Cartas babianas (CXI)

Queridos veraneantes:

Ya va siendo hora de cerrar esta correspondencia. Solo me quedaban en el tintero dos cartas, y las dos tienen que ver con Cataluña. La primera con su situación política, más bien habría que decir jurídico-constitucional, y la segunda con un catalán insigne, pero tiempo al tiempo.

Había empezado a escribir esta carta hace casi un mes, justo después del 1-O. Los acontecimientos han parado hasta esta hora, en la que el mundo descubre qué era la independencia prometida. Nada. Según parece en las comisarías se ha empezado a retirar el retrato de Puigdemont, convertido en un señor de Girona por obra tanto de la Constitución como de sus propias capacidades. Cataluña se ha despertado el sábado como se durmió el viernes, como una Comunidad Autónoma. El derecho, y se bien lo que me digo, es muy prosaico, incluso en las horas más graves. El artículo 155 se ha aplicado y, de momento, sin mayor resistencia. Salvo la del discurso del señor de Girona que, por recomendación de su abogado, no da un ¡viva! ni a la República de Argentina.

En la misma solemne sesión en la que el Parlamento de Cataluña votaba la tan ansiada independencia, ya se estaba acatando la fuerza del artículo 155. El Estado español (de Derecho) penetraba hasta el tuétano de los diputados autonómicos, que decidieron votar en secreto por miedo a la legalidad y fuerza del Estado del que se separaban.

Los independentistas no nos han hablado en serio ni el mismísimo día en que, por fin, dejaban de serlo. Han mentido a sus fervientes feligreses. Los mismos que en las primeras horas sacaron de sus bolsillos los DNI para quemarlos; menos mal que en el paquete de promesas no se incluía la de una nueva moneda, porque habrían hecho los mismo con los billetes de cincuenta euros, y a diferencia del DNI ya no los podrían recuperar a cambio de una pequeña multa.

Mucha gente, apisonada por la propaganda, les ha creído y hoy, al salir a la calle se dan cuenta de que el jefe de los Mossos es el Ministro del Interior y de que siguen en España como si el viernes no hubiera ocurrido nada.

Pero la verdad es que han ocurrido cosas muy serias. Han violado la Constitución y el Estatuto de Autonomía, de forma fría y premeditada. Esas normas son la que convierten a los hombres en ciudadanos, sujetos de derechos inalienables: a la vida, a la integridad física, a la educación… Y quien hace esto, debemos entender que está dispuesto a hacer cualquier cosa.
A estas horas, todo apunta a que a las elecciones autonómicas de diciembre se presentarán los independentistas. La última y definitiva prueba de que el viernes no querían declarar nada. La confirmación de que se someten a la Constitución, como cualquier otro ciudadano de este país.
Las bases independentistas están conociendo cómo realmente son sus cuadros. Tampoco se libran de la mediocridad de esta época.
Cuídense.