Cartas babianas (CXII)

Queridos veraneantes:

Antes de comenzar con las tareas del día debo cerrar esta correspondencia. Alargada por tener un plan preconcebido sin tiempo (u organización) para desarrollarlo.

En la construcción del regalo para el pequeño ha aparecido, como si me estuviera esperando, José Puig Brutau. Mejor, ha reaparecido. Mis apuntes de civil de segundo (teoría del negocio jurídico: contratos y obligaciones), seguían fielmente a Castán pero en las numerosas encrucijadas aparecen siempre las luminosas ideas de Puig Brutau. Me seducía la idea de ver las cosas desde un enfoque distinto, en cierto modo heterodoxo en un terreno en el que la ortodoxia es inevitable. Mucho tiempo después volví a tenerlo presente por un elogio que el maestro Alejandro Nieto, el mejor jurista vivo, hizo de él. Entonces, acuciado por no recuerdo qué trabajos, pensé en leerlo, pero la obra quedó aplazada.

Sin embargo al caer en mis manos ‘Las grandes tendencias del pensamiento jurídico’ de Roscoe Pound, reparé que la traducción limpia y estudiada era de Puig Brutau. Ya no pude aplazar más el encuentro y con veinte años de retraso he empezado a leerle, y será para siempre. Pocas lecturas jurídicas me hacen disfrutar tanto.

Puig Brutau es un civilista, ‘Fundamentos de Derecho Civil’ es el libro por el que volvería a estudiar (y por el que estoy estudiando) la materia. Un manual exacto y claro, a la altura de la Historia del Derecho de Tomás y Valiente o del Sistema de Fuentes de Ignacio de Otto. Grandes obras que cumplen lealmente con el lector, la misión de enseñarle.

Como ejemplo un párrafo, así abre el estudio de la posesión (uno de los conceptos más interesantes del Derecho):

Dice Pound que cuando se examina desde un punto de vista analítico la posibilidad que tiene un sujeto de dominar los objetos corporales, cabe distinguir tres diferentes grados o fases de manifestación de su poder. En la primera fase existe una mera situación de hecho manifestadas por la tenencia o dominación física de la cosa, sin consideración a ningún otro elemento. Semejante dominación física de un objeto puede proporcionar una ventaja, pero esta depende, en un principio, de la propia fuerza del sujeto que posee o de la ascendencia que su personalidad ejerza sobre los demás. Cuando se convierte en una ventaja jurídica, no aparece como resultado del reconocimiento de un propio fenómeno posesorio, sino de que es una consecuencia de la protección que el Derecho dispensa a la personalidad. No se trata propiamente de proteger la relación que exista entre el sujeto y la cosa poseída, sino que la protección se dispensa al sujeto de derecho como tal, con la consecuencia de quedar protegido cuanto tiene bajo su dominación.

Cualquiera que lea esto ya no podrá parar.

Además, por si fuera poco, ha escrito un pequeño libro que es el mejor resumen histórico del concepto constitucional de Estado, centrado en la creación de los Estados Unidos de América. El título del libro no tiene nada que ver con su contenido: ‘Los políticos y el conocimiento de la Historia’; pero solo en apariencia. A la luz de sus conclusiones, vuelve a ser un libro necesario y actual: «Como alguna vez se ha dicho, la federación sirve para unir entidades separadas, pero se presta mal para separar las que forman un Estado unitario». Con razón el propio Puig Brutau acaba con la referencia a André Gide quien decía que todo ha sido dicho, pero como nadie prestaba atención, todo ha de volverse a decir.

Puig Brutau, abogado, fue uno de los grandes juristas. Merece que se le publiquen sus obras completas, y que se estudie en las facultades de Derecho. Murió en 2003 y según las necrológicas (El País y ABC) sus últimos días no fueron nada cómodos:

Puig Brutau, uno de los más importantes juristas catalanes del siglo XX, no tuvo tampoco el apoyo de las instituciones de su tierra, de modo que ha muerto pobre, caso posiblemente único entre los grandes especialistas en derecho privado.

Parece mentira que ese siga siendo el típico final de los héroes españoles.

Sabes de sobra que esta correspondencia no se acaba aquí, aunque lo haga la serie de este año. Sigues presente en cada instante, y como ya te he escrito, encarnado en la mirada y genio del pequeño. La soledad construye el mundo.

Cuídense.