto de los puentes, aunque el río residual no siga el mismo cauce. Se desvelan los cuadros de las casas, incluso se conservan algunas de sus paredes. La sequía convierte a los pantanos en radiografías, en las que podemos ver las interioridades del pueblo muerto. Conocí a un señor al que la nostalgia nunca más le dejó vivir sin asomarse a diario al borde del pantano y recordar lo que fue y quien fue. Era un hombre huraño al que los niños temíamos sin motivo. Al conocer su secreto, dejé de tenerle miedo. Simplemente era un hombre solo que se había quedado sin pueblo.

Hace apenas unas horas ha caído una tormenta de verano que no pondrá remedio a la sequía.

Aquí es raro hablar de sequía. La negación de un acontecimiento porque las posibilidades de que ocurra sean remotas no es una buena base para una estrategia.

Ha seguido lloviendo. El verano todavía no se retira, aquí suele resistir el mes de septiembre, aunque contra la brevedad de los días y el comienzo de las rutinas ya no se pueda luchar.

Me alegra leer este largo artículo de Oliver Burkeman, en The Guardian, sobre los Nuevos Optimistas, en el que a partir de datos y hechos se acredita (e insiste) que el mundo cada vez es mejor. Rotundamente. Esta verdad choca con nuestros sesgos cognitivos y con las situaciones individuales. Los dramas particulares no dejan de ser dramas. Está claro que ya no hay tantas hambrunas y que en China cada vez más personas gozan de las ventajas de estar en la clase media. Sin embargo, prestamos más atención a las noticias negativas hasta el punto de apartarnos de la realidad.

¿El Nuevo Optimismo es una visión ideológica para defender las democracias liberales de libre mercado? Parece más bien que es la constatación fáctica de que ha sido el sistema político más exitoso de la historia en términos de prosperidad y distribución de la renta. Los populismos han sido la reacción, simplemente han limitado el espacio de observación, no importa el progreso global sino la situación local. Con este enfoque capitalizan políticamente las frustraciones, imaginando un mundo camino del precipicio.

Lo mejor del Nuevo Optimismo es que nos proporciona argumentos para seguir mejorando. No se trata de una esperanza metafísica sino de la posibilidad efectiva de que con nuestro esfuerzo, nuestras comunidades progresen, como lo hace, agregadamente, el mundo en los últimos tiempos. La visión contraria acabará por hacer que nos rindamos.

Nuestras sociedades son demasiado complejas para las soluciones pesimistas. El populismo es la última manifestación del irracionalismo. Los datos y los hechos, la verdad, es lo único que puede librarnos de esta nueva caverna.