Archivo de la categoría ‘Andanzas’

Cartas babianas (y XXV)

Domingo, 15 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Mis vacaciones han concluido. Lo de Cicely ya es oficial, y debo incorporarme. Este verano ha sido raro, no ha servido para muchas cosas, ni siquiera ha cumplido la misión que le corresponde. Es justo abandonarlo en este momento, y empezar con nuevos bríos. En cierto modo, el frío de montaña ya me ha expulsado. La reclusión nunca es buena.

También acaba por este año la serie. Escribir a la vista del verano me ha resultado muy útil. He conseguido fugarme y establecer un relato plausible, incluso para mí. No tengo queja. He sabido por confesión de alguno de mis distinguidos lectores que prefieren detenerse en estas impresiones, más que en mis especulaciones baldías. Lo cierto es que la derrota de Ius et Libertas se aleja de la circunspección teórica, y no sé por qué. Para leer cualquier blog hay que acumular importantes dosis de paciencia, se lo agradezco. No conozco a todos aquellos que visitan esta página, no obstante la deuda contraída sólo puedo enjugarla con la disposición a orientar lo aquí escrito a sus preferencias, si consideran adecuado manifestarlas.

El comentario no es fácil. La máquina da cuenta de números, de minutos y segundos, de lugares, palabras clave, buscadores; y el autor se imagina a lectores inverosímiles. Algunos acceden anhelando encontrar algo que sólo tiene un parecido gráfico con lo que encuentran. Otros sienten curiosidad por lo que se dice, un mínimo interés por ver el desenvolvimiento del continuará, aun sin conocer ni tener nada que ver con el autor, le acompañan en sus episodios, leen dos líneas y deciden si acaban la entrada o se van. Finalmente, los conocidos que esperan ver escrito lo que no se dice. Siempre es así, encuentran el bosquejo de una idea de la que nunca me oirán hablar.

Con todos, acabo este verano.  Habiendo compartido un destino que sin ellos hubiera sido peor. Con la conclusión ácida y pesada de que el verano no es propiamente una estación, sino una edad, un tiempo y unos pasajeros determinados. En su ausencia es otra cosa, posiblemente una carta.

Cuídense.

Cartas babianas (XXIV)

Viernes, 13 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

La temperatura ha bajado, pero sigue haciendo sol. Las visitas se suceden y con ellas toda clase de conversaciones. La casa se convierte en una cantina en la que la gente habla con el aplomo de un ser que está de paso. Mi hermana cumplía años y lo celebramos ateniéndonos al guión, calibrando el eneatipo de cada cual, es lo que tiene ser psicóloga.

Lavarse las manos aquí tiene su dificultad. El jabón no es fácil de aclarar y se pega a la piel. Pese a haber alargado la exposición al agua, se deja finalmente la faena temiendo no haberla cumplido del todo. No hay muchos calvos, lo que podría atribuirse a las facultades del agua.  El aire y el agua son elementos constitutivos de una determinada población. En este caso el aire es seco y el agua dura. Extraigan sus propias conclusiones.

Cuídense.

Cartas babianas (XXIII)

Miércoles, 11 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

El paseo de la tarde ha servido para desentumecer. Se presagia que el tiempo está de cambio. No importa, han sido doce días estupendos. En los que por la rareza de este verano no he hecho nada realmente. Escribir nada es detestable, pero las cosas son así.

El viernes cocinaré cordero para la comida del sábado. Un almuerzo para no olvidar que los inviernos existen. Cordero guisado. La correlación entre comer bien y cocinar es evidente. No obstante, la especialización ha separado a ambos individuos, el buen comedor no tiene que cocinar, como tampoco el cocinero que comer bien. Este último supuesto es el más interesante, porque en este caso el cocinero debe adivinar los gustos de los comensales. Las preferencias están arraigadas en la experiencia vital, es decir, forman parte de la cultura. Somos lo que comemos. Por eso no encuentro extraño el buen prestigio que gastan ahora los cocineros. Sobre todo cuando los nuestros alimentan al mundo superando el obstáculo de la cocina de mamá. La aceptación universal no es frecuente, por ejemplo hay escritores muy buenos que son apenas leídos en el extranjero. Ni fácil.

En la minúscula escala en la que yo cocino, el sabor del cordero es de la tierra. Si es tan bueno como prometió el carnicero, lo fundamental es hacer que su sabor sea el predominante. El guiso sólo puede ser un acompañamiento y la garantía de que la carne no seque. La guarnición de patatas restará severidad al almuerzo, permitiendo que el último cocinero sea el comensal. La ensalada se dispondrá al principio pero no se retirará. En cuanto al vino, sin perjuicio de que haya tinto, y desafiando a la ortodoxia será un blanco de Rueda frío. Buen provecho.

Cuídense.

Cartas babianas (XXII)

Martes, 10 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Debo comenzar confesando mis pecados, en la entrada anterior había cometido un error ortográfico enmendado (raya), tan importante como para disculparme, y extender de antemano la petición de perdón a los que en el futuro (o incluso en el pasado) vaya o haya podido cometer. La adecuada comunicación exige dar importancia a la ortografía, tanta como a la buena dicción, o si me permiten a un regular y buen cepillado de dientes. En esta faena los programas informáticos suelen prestar buen servicio, pero a veces se cuelan o incluso te impiden directamente escribir como a uno le complace. Tradicionalmente se dice que un buen lector no comete faltas de ortografía. No sé si yo puedo serlo, pero sí sé que he desgastado mis ojos leyendo y en cambio incurro en falta (mea culpa). La relectura y la consulta en caso de dudas es la mejor solución. No se puede escribir bien sin paliativos.

La Administración ha ocupado una parte sustancial de la conversación de hoy. Me parecería útil que se escribiera un pequeño opúsculo —que rehuyera de toda erudición y sutileza técnica— titulado: ¿Qué es la Administración? Un manual de instrucciones para que cualquier lego pudiera hacerse una ligera idea. Sería necesariamente descriptivo, tendría que eludir el prurito regulador (lo que debería ser) que tienta a todo autor. Habría de empezar por la superficie, y dando por supuesto un concepto previo tan enjundioso como el de Estado. Descendería en pocas páginas hasta las tripas para narrar las cosas que hace y que maliciosamente muchos tratan de velar. Finalmente debería retratarse al empleado público manos a la obra. Un informe general que permitiría trazar con mayor claridad las reformas, y definir su papel en nuestro mundo.

La luz de la tarde, tardes cada vez más cortas, dejaba en gris la cara sur del Macizo de Ubiña, reteniendo las nubes que se agolpaban en el cielo de Asturias. Podría ser perfectamente el cartón piedra de un decorado de película de los sesenta, en la que los personajes fingen con pasmosa naturalidad estar al aire libre. A medida que el sol se retira la presencia en el patio exige ligero abrigo. Al verano le queda como mucho una semana, pero tiene pinta de amainar levemente, de abandonarse, sin prisa, a los industriosos brazos de septiembre.

«Es una desgracia del Derecho que las ideas resultan enquistadas en frases y a partir de entonces dejan de ser analizadas durante un largo periodo de tiempo.» (O.W. Holmes)

El peor enemigo del Derecho es el dogmatismo puro, la teoría imposible de aplicar, el movimiento lento y pesado de una máquina de razonar anacrónica.  Añado esto al hilo de lo escrito por el Juez Holmes, porque doy vueltas estos días a la típica discusión jurídica en la que hay que emplear mucho tiempo en desbrozar el terreno, para saber qué norma es aplicable y luego calibrar razonadamente sus efectos. Trataré de acercar mi solución a la realidad, y si, al menos consigo que no la entorpezca podré descansar. Lo demás será trabajo vano.

Cuídense.

Cartas babianas (XXI)

Martes, 10 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Los veranos ya no son lo que eran. A las ocho de la tarde el pueblo estaba desierto. Nada que ver con mis recuerdos, aunque la memoria no deja por un momento de distraer sino distorsionar la realidad. Como ya habrán advertido es un verano raro, en el que por fortuna, sigue haciendo calor.

El turismo del interior o el turismo rural o como quieran llamarlo es una de esas mentiras que tratan de neutralziar los efectos perversos de un fin de época. El fin de la productividad de buena parte del medio rural. Será coyuntural, el regreso de la economía real los redimirá. Mientras, reinarán los osos, lobos y jabalíes que tan a raya los puso el campesino.

El campo se ha alejado de los países más ricos. Según va mejorando la renta de una sociedad, ésta confía su alimentación a otros, todo tiene precio. Se aborrecen las tareas del campo y se importan. Me pregunto qué ocurrirá cuando los países que hoy nos alimentan se hagan ricos y no quieran empuñar el azadón o conducir un John Deere. Posiblemente habrá que pagar más a quien quiera hacerlo, y volverá el dinero a este lugar.

El problema de la lentitud de estos cambios es que aplastan a quienes hoy están ganándose la vida en un sector que da sus últimas bocanadas.

La noche es tan oscura que resulta fácil dejar de cerrar la persiana, lo que obliga a despertarse antes de que los gallos canten tres veces. Esta clase de oscuridad es digna de ver. Los cristales de las ventanas convertidos en espejos en los que se refleja la luz del flexo. No se puede distinguir nada, y es un buen final para hoy, fundir en negro.

Cuídense.

Cartas babianas (XX)

Domingo, 8 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Hoy acabo de tener una típica tarde de verano en Babia: una larga y agradable conversación. Si hubiera un libro de actas, sería muy útil para pasar el invierno. En los inviernos no se tiene la posibilidad, y me temo que tampoco la disposición, de enredarse en una larga charla sin principio, ni tampoco final. Hablas con amigos de tus padres, con niños, y viejos de cosas inimaginables, muy alejadas de uno mismo, por las que de pronto sientes una extraña curiosidad.

Cada uno tienes sus temas de conversación recurrentes, y los míos pueden llegar a ser tan aburridos que me he planteado seriamente abandonarlos, y enmudecer.

Contrariamente a la moda del momento, despotricar contra las redes sociales y hacer chistes con lo de ser amigo del Facebook, defiendo la utilidad de las redes sociales. Te permite saber de amigos a los que no ves, y te gustaría. Pero no sólo sobre si siguen existiendo lo que hasta se podía intuir, sino respecto de sus minuciosidades, puedes llegar a tener la información acerca de si han dormido bien o no, si tienen hambre, o sobre su estado de ánimo. Dato este último difícil de conocer en la realidad, hay personas que disimulan muy bien la tristeza, pero las mismas pueden dejar escrito: “estoy de bajón”.  A pesar de la privacidad, las reservas y los datos que se cuidan dejar tus amigos del Facebook, lo cierto es que suelen explayarse mucho. Y se agradece. No obstante la máquina sigue imponiendo una importante barrera y alimentando el equívoco de que lo virtual ocupa un espacio distinto, un lugar invisible. Cuando en realidad, sólo se trata de un potente administrador de distancias, como lo fue el caballo, el tren, el coche, el avión o incluso el simple sello.

La desconfianza hacia este instrumento no es rara. Una de mis bisabuelas le encantaba escuchar la radio, pero no se ponía ante la televisión, así que la ataran, decía que era cosa del demonio.

Espero que mis amigos del Facebook continúen contándome las cosas que hacen o que piensan, porque yo los seguiré, aunque el tiempo (el verdadero impedimento) haga violenta cualquier interacción, que en algún caso especial me gustaría. Quizá algún día despida a todos los demonios. Cuando así ocurra, se lo contaré.

Cuídense.

Cartas babianas (XIX)

Sábado, 7 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Una boda vintage perfecta. La excelencia está en el detalle y los novios lo consiguieron en todas las formas que aquellos pudieron revestir. ‘Lo que el viento se llevó’ fue el fondo en la cena, y de acuerdo con su argumento, discurrió nuestra conversación. Las conversaciones de ‘El Club’ son infinitas, un amasijo de lo que fuimos y de lo que seremos. Pero sobre todo son indispensables. Tranquilizadoras en las malas rachas, críticas cuando se hace necesaria la corrección o contención, alegres para curar desastres, pacientes y concienzudas en la escucha. Palabras que circulan con una complicidad difícil de encontrar. A estas alturas, sé que hay cosas que sólo a ellos confiaré.

A los pies de San Pedro los bañistas y a la puerta bastantes curiosos contemplando la entrada y salida de la comitiva nupcial. Un día de verano en agosto. Sin amor no soy nada (…), de la famosa epístola de San Pablo a los Corintios, un texto que a pesar de la repetición no se resiente, salvo declamación inapropiada. No obstante, su exégesis abriría una polémica para la que no estoy preparado, será suficiente con aventurar que su potencia expresiva se debe a que de las cinco palabras, tres tienen un claro carácter negativo (sin, no y nada). Se trata de la consabida hipérbole, en la que las gentes, suelen regodearse.

Cuídense.

Cartas babianas (XVIII)

Jueves, 5 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

He vuelto a cruzar el paso para asistir a la boda de una amiga. Aprovecharé para hacer otras cosas y demoraré mi regreso a Babia. Circunstancia que hizo que me interrogara sobre la idoneidad de continuar escribiendo bajo este adjetivo, es decir, si debía o no interrumpir la serie. Finalmente, tomando en consideración que Babia es además de una comarca un espacio imaginario, al modo de Transilvania; he decidido que estas cartas pueden franquearse en cualquier lugar del mundo.

Solventado. Allí es víspera de fiesta grande (advocación de San Salvador), en el pueblo se nota, aumenta el tráfico y se multiplica la población que si bien, no viene por Navidad, lo hace ahora por costumbre. Se trata de una fiesta de prao con las sofisticaciones del momento, orquestas con pretensiones y una discoteca móvil. Sin faltar una barra bien pertrechada. Se bebe mucho, pero como no tengo datos la comparación es imposible, luego también el exacto conocimiento. Algunos bailan, pero los lugareños de edades no proclives a este tipo de fiestas son expulsados de su propia celebración por desconocidos deseosos de privar. Supongo que la finalidad originaria de estas fiestas, en su vertiente pagana, está en procurar el contacto de los vecinos de los alrededores y evitar con tal rozamiento una indeseable endogamia, o si se quiere mejorar la especie. No siempre se conseguía. Nada que ver con el papel que cumplen estos días, en los que ya no producen rumores sobre posibles matrimonios de la mano izquierda. A estas fiestas confiaban los pueblos sus posibilidades de multiplicación. Al margen de esta finalidad de regulación demográfica, de pura supervivencia de las poblaciones, eran el escenario propicio para solventar viejas y nuevas cuitas entre pueblos vecinos. No obstante, este rasgo tiene vinculación (¿estrecha?) con el anterior. El cortejo reducido a la exhibición del gran macho.

Como sabes bien, me he distanciado de esta fecha por una superposición de acontecimientos el seis de agosto. Fecha de fundación para nuestra raza.

La sucesión de veranos forma un ciclo y en los ciclos suceden las mismas cosas con ligeras variantes. También cierta monotonía, tan necesaria como el aire. Incluso, a un conservador como yo le sigue abrumando la perspectiva de saber a ciencia cierta lo que va a ocurrir. Apenas sin desviación, los mismos actores representarán la misma obra que por etiqueta impone la predisposición a la bulla.

Soy partidario de las fiestas improvisadas, como aquellas aventuras en Torrestío,  lamentablemente nunca estuvo en el calendario oficial y sólo acudían los insensatos que no querían darse el menor alivio.

Muchas (casi todas) de mis amigas están casadas, algunas empiezan a reproducirse, por el pueblo danzan los pequeñuelos de padres que no hace tanto tiempo disputaban las carreras de sacos, y yo me dedico a escribir cartas, como si no fuera un comediante más (perdón por el tópico).

Cuídense y procuren excederse, el telón aún no cae.

Cartas babianas (XVII)

Jueves, 5 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

No he hecho nada de lo que tenía pensado hacer. Si no hubiera lavado el coche al caer la tarde, no hubiera hecho nada de provecho. La mayor pérdida de tiempo es la falta de concentración, andar disipado y no prestar atención a nada concreto. Perder el tiempo es una miseria, puede que común, pero miseria al cabo. Los retorcidos románticos se desgañitan diciendo lo contrario, y predicando el desorden. No los escucho y por eso me revuelvo.

The Straight Story es una gran película. En su día me la regaló mi hermano y acompañó el regalo de tantas prevenciones —los regalos nunca deben justificarse— que me resistí a verla. Desde la oposición me cuesta mucho sentarme tranquilamente a ver una película y casi todas las veo a retales. El expediente estaba aplazado. Hoy, según había sido el día, no pensaba aguantar más de media hora, pero fue imposible, había que llegar hasta Wisconsin. Una road movie que se justifica en una mirada recta (straight).

Cuídense.

Post Scriptum.- La conexión GPRS ha comenzado a dar problemas. Cada conexión a internet tiende a interrumpirse abruptamente o bien a ser tan lenta que resulta inservible.

Cartas babianas (XVI)

Miércoles, 4 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Los puertos en la vertiente leonesa son menos pronunciados que en la asturiana. El puerto es el mismo, pero importa el lado de la ascensión. A la hora de la siesta subí el Puerto Ventana, dos horas de bici con viento de cara. La carretera serpentea por la ladera evitando la pendiente pronunciada, un desnivel medio del seis por ciento que permite ver el paisaje, casi desde el techo. Me he cruzado con más cicloturistas que coches, y el puerto se hace corto. El próximo año, con nueva montura, vendré en bici.

Acabada la hierba, es decir, segada, secada, empacada y en el pajar, la actividad ganadera —la primera industria de Babia— decae asolando la sobremesa que así se prolonga hasta la noche, donde no queda santo sin fiesta que celebrar. Hace cinco o seis años, nuestras mañanas eran inservibles, por las tardes nos juntábamos para tomar algo y planear la noche. En medio, un baño de sol o un indisimulado aburrimiento.

La edad achica el tiempo y los embravecidos destinos disipan al grupo. Todo ello produce cierta confusión a la que contribuye el inexplicable hecho de que el verano ya no huele a verano. La merma de la actividad ganadera la anotamos los veraneantes, pero la padecen los oriundos, a los que vi ganarse muy bien la vida, en los dorados días de la PAC. Cuando no se recoja la hierba, como antes sucedió con las lentejas y las patatas, el paisaje de agosto cambiará y contagiará a julio su condescendiente parsimonia. Quizá en futuras entregas pueda hablar de inmensos campos de soja, sin que se vean decadentes prados en los que su fruto, la hierba, crece se desarrolla y muere sin ser cortada, embalsamada en la propia tierra que la vio crecer y no digerida por el estómago de una vaca impaciente porque los rigores la permitan salir de su hibernación forzada en el establo.

Mañana, a esta hora, sigue siendo un día sin decidir.

Cuídense.

Cartas babianas (XV)

Lunes, 2 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Lunes. Cielo azul y frío de montaña. El desmayo de la señora de ayer se debió a una perniciosa combinación de algún medicamento con vermut rojo. Es probable que a la hora del aperitivo la buena mujer olvidara sino sus afecciones sí la toma de la mañana. Se suele restar importancia al prospecto y seguro que en el de aquel medicamente se contraindicaba expresamente su uso junto al de bebidas alcohólicas. Pero la señora en cuestión seguirá haciéndolo hasta que el cuerpo deje de aguantarlo, sino para qué demonios sirve la vejez.

Los periódicos en estas fechas son pasto de historias increíbles. La última cuenta que una de los ministros mejor valorados va a ser devuelta a galeras, de donde precisamente fue rescatada hace años. Los ejércitos de votantes estarán entusiasmados, me imagino que casi tanto como la propia interesada. Esta política circular exige sumisión, cosa muy distinta a la disciplina. Trataré de ensayar esta distinción. El sumiso es visto por el jefe como alguien que no rechistará, con lo cual, como un potencial receptor de la más alocada orden. Sin embargo, al disciplinado no se le da cualquier orden, es más, infunde respeto a su jefe hasta el punto que se cuidará de hacerle determinados encargos.

Podría considerarse igual de sorprendente el asunto de la prohibición de los toros en Cataluña, por motivos éticos. Como fueron los nacionalistas quienes impulsaron y votaron afirmativamente la proscripción taurina, debe cursarse una advertencia capital: no son autoridad moral. Si acaso, unos aduaneros que indican quién, y sobre todo quién no, puede pasar a ser uno de ellos. No me creo que sea ese el motivo. Si lo fuese deberían todos los diputados de Cataluña ponerse a  trabajar sin descanso para prohibir todo aquello que quebranta la ética.

El sueño se apodera de mí, debo acabar. Y me voy mientras, Luis XVI declara ante la convención. Conocemos el desenlace, pero ello no la hace menos terrible, éticamente hablando.

Cuídense.

Cartas babianas (XIV)

Domingo, 1 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Hoy he tenido que cruzar la frontera. Teóricamente los límites de las vacaciones deben ser intangibles, por eso se escogen lugares remotos, con una única fecha de regreso posible. La proximidad física al lugar de origen está reñida con el concepto puro de vacación. La desconexión no es total y siempre está la salvaguarda del retorno, un torero que da capotazos cerca del callejón o un nadador que no se separa de la orilla. Sin riesgos. Con todo, tiene ventajas, se pueden solventar los asuntillos domésticos sobre la marcha y regresar al descanso. En apenas dos horas y media hice y deshice el camino, como siempre ocurre con esta línea asistí al anodino cambio de estación.

Resuelta la minucia, no podía dejar otro cabo suelto, así que pensé en todas las cosas que podrían acecharme hasta mi regreso. Como si fuera necesario, deambulé por las estancias sugiriendo a las paredes que me informaran sobre mis asuntos pendientes. Para irme tranquilo, recogí un libro, una mochila vacía y una tabla con ejercicios. Objetos que en ese momento me parecieron suficientes para traer a la isla desierta. Desgraciadamente no soy un superviviente y por eso no acabo de respetar del todo mis propias vacaciones.

En el vermut del domingo (sin afeitar), mientras que ojeábamos la prensa local, para cerciorarnos de que lo que más une a los españoles son sus mismas miserias; de pronto, una señora se desvaneció y por unos instantes, hasta que recobró el conocimiento, el ambiente se espesó. No fue necesario el auxilio médico, ni el sonido escandaloso del rotativo de la ambulancia, el incidente se resolvió por sí. Lo que no resulta nada extraño, porque es de este modo como acontece la historia por aquí.

He visto un poco de ‘Descalzos por el parque’, que recrea el ambiente de los años 60, tan distinto al tiempo actual donde cualquier estrechez se vive como una desgracia en la que no hay lugar para las bromas. Deberían programar toda la batería de cine optimista que haya en el mercado, al poder ser anterior al 73 y posterior al 45.

De momento el verano sigue. Así que hagan el favor de cuidarse.

Cartas babianas (XIII)

Sábado, 31 de julio de 2010

Queridos veraneantes:

Este es un verano de viajes. Pero sin moverse. El siguiente será profesional, me iré con los pleitos a otra parte, que llamaremos Cicely.

Aquí al otro lado de la montaña hace calor, un calor seco y sano que se puede combatir con facilidad. Vuelvo a la casa y disfruto del primer día de desorden, del equipaje excesivo por deshacer, de los cajones y ventanas abiertas. El principio de todo buen verano se ha de parecer a un campamento. Y en los campamentos las primeras horas son fundamentales, se tantea a los extraños y uno se tiene que colocar con la mayor rapidez posible. Volvería a ir a aquellos campamentos y quizá, me quedaría en ellos.

No hay ruido, sólo sonidos que no puedo identificar que hacen descansar la cabeza. E insisto, son las ocho y media y hace un calor seco, aunque pronto refrescará.

Este será un verano distinto, y sin repasar lo que escribí al comienzo del anterior, diré que muchas cosas han de cambiar. Supongo que por conveniencia al capitalismo, las vidas siguen su curso de septiembre a septiembre. Por eso en su antesala deben formularse todos los propósitos. El año nuevo sólo es una fiesta pagana, fugaz y fría, en la que nadie puede pararse a pensar. Los iré anotando poco a poco.

Este invierno ha sido largo y duro, pero sobre todo largo. El tiempo puede a todo. Lo sabemos bien. No obstante, por muy frágiles que nos haga el tiempo, aún podemos caminar en pantalones cortos e ir de un sitio a otro sin gobierno de ninguna clase. Un verano es una parcela mínima de acracia, incluso cuando las cosas estén en su lugar: la mesa puesta, todos de nuevo juntos, y envalentonados en las apacibles sobremesas. También es nostalgia y restos que me empujan a abrazar las piedras de la casa antes de irme a dormir.

Cuídense.

Lunes, 26 de julio de 2010

La ventaja de esta apartada ciudad de provincias son sus escapatorias. Apenas a ocho kilómetros, en camino franco, estás en el campo. Lo que resulta muy conveniente al aficionado a la bici de montaña —ciclista amedrentado por los coches—.

Respiren porque no voy a perorar sobre el mito del buen salvaje, no existe.

Lo bueno del camino elegido es que nunca se acaba, entiéndame, siempre queda otra etapa más que posponer para la próxima. La medida del pedaleo exagera, por comparación, las distancias. Hoy he decidido parar en un pueblo a cuarenta y cinco kilómetros del principio. Como cualquier final, éste es arbitrario y desde él —como en los anteriores— no puedo saber cómo continuará. Los pliegues de la ladera impiden adelantarse al trazado. Cualquier recodo de la antigua vía estrecha resulta una pequeña conquista, el placer mudo del descubridor.

Cinco horas a solas en las que sospecho que viajo con todos los fantasmas de los que uno no debe librarse nunca. Sin embargo, quien da pedales soy yo. Y la soledad un gran tresillo que ve la televisión conmigo, cada noche.

Noches

Domingo, 30 de mayo de 2010

El grupo se derrite. En la madrugada de la sobremesa (y sin cenar) quedamos cinco. Sin quererlo, las vicisitudes sentimentales de la última en llegar ocupan la conversación. A esas horas las opiniones giran sin adulteración, todo se ve claro y simple. La confianza sólo se desvanece una vez. Las nuevas oportunidades, como el arrepentimiento, son el último resquicio de quien lo ha perdido todo. Y concedidas, el precario salvoconducto para una vida en vilo, esperando que la amenaza se vuelva peligro, y confirme aquella vieja sospecha.

***

Antes era una droguería. Una droguería en la que siempre se hablaba de política. Conserva su nombre, pero hoy es un bar. Vuelvo a mi pueblo por unas horas y es raro. Mi esencial distancia hacia las cosas, hacia los lugares, hace que mecánicamente entre y salga como si fuera la primera vez o como si nunca me hubiera ido, como si todo acabara de empezar.

La música en directo consigue acallar el rumor del bar. En el escenario Stormy Mondays. La perfecta coartada para apagar tarde la luz.

Bucle

Domingo, 23 de mayo de 2010

El mejor ansiolítico es madrugar un día soleado. Hacer muchas cosas y acabarlas antes del mediodía. El parque está lleno y la gente camina apresuradamente al bosque. El bonancible tiempo recoloca todo. En ese orden cósmico cabe que uno se pregunte por su lugar o que confíe dándolo por supuesto.

Había abandonado la lectura de novelas entretenidas, y ahora que tengo entre las manos Contrarreloj de Eugenio Fuentes, lo lamento. Como haber tardado tanto (desordenado y perdido tiempo) en acopiar el valor suficiente para releer a Lidia Bravo. Hacerlo en alta voz y estremecerme, como si nunca me lo hubiera escuchado: Hay alguien en mí que no soy yo.

Y entre sus páginas encuentro una de mis perecederas cuartillas, titulada ‘Materia’, probablemente escrita en 2007, que inserto sin más.

A veces, ante el espejo desaparecemos abrumados por la física de devolución del azogue. Nos tememos a nosotros mismos y fingimos que hay algo más, y realmente más importante. Pero no.

La distancia entre la nariz afilada y el espejo sólo puede medirse en mitos digeridos y en alguna que otra superchería más obvia que encubierta. No cuentan las evidencias, ni los millones de muertos que pueblan nuestras tierras, ni el atormentado silencio de ida y vuelta. No se nos desvela nuestra propia descomposición, tan lenta como ineluctable. Nos aferremos a su negación comportándonos como criaturas de una creación inverosímil.

Regresemos al matinal espejo donde todo es incipiente y la rutina un deus ex machina que nos salva de un precario par de narices, interpuesto, pero no invisible.

Hoja en blanco

Domingo, 9 de mayo de 2010

Hace mucho frío. Al atardecer el viento lo amontona y en el barrio las hojas no dejan de moverse. En el parque, los bancos vacíos extrañan los arrumacos y las declaraciones de amor eterno. En este asalto a la primavera, habrá, cuando se haga el recuento, muchas bajas. La prisa por poblar las calles desiertas hace que esperar sea un temido estado de ánimo.

La primavera es una estación sobrevalorada. Uno de los mayores tópicos poéticos, que como todos, ha sido desmantelado por la ciencia. Aunque este año ha sido devastada por la crisis económica. Sin embargo, lamentablemente nuestra crisis no sólo es económica.

Martes, 13 de abril de 2010

Los días son tan largos que lo que pasa por la mañana parece haber sucedido ayer.

Engaños

Viernes, 9 de abril de 2010

La temperatura de la mañana engaña. Y en las ciudades del interior, como esta, la luz ligeramente claudicante de la tarde también lo hace. La distancia quebrada tecnológicamente es igual de engañosa, tanto como la que miden los minutos en que a pie, se llega a alguna parte.

Resulta fácil sucumbir al engaño, sentirse embaucado por su verdad medio torcida. No abrigarse cuando realmente hace frío o pensar que es pronto todavía o que mis diez minutos de paseo podrían servir de medida a alguien más que no sea yo.

***

El embotellamiento del viernes visto desde la acera. El inconfundible nerviosismo de los conductores. Los peatones rebosando entre los coches que ocupan los pasos de cebra. El congénito incivismo del claxon asordante. Los insultos, los acelerones intemperantes. Todo reducido a un tranquilo espectáculo. Como si las semanas fueran las rachas de un jugador empedernido, y su desdicha un simple amago.

***

La insistente ocultación con que el mundo se nos revela.

Historia Universal (I)

Viernes, 2 de abril de 2010

Abrir una casa es costoso y lento, al menos, abrir la mía así ha sido. Y en realidad, la única historia universal que cuenta es la de los tuyos. Todas están hechas de repeticiones y de impulsos; y todas admiten mal el descafeinado complemento del nombre (Historia Universal de…), que las hace inviables. Se trata de un capítulo más que corresponderá interpretar al historiador de turno. Tendrá tal sobreabundancia de fuentes que le ocultarán los hechos, y no dará con las causas. El rastro que dejamos (la obsesión de la muesca) no es más que la deliberada preconstitución de pruebas para que nadie pueda hallar nuestra inocencia o acaso nuestra culpabilidad.

A ningún folleto de instrucciones de IKEA le falta una palabra ni le sobra un gráfico. Permite compensar la torpeza con la claridad del ejemplo y al mañoso le ahorra largas y confusas explicaciones. Así he logrado establecerme.

Ahora vendrán tiempos de más tranquilidad y las expediciones por el nuevo barrio. Serán debidamente anotadas.

Lemas

Martes, 30 de marzo de 2010

Ya tengo las citas. Retratan mis contradicciones a la perfección y el frontispicio debe ser una señal de peligro antes que nada. Mis fuentes escasas y deslavazadas, justo como no deben ser, al fin de cuentas un desordenado. Si tuviera que comparecer ante un tribunal, me pregunto cómo podría justificar a Edmund Burke frente a mis admirados revolucionarios. O la ausencia de mis favoritos Unamuno, Clarín o Kafka por un nada leído Beckett. Escoger una divisa, o dos, es peligroso si se prescinde de los clásicos. También podría haberme decidido por un Pecio del maestro Sánchez Ferlosio y como el Hacedor descansar al séptimo día. Lo que nos lleva al caudaloso manantial de citas bíblicas, que bien podrían haber servido.

Cena en noche menguante

Domingo, 28 de marzo de 2010

Hacen menguar (o crecer) los días por las noches. Se supone que se trata de aprovechar la luz del sol y ahorrar. Una tímida manipulación de la naturaleza, de la que somos sus primeras víctimas. Cuando aún jugábamos con el margen de la hora prudencial, nuestra rusa favorita nos advirtió de las horas y así con económica precipitación regresamos a la adulterada madrugada.

Hay diferentes teorías sobre el número apropiado de comensales para una cena, distinto, obvio es, del idóneo para los almuerzos. Quienes defienden las formaciones reducidas argumentan que mayor número sólo consigue fragmentar el diálogo. A lo que con la prudencia del inexperto añadiría, que suelen dejar descolgado a alguno de los comensales. La cena de ayer fue la demostración de que una conversación puede ser útil. Conseguimos cenar y cumplir el precepto religioso. Comimos y escrutamos la dificultad de los amores transoceánicos. Sólo se puede saber hasta qué punto el mundo ha cambiado, cuando te lo cuenta inteligentemente una rusa.

La noche acabó en un bar, echando de menos las ausencias y tramando el siguiente plan.

Viernes, 26 de marzo de 2010

Hoy es un día ventoso. Nuestra misión en la ciudad no ha concluido y forzosamente continuará mañana. La semana de descanso será una mudanza. La inseguridad, acaso cualquier otra circunstancia inconfesa, se ha producido con una reiteración que nunca hubo de ser tolerada. Estamos hechos de materiales perecederos, solemos confundir el aplazamiento, con dar tiempo al tiempo. Y eso que lo primero es una táctica y lo segundo una estrategia. Las lecciones más valiosas siempre son demoledoras.

Ayer tampoco he escrito. Aunque los comentarios mantienen vivo el pacto del prospecto.

Miércoles, 24 de marzo de 2010

Ayer he faltado al compromiso de escribir unas líneas diarias. En mi etapa de opositor procuré no faltar nunca al preparador, porque temía que podría acostumbrarme a la ausencia y acabaría por espaciar aquellas tres citas semanales. Sin querer escribo este prospecto, carente de todo interés, para evitar el fantasma de la flaqueza. A estas horas, sin su fuerza.

Cosa de familia

Domingo, 21 de marzo de 2010

Las familias viven de explotar un anecdotario común. Las familias viven de la repetición, de crear lugares comunes más o menos probables en los que refugiarse. La familia mediterránea es una madriguera a la que siempre volver, o de la que nunca salir. La estirpe en vez de las cabezas. Los ausentes perviven en esas aventuras que denuncian nuestra levedad. La línea entre el infante y el adulto la marca la plena consciencia de la muerte. Sólo se puede tener, cuando la confianza en una suerte de inmortalidad, aun remota y excepcional, se ve defraudada.

Yo dejé de creer antes, pero ese hubiera sido un buen momento. Sigo sin atreverme a leer nuestra correspondencia, su último manuscrito. Y tengo pendiente una entrada, por todas las que él ya no pudo leer.

ἄλλος-ἔργον (otro trabajo=alergia)

Sábado, 20 de marzo de 2010

Un invierno lluvioso es el antecedente de una primavera alérgica. La alergia, como la alegría, es cosa de ricos. No porque no corra entre los desheredados, sino porque las enfermedades se clasifican por sus prisas. Aunque también deberá de influir la mayor exposición al mundo de las sociedades ricas.

Al mismo tiempo que el furor del invierno se relaja, volviendo imperceptible al cambio climático —no era creíble que lo pudiéramos observar a simple vista—, desfilarán todos los tópicos sobre la primavera. La alergia es uno de los más nuevos, incorporada a la información meteorológica sugestionará a los millones de alérgicos, que a veces, conseguíamos olvidarla.

Un rasgo de la modernidad es la inflación de avisos de peligro. Detrás de este celo está la exención de responsabilidad y bajo la humana pretensión de escurrir el bulto se encuentran las aseguradoras. Las primas (el dinero) han acabado con la fuerza mayor y el caso fortuito. Quien no está asegurado no es nadie. La vida reducida a un cálculo actuarial, precisamente hoy, un día de tumbas.

Viernes, 19 de marzo de 2010

Monto en el funicular y me pregunto «¿qué he hecho?». Las metáforas son demasiado salvajes como para explicarlo. Digamos que ha sucedido con la involuntariedad del deseo. Jamás volveré a esperar.

Más difícil que montar un hogar es desmantelar un cuarto. Llegado el momento hay que hacerlo. Sin trascendentalismos. Para esto último la ayuda de IKEA no basta; no hay ningún artilugio low cost y la poesía buena siempre es cara.

Tengo que pensar en una divisa para el frontispicio. Un lema con el que se me pueda identificar. Aunque no sea eterno, sería conveniente que pudiera perdurar.

Sigo sin explicarme nada.

El dieciocho que llega

Miércoles, 17 de marzo de 2010

Esta es la última primavera con un tipo general del IVA al 16 por 100. Se teme que de tapadillo suban todos los precios. Cosas de pícaros suspicaces. No volverá a bajar, y nos acostumbraremos. Orwell decía que nadie es patriota en materia de impuestos, se trata de una verdad inexorable. Todavía hay quien piensa que porque no paga al médico la sanidad es gratuita. El estado de bienestar tiene un efecto mistificador nada despreciable, exagerado por sus enemigos y negado por sus defensores. Ese es su mayor problema, que el estado social se ha quedado sin defensas, es decir, se ha impuesto el gratis total —coste cero, demanda infinita—.

Estoy cansado

El pacto del prospecto

Martes, 16 de marzo de 2010

Mi hermano se ha comprometido a redactar unas líneas diarias en su blog, le gusta estar en forma. Trataré de seguirle, romper con esta eterna transición. Una forma es aplicarse, como al principio, cuando esto era un diálogo y habitaba el torreón.

Mientras haya productos de limpieza, muebles, revisiones del gas… no temeré a la pantalla en blanco. El descubrimiento de esta temporada es el amoniaco. Apenas sabía de su existencia y ahora puedo cantar sus alabanzas como limpiador-desinfectante de toda clase de superficies. No recuerdo haber visto propaganda que lo anuncie, y debe de ser porque es el típico producto que se vende sólo. En cambio la lejía necesita del anuncio.

Aunque todas mis confusiones no acaban en los asuntos domésticos. Las otras las disipará el tiempo.

“Imbornales”

Lunes, 15 de marzo de 2010

Fue mi primer autor serio. Pasé de Blyton a Delibes convencido de que era el momento. El momento de la seriedad. Entremedias y con el único propósito de impresionar leí, baldíamente, ‘El Quijote’. Como de casi todo me di cuenta años después. Entre mis planes está ‘La sombra del ciprés es alargada’, hace tiempo que soy incapaz de seguir un orden  y además rehúyo la novela. Lo hago sin la sesuda convicción de que más vale un ensayo, sino por falta de interés, como fluctúa, espero recuperarlo.

He consultado mis papeles y no tengo anotado ningún pasaje suyo. Si lo tuviera lo habría transcrito y así acabaría esta entrada. Aunque he encontrado el homenaje perfecto, titular la pieza con una palabra cedida por él, que pongo en plural, el número amigo de las metáforas.

Salís todos

Lunes, 8 de marzo de 2010

La casualidad es la causa remota de la amistad, que nunca muere gracias a las excusas. El concierto del sábado era uno de esos pretextos para juntarnos. No importa el lugar. La conversación acabó recayendo en este blog, por ningún otro motivo que no fuera el interés de M. por distraer nuestras preguntas sobre el destinatario de su batería de sms. Lo consiguió parcialmente. Todos convenimos en la necesidad de una teoría general sobre el mensajito. Desconozco si se fraguan negocios de este modo, de lo que no hay duda es que muchas relaciones empiezan, flotan y se ahogan en el angosto espacio de 160 caracteres. Además de la degradación ortográfica y morfosintáctica —denunciada ad nauseam—, con el mecanismo ha aflorado una prosa breve, en la que por primera vez, se ventilan cosas graves. Importancia y extensión ya no van de la mano, léase TQM  y sálgase de dudas. Sin haber averiguado nada sobre la misteriosa identidad del destinatario, percibimos “algo” en estado embrionario, como la canción, el tiempo lo dirá.

La gran J. acudió por primera vez a una cita fuera del circuito. Lo que nadie creía posible, y muy gratamente sucedió. Mucho antes de que todos los nuevos snob —redundancia a parte— se reclamasen políticamente incorrectos, ella lo fue, no para traer discursos de contrabando, sino para llamar a las cosas por su nombre. Ya podemos confirmar nuestras sospechas: la noche tampoco puede con ella.

Alguna vez he dicho que la promoción es la unidad de destino del funcionario, la mía queda a buen recaudo en el Tridente. Un nudo de lealtades y complicidades. A pesar de que cierta información sensible llegue a destiempo participo de la infinita alegría de A&T. La excusa del concierto fue la trampa que sin saberlo, M. me tendió a través de B. Pagada con creces por su compañía y por la delicadeza de la que sólo los poetas son capaces, así lo atestiguará siempre el disco (toc, toc, toc, tocando a les puertes del cielu…).

Si la tranquilidad tuviera nombre sería A. quien llegó acompañado (por I.) y es ley del grupo que quien viene una vez puede hacerlo siempre.

L. y N. pronto dejarán de ser dos, e inexorablemente el grupo crecerá. Septiembre, insisto, es un buen mes para hacerlo. Son la constatación de que el tiempo no pasa, atropella. A la vuelta de la esquina, un pequeño o una pequeña nos lo recordará para siempre. Con ellos ha venido I. y ahora las palabras jamás podrá llevárselas el viento. El Madrid ganaba a su pesar pero resistió estoica y deportivamente la bulliciosa alegría de otros comensales y la inmensa satisfacción de un madridista voluntariamente exiliado como N. —doy fe, con su permiso.

La pequeña M. y J. fueron mis invitados. Observaron nuestra camaradería. Dirán que somos excesivos. Nosotros supondremos que se fueron encantados. J. ha descubierto la importancia del pijama y la maña que hay que darse para abrirse paso en nuestras conversaciones torrenciales. Faltaron P&C que ya saben cómo nos las gastamos, además  P. fue reclamado como perito de novios potenciales

No sé quién me trajo hasta aquí, pero nunca le podré estar bien agradecido.

Debo pedir disculpas a todos mis amables lectores por esta sopa de letras tan entrañable, a la que habría que haber unido a: A., B&J.