(Intervención en la graduación del Colegio Sagrada Familia-El Pilar, curso 2008/2009) Para Tatu, que siempre venía a recogernos.
Antes de nada, desearía agradecer esta presentación cebada de tanto afecto como exageración.
Directora General,
Muy querido Director técnico de Primaria,
Claustro de profesores,
Padres,
Y muy especialmente graduados,
Felicidades, dais un paso que no olvidaréis nunca.
Para mí es difícil regresar a un lugar en el que por primera vez conoces la amistad, la enemistad, en el que te enamoras o en el que te rebelas contra la autoridad tanteando sus límites; en este Colegio hice política y representé tan bien como puede a mis compañeros. Digo que es difícil regresar porque quizá nunca me he ido. Aunque seáis escépticos, os ocurrirá igual, porque no hace tanto tiempo, cuando estaba yo donde vosotros, deseaba perderlo de vista; como luego me ocurriría con la Universidad
En realidad vuelvo a un Colegio (Sagrada Familia-El Pilar) que se hizo más grande para ser mejor, y lo hago con alegría para apadrinar a vuestra promoción.
Un Colegio regido por dos Congregaciones indisolublemente unidas a la vida de este Concejo. Su misión pastoral y estrictamente religiosa, debe ser enjuiciada por los creyentes. Sin embargo, quiero yo en este solemne acto, encarecer su trayectoria de servicio a la comunidad.
El Instituto de la Sagrada Familia de Urgel, a través del Colegio procuró a muchas mujeres un nuevo horizonte de oportunidades, permitiendo que pudieran alejarse de la fatalidad de un sino de sumisión. No nos engañemos, la verdadera emancipación requiere autonomía, y la educación, es el primer paso para lograrla. La eficacia con la que hoy se impone el justo principio de igualdad, es tributaria de estos pequeños esfuerzos que han cristalizado en mujeres médicos, profesoras, abogadas, ingenieras etc. Sin estas religiosas, lograr aquí la igualdad hubiera sido mucho más difícil. Lo que nos muestra los efectos redentores de la educación. Su servicio se prolonga en la atención a los ancianos y antes, aunque no nos acordemos, en el hospital. Y esa actitud, perfectamente simbolizada por la Fundadora, Ana Mª Janer al elegir el suelo como lecho de muerte, debe alertarnos de las necesidades de orden social que nos acechan y ser conscientes de que hay personas entregadas a procurar su solución, y sobre todo de la deuda que tenemos contraída con ellas.
Yo no estudié en el Colegio Ntra. Sra. del Pilar, en cambio, por razones obvias y familiares me siento pilarista. La Compañía de María representa, como ninguna otra, el compromiso con la educación de calidad. Su ideario que condensan bien el lema evangélico: «La verdad os hará libres», transmite la fulgurante idea, de que un hombre y una mujer debidamente formados podrán transformar la realidad que les rodea. Sin rehuir de la razón, ni trazando un discurso dogmáticamente ortodoxo y anquilosado, sino abiertos al mundo; lo que les permite estar en Lena y al mismo tiempo en la Universidad de Dayton en Ohio, Estados Unidos. Este mensaje del Beato Chaminade se os ha dado y ahora está en vosotros la responsabilidad de llevarlo a término.
Debéis estar orgullosos de personificar esta síntesis, reconociendo siempre como algo propio a este Colegio.
Pero la verdadera dificultad, de mi regreso aquí, estriba en un malentendido que debo aclarar ya. Vuestra generosa invitación implica que tengo cosas interesantes que contaros. No es así, me temo que doce años no me han hecho lo suficientemente viejo. Tampoco tengo ingenio como para relatar de forma simpática, cómo un policía municipal irrumpió en nuestra clase de matemáticas en tercero de BUP o de qué manera nos paseábamos furtivamente por la biblioteca en el carrito de los libros; o la forma en la que interceptamos un examen de latín en la papelera de la fotocopiadora, y memorizamos la traducción de vuestra profesora María Dolores Tirador, dedicada entonces a dar clases particulares; aquel ingenuo fraude no tuvo el recorrido deseado y tuvimos que repetir el examen con preguntas sospechosamente más difíciles.
Lo que sí puedo hacer es volver la vista, y hacer que la volváis conmigo. Esta retrospectiva la sentiréis como propia, con otros rostros, con otros momentos y como dice el clásico con otros afanes, pero en el fondo es la misma.
Os encontráis en el punto exacto en el que dependéis de vosotros mismos, y es justo reconocer a quien con tantos, y muchas veces, invisibles esfuerzos y sacrificios os han puesto aquí. Vuestros padres. Es el agradecimiento crucial de esta tarde, el único verdaderamente indispensable y quizá el que se da siempre por supuesto.
Vuestros maestros y profesores han estado a vuestra disposición, se han equivocado muchas veces, pero han acertado muchas más. Son imprescindibles para instruiros, para transmitiros conocimientos, lo que constituye su única misión. Sin embargo, a pesar de que son irremplazables, la complacencia social los arrastra a diario cargando sobre ellos toda clase de responsabilidades. Se transmite la lacerante idea de que están contra los alumnos; lo importante es que vosotros sabéis que no, que os han ayudado y que han trabajado duro. Ahora que dejáis de ser colegiales, cuando leáis o escuchéis esa colección de tópicos sobre los profesores, acordaos de los que tenéis a vuestra espalda y contestad sin reticencia: «hay cosas que sólo a ellos se las debemos».
No tengo tiempo para enumerar mis deudas particulares con mis profesores. No obstante, citaré las más importantes. La maestra Olimpia Fernández me enseñó a leer, a escribir y a perder, enseñanza que no hace mucho tiempo tuve bien presente. María Teresa González Díaz me mostró el camino para pensar por mí, y para dejarme convencer por los argumentos de los otros, la valiosa lección de que hay que estar atento a la razón. Las Hermanas Consolación Tirados y María Ángeles Hidalgo me transmitieron que hay personas que dan mucho trigo y predican muy poco, su vida es un ejemplo.
Podría seguir porque hay más, pero también quiero que os acordéis de vuestros compañeros. Los echaréis en falta. El tiempo hará que vuestra suerte no sea la misma, pero tened en cuenta que han sido vuestros compañeros y ayudaos, este fue el ruego que nos hizo aquí mismo el padre José María Osborne a finales de mayo de 1997 y hoy os lo hago a vosotros al tiempo que renuevo yo ese mismo compromiso. Al hacerlo me acuerdo de María Jesús, de Ruth, de Oscar, o de Camilo, un compañero de bachillerato que es un amigo íntimo. Y de muchos más cuya enumeración nos retrasaría.
Antes he afirmado de pasada, que dependéis de vosotros mismos. Es muy probable que no seáis conscientes de ello, que ignoréis hasta cierto punto que es la hora de vuestra vocación. Tomada no con una retórica idealista, en la que se sacrifica la vocación por las salidas profesionales; como si se tratara de un debate entre pragmáticos e ilusos. Sino interpretándola como hacen los ingleses, lengua en la que calling sirve para vocación y profesión; donde no se separa la voluntad de ocupar un concreto lugar en el mundo, del lugar que finalmente se ocupe. No significa que os empuje a una elección temeraria, muy al contrario, os exhorto para que trabajéis denodadamente porque vuestra vocación sea finalmente la forma en la que honradamente vais a cansaros durante largos años de vuestras vidas. Por muy grande que sea la exigencia no os rindáis, trabajad más. No es cierto que eso conduzca inexorablemente al éxito, pero sí a la tranquilidad de haber hecho todo lo posible y elimina el escozor de penar con «el qué habría sido de uno si hubiera hecho algo distinto…»
La historia de mi vocación, en lo que os pueda servir es, en resumen, la siguiente. Siempre quise ser abogado, estudiar Derecho; la resolución con la que contestaba a la sempiterna pregunta «¿qué quieres ser de mayor?», debía de resultar perturbadora para los mayores que la hacían. Muchas veces, aquella precoz resolución les irritaba, se extrañaban o la festejaban como ocurrencia de niño parlanchín o relamido. Sólo yo conocía el verdadero alcance de aquel compromiso.
Nadie tiene una vocación sin motivos; sin poderosos y urgentes motivos. Entonces ¿cuáles fueron los míos? Al hacer esta investigación, me he dado cuenta de que eran bien modestos. O por mejor decir, que no me había dejado guiar por luminosos principios de comprometida concreción real. Pretendía conocer las reglas que nos dirigen, distinguir el poder legítimo del ilegítimo; pero también, saber cómo se distribuyen los bienes de una persona después de muerta o lo que es una sociedad anónima. Donde hay dos o más personas, hay Derecho. El mismo que nos acompaña desde que nacemos: cuando un nervioso padre nos inscribe en el Registro Civil, él nos pone nombre, el Derecho nuestros apellidos; y nos sigue hasta la muerte, sólo nos enterrarán o incinerarán, previa autorización judicial. El Derecho es la atmósfera que nos envuelve, está en este mismo salón, donde vuestro título de Bachiller es un simple acto administrativo.
Además el Derecho encauza los conflictos, con el objetivo de que los individuos no usen la violencia. La paz social sólo existe cuando hay árbitros que pongan punto final a una controversia; ello es necesario, pero sólo será suficiente cuando lo hagan de forma objetiva, y únicamente el Derecho permite que el hombre no dependa de otro hombre.
Junto a estos motivos, debo reconocer, late una preocupación, podría decirse que un anhelo, por contribuir a alguna forma de justicia. Algún modo en el que de forma eficiente, las sociedades podamos distribuir razonablemente las cargas evitando que sean los débiles quienes hayan de arrostrarlas sin más. Un Derecho justo, sólo pueden hacerlo juristas justos.
Hasta aquí el brillo de la vocación y la importancia de este momento. Pero sin concesiones a la realidad, debéis saber que escojáis lo que escojáis, encontraréis dificultades que tratarán de apartaros de vuestra vocación. Tendréis que adaptaros, ser firmes en vuestro propósito, sin que nada os desvíe. Es decir, tenéis que estar preparados para luchar y en ocasiones contra vosotros mismos. Vuestra verdadera forja ha comenzado, es la hora de la vocación.
Ante todo estoy hoy aquí, para ser vuestro padrino de promoción; por tanto, si en algo os puedo ser útil no dudéis en buscarme, nuestra contraseña será, si os parece: no has sido breve, pero podría haber sido peor.
Muchas gracias