Archivo de la categoría ‘General’

a.c.

Domingo, 13 de junio de 2010

En el café del jueves comentábamos que nada volverá a ser como antes. Antes de la crisis. Las anteriores azotaron a nuestros padres, y esta repercute directamente sobre nosotros. Las explicaciones que tratamos de darnos son plausibles, pero no definitivas. Seguimos concentrándonos en el diagnóstico, en afilar con ingenio cuál ha sido la última causa que ha desatado el desastre. Esta conducta convoca al pesimismo (es imposible zafarse del análisis psicológico), asusta y paraliza. Por lo general, y también antes de la crisis (a.c.) consumíamos varios minutos del día despotricando. Diríase que somos un país que prefiere el malditismo de la tormenta. Nuestra literatura más reciente instruye bien sobre el particular. Quizá deberíamos leer (o releer) Los episodios nacionales, o estudiar atentamente nuestro siglo XIX, en el que algunos valientes combatieron contra el ‘¡viva las cadenas!’ Como nuestra maldición prescribe, fracasaron. La Transición política podría haber sido una tardía victoria. Pero ya hay depredadores ocupándose de ella.

***

Me extraña y subleva que dentro de los poetas elegidos no esté Lidia Bravo. Sigue escribiéndose sobre la poesía y los poetas con ese cariz ñoño que da repelús. Si todos los poetas del mundo fueran así, es decir, sin en vez de decir: «hoy llueve», dicen «está diluviando», nadie podría quererles ni mucho menos vivir con ellos. Quizá deba alegrarme de no encontrarla entre aquellos e imaginarla sin raros poses. Despeinada y en zapatillas después de haber escrito:

GÉNESIS

Todos los peces llevan mares en la boca

y qué es el mar sino una boca abierta

y una noche que quiere ser de agua

para que el día en ella se sumerja y todo sea al fin,

como fue en un principio, una voz sola.

Sí y no, tú y yo, todo y nada, luz y sombra.

Cogida

Sábado, 1 de mayo de 2010

La grave cogida de José Tomás estaba fatalmente pronosticada. En su toreo no hay alivio posible. Mientras que los detractores se indignan con el sufrimiento y tortura del animal, consienten que un hombre esté dispuesto a morir en público. Se  admite la disposición de la propia vida y aun la colaboración en ello. No es la única exposición a la muerte pública, pero su tolerancia podría chocar con la oposición social y jurídica al suicidio. Con todo, reprochar al torero temeridad es tanto como negar su propia existencia. La valentía está estrechamente vinculada a la posibilidad de desaparecer. Sólo se aplaude a los valientes y esperamos volver a hacerlo pronto con el último de ellos. Admirando a quien sabe correr su suerte.

***

La crisis no era una alucinación. Tampoco un presagio electoral de mal agüero. Ni una circunstancia efímera y exógena. Pero ésta, como todas las demás no tiene responsables. No vale la pena buscarlos. Sin embargo, todas las crisis del mundo acaban por atribuirse, con toda lógica, a quien está al mando. La pertinacia con que ese patrón se cumple («es la economía, estúpido»), nos permite aventurar lo que vendrá.

Como el determinismo es un suero muy conveniente, nos agarramos con toda fuerza al pecio de los ciclos. De las vacas flacas que con el tiempo engordan. Vendrán tiempos mejores, en los que adheridos al lujo de la melancolía pensaremos que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Por el momento sólo nos suministran suero.

El almuerzo

Viernes, 19 de marzo de 2010

El tiempo no logró nuestro desmayo. Lo normal hubiera sido que la distancia distrajese a la confianza, y que un día fuéramos desconocidos. Ahora eso ya es imposible. El almuerzo mensual sirve para que nos observemos de vez en vez y saquemos conclusiones. Hubo unos años en que el almuerzo era trimestral,  conversaciones inacabables que se hicieron severamente imprescindibles. Hasta aquí han llegado.

El lector de periódicos

Viernes, 5 de febrero de 2010

Factual ha sido desmantelado. El dinero, la prensa y la libertad. Era un artefacto complejo, pura potencia. Basta ver en lo que se ha convertido para comprobar los límites del lector de periódicos. Siempre al albur de la propiedad, como un colono cualquiera, arando tierra ajena.

La emoción por salvarse

Domingo, 3 de enero de 2010

El 2009 ha sido un año de guerras. Continuarán los próximos años y quizá con mayor virulencia. Se sucederán análisis e inevitables recuentos. Desde cualquier sitio muelle como este, las cosas siempre acaban por  ser claras. Muchas veces, lamentablemente claras.

La dureza de la vida en la retaguardia impide lo anterior. Como muestra el rostro de esta niña que recibe por sorpresa a su padre, sargento del ejército del aire procedente de Irak:

Ahora que hablen los observadores.

Sway

Sábado, 2 de enero de 2010

Justo al empezar el año he acabado con una tarea pendiente. Dos escasos días para el esparcimiento. En mi cabeza, tan poco propicia al baile, una canción inevitablemente me empuja. Un clásico versionado. Un sala de fiestas neoyorquina, mucho humo, un cóctel de color imposible sobre la mesa, cigarros larguísimos para las chicas y habanos para ellos. Smoking, preferiblemente lazo blanco, y estrictos vestidos de noche. En la pista oigo un susurro tenue: «Other dancers may be on the floor, dear my eyes will see only you, only you have that magic technique, when we sway I go weak»

Sonrío a sabiendas de que para las verdaderas penas que nos asedian no hay remedio. También habrá alegrías. Bienvenido 2010.

***

Ibarra Real

Domingo, 27 de diciembre de 2009

He decidido mudar de letra. Ventajas de tener la imprenta en casa. Nostalgia sin machas. Con esta tipografía se editó El Quijote en el siglo XVIII, y ahora reverdece en las pantallas. Ante la sustitución del objeto libro, aún pendiente, los ordenadores raptan sus letras.

La relación entre la letra y el texto, un ejemplo:

La heroica ciudad dormía la siesta. El viento Sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el Norte. En las calles no había más ruido que el rumor estridente de los remolinos de polvo, trapos, pajas y papeles que iban de arroyo en arroyo, de acera en acera, de esquina en esquina revolando y persiguiéndose, como mariposas que se buscan y huyen y que el aire envuelve en sus pliegues invisibles. Cual turbas de pilluelos, aquellas migajas de la basura, aquellas sobras de todo se juntaban en un montón, parábanse como dormidas un momento y brincaban de nuevo sobresaltadas, dispersándose, trepando unas por las paredes hasta los cristales temblorosos de los faroles, otras hasta los carteles de papel mal pegado a las esquinas, y había pluma que llegaba a un tercer piso, y arenilla que se incrustaba para días, o para años, en la vidriera de un escaparate, agarrada a un plomo.

El tipo más moderno de letra, en su redondez y apelotonamiento, pretende aplastar la dificultad y vencer al lector.

Aunque el peligro de toda nostalgia es la regresión. Mientras que el desprecio al pasado entraña, en su forma incruenta, el ridículo.

El ladrón de noviembres

Sábado, 5 de diciembre de 2009

La única impaciencia es la mía. El ansia por la normalidad. La expulsión de toda molestia. No importan los motivos. Excluyo las frases largas. Aquí estoy. Hace viento sur y últimamente sólo actúo por obligación. ¿Últimamente? Los adverbios sólo dan problemas: –mente. Como las preguntas. Ni en telegrama logro ser sintético. Apenas el sentido escoge a la palabra. Y el punto y seguido es su guillotina. Tal vez la excusa, tal vez el menoscabo.

***

En una carta enviada hoy y escrita el lunes, puede que haya redactado una íntima claudicación.

***

Me perdería en los antecedentes, basta con que no figure noviembre 09 en Ius et Libertas. Un año con once meses cuestiona muchas cosas. Muchas mañanas al despertar, quería llegar hasta aquí y al final del día, con la escasez, culpabilizaba a las horas robadas; obviando que yo era el ladrón. No hay nada más estúpido —ni más baldío— como robar un mes.

***

Ha salido a la calle un nuevo periódico Factual. Me he suscrito porque cada día más, detesto la falacia del gratis total, en la misma medida que el dispendio o la glotonería sin límites. Hasta ahora, no he podido manipularlo, ir de un sitio a otro y leerlo como yo leo los periódicos, rastreando las opiniones. Teniendo en cuenta que los periódicos hoy regalan lavadoras, Factual es un breviario del día, que agradecemos todos aquellos que no queremos comprar en el quiosco una lavadora. Lo importante es que no quiere imitar al hermano mayor (la prensa escrita) y eso, de momento se nota, con el tiempo nos acostumbraremos a verlos como artilugios distintos.

Habría mucho que decir, pero de momento lo mejor es leer. Aunque el editorial de hoy sea demasiado sencillo y no especifique que en realidad, lo que se plantea es si procede la extradición. Este tipo de procedimientos no son baladí, porque la justicia no es en todos los países igual, como tampoco la soberanía.

Leo con verdadero interés las crónicas de Jordi Pérez Colomé, la mejor forma de enterarse de muchas cosas en poco tiempo. No hay nada más sensato que informar sobre el Imperio, ni tampoco nada más extraño cuando la mayor parte de la información internacional sobre Estados Unidos se transmite cuajada de juicios de valor y graves consideraciones de orden moral (paja).

Me ha encantado la cabal despedida (más que un obituario al uso) de Jordi Solé-Tura. Tengo entre mis manos el primer libro de Derecho Constitucional que estudió mi padre ‘Instituciones Políticas y Derecho Constitucional’ de Maurice Duverger, una edición dirigida por «Jorge Solé-Tura» (1970). Y la marca está en la página 526: “C) Las semidictaduras”:

Bajo esta denominación, se clasifican los regímenes intermedios entre la dictadura y la democracia occidental, más próximos a la primera, pero con algunos elementos reales —no sólo de camuflaje de su autoritarismo— de la segunda. América latina proporciona algunos ejemplos de tales regímenes. Su aspecto dictatorial se debe, ya a un sistema de partido dominante, ya a la tutela ejercida por el ejército. Siempre se tropieza con las dos fuerzas de base de la dictadura: el partido o el ejército (…)

***

No fue un desistimiento. Tampoco una baja. Ni el fin de la batalla. Llamémosle atajo. Ustedes no han estado tan mal. Barrunto que bien. Me temo que aquí me tienen. De nuevo. 

La parábola de los ajedrecistas

Domingo, 27 de septiembre de 2009

La imagen de Karpov y Kasparov compitiendo de nuevo, me resulta nostálgica. El recuerdo a aquellos años en los que jugueteaba, más o menos en serio, con las piezas de ajedrez. Entonces, los telediarios informaban sobre los principales torneos (Linares, Jaén es un buen ejemplo), y cada partida era una pequeña epopeya. Una guerra reducida a la estupenda escala de lo incruento.

Aquí el ajedrez sigue gozando del prestigio que tienen los frikies. Y de la desconfianza que suscitan las minorías, que disfrutan con una buena apertura o un ataque contundente. No he desarrollado esa sensibilidad porque mi cabeza no puede anticiparse hasta ese punto. Pero admiro a quienes pueden y lo explican al resto.

La veteranía se impone como un valor absoluto. Experiencia y experto son hijos etimológicos de experientia; lo que anima a que se establezcan lazos indiscutibles entre el transcurso del tiempo y la eficacia. De otro lado, en sociedades en las que la vejez se mide por segundos, es casi imposible ser joven (mucho más si se está en la treintena); y se alimentan estúpidos debates sobre la conveniencia de que sea una cara joven la que presente los telediarios en prime time.

La cruda apelación al valor intrínseco de una u otra condición es ridícula. Sin embargo, es una potente arma para callar la eficacia de los jóvenes inexpertos o la de los experimentados senior. Se supone que el criterio del tiempo es neutral, la antigüedad es algo objetivo; pero no lo es menos, el resultado de su tarea. Veteranos frívolos y pretenciosos, o jóvenes ineptos se benefician, dependiendo de la moda, de ese valor objetivo que fatalmente portan.

La conclusión es desoladora. Nadie quiere poner nota al trabajo real; y en pos de la objetividad, se acuden a otros criterios imparciales, que no seleccionan con eficacia, ni se aproximan a hacerlo.

El ejemplo puesto habla, sin embargo, de dos veteranos que no pudiendo estar en la élite de un deporte que exige juventud; pueden hacer algo que los jóvenes no han logrado, reivindicarlo.

Mañana mejor

Sábado, 11 de julio de 2009

La falta de frecuencia en el blog se debe a la correlativa falta de tiempo. Aquel versículo maternal de que ‘hay tiempo para todo’, nunca ha sido cierto, pero proporciona el suero que alimenta al esfuerzo; supongo que su prédica es obligación de todas las madres.

En este semestre me han ocurrido muchas cosas que no he podido anotar.

No me acostumbro a querer verlo y sobre todo escucharlo. Nadie se acostumbra a haber muerto. Supongo que le gustaría leer lo que escribo, y que arrancaría las hojas de este blog para guardarlas como hizo con muchos de mis escritos, que ahora encontramos anotados. Son esta suerte de presunciones las que sustentan a los vivos.

He aprendido a trabajar, en un inmejorable entorno. Y podría derribar todos los tópicos que rodean al funcionariado.

Desprotegido del enrejado que rodea (y embrida) al opositor, he visto como la frivolidad gobierna a toda una generación. Sorprendiéndome, al salir de ese caparazón, de que las chicas que hablan recto son pocas y que las metáforas y tópicos son su perdición.

Formo parte de ese enredo, en medio de un plácido verano, sin letras que protestar y respirando sin melancolía, un aire de optimismo.

A ninguna parte

Sábado, 20 de junio de 2009

«Si tuviera hambre
no sería cartógrafo de nada»

 
Esta declaración al final del primer poema, coloca filosóficamente a su autor, Moncho Martínez Castro[*]. El arte como ociosidad. No es cierto del todo, porque ha habido muchos poetas hambrientos, y no por serlo. No obstante, estoy de acuerdo, el arte fundamentalmente es una evasión de la realidad, y sus productores gentes acomodadas que pueden emprender fantásticos viajes, con cierta despreocupación. Viajes a nayundes (a ningún sitio).

En los ratos libres, Franz Kafka en la aseguradora, transformaba a Samsa en cucaracha. Aquí, el bancario compone poemas observando al mundo a través de la ventanilla de una cooperativa de crédito. Sospecho que es un mundo lleno de entretelas y cortantes, en el que aparece la muerte y una innecesaria pretensión de superfluidad. Esa melancolía tiene sentido. El cartógrafo mata para siempre, en cada uno de sus trazos la tierra que pisa.

Mientras que el autor toma nayundes como ninguna parte, la misma palabra es traducida por el profesor Neira como en alguna parte (Diccionario de los bables de Asturias, Oviedo, 1989, RIDEA). Puede que ninguna y alguna parte sean el mismo sitio, un confín innombrable o como dice más adelante el poeta, un simple olvido («pensando que en la patria está el olvido»).

***

El suplemento cultural advierte que vuelve a haber demanda de novelas de amor. Las causas se confían a hartazgos supuestos y como siempre, a la eterna descomposición del individualismo. El amor eterno nunca ha dejado de existir, aunque no ha abundado. Lo común no es vivir una novela, sin embargo, no debe minusvalorarse su papel como referente. Ahí tenemos al cine, y cómo algunos seres replicantes se meten en personajes imposibles (de películas reconocibles) para vivir su vida, llenándola de tribulaciones y angustias dignas de la mejor ficción. Con todo, la inestabilidad emocional o la banalización del amor acaban teniendo su coste. Nos lo muestra a la perfección la literatura, un amor imposible sólo es un amor a destiempo.

***

lazo_negro200

La ráfaga de frío nos ha vuelto a envolver. En esta ocasión hay una diferencia, todos los mensajes son claros. Es el primer éxito del gobierno de unidad nacional en el País Vasco: ya no cuentan con la munición de la ambigüedad.

 


[*] Cartografía de nayundes. Moncho Martínez Castro. Trea, 2009.

La silenciosa metáfora

Domingo, 14 de junio de 2009

El silencio sepulcral no debe ser interpretado. Quien calla nada dice. Sin embargo, una gratuita necesidad de respuesta, hace que se acabe de dar a la callada un sentido. Casi siempre despreciativo (no hay mejor desprecio que no hacer aprecio); como las cosas pasan tan deprisa, al silencio se le superpone la rutina y uno se cura fingiendo haber olvidado. Silencio y olvido. Una mezcla demasiado decrépita para un verano sin prórroga.

Un boxeador sonado se levanta a duras penas de la lona, mira alrededor y creer oír un tumulto de gritos, pero en realidad no oye nada, el golpe encajado le ha atolondrado y ni siquiera distingue con claridad al púgil contrario que a duras penas logra contener el juez. Se tambalea y cuando las piernas tientan con no sostenerle, (se boxea con los pies), arrastra su pesada cabeza hasta la esquina y se rearma. No oye a los suyos, pero borrosamente ve como abren la boca y se descoyuntan, y es que boxea con ellos; y eso basta.

No todo es trascendente. A penas hay cosas que lo sean, si es que aceptamos que puede haberlas. Lo enseña el tiempo;  los libros de Historia y cierta poesía:

No temas hacerme daño.
Yo soy fuerte como una niña pequeña.
puedo caerme cien veces y cien me levantaré
sin haber aprendido que es el miedo.
[…]
Y si no me haces promesas ni preguntas
y has logrado no olvidar tu camino de regreso
no habrás de temer ningún daño:
antes de huir te mataré de un disparo
y así despertarás cansado de estar muerto.

(El futuro de la aviación, Lidia Bravo)

Deja de ver luces chispeantes, percibe aunque no con claridad, el rugido estruendoso del pabellón. Sin reticencias, las piernas vuelven a sustentarlo y su barbilla se despega del pecho. Han pasado apenas unos segundos, pero sigue sin haber metáfora que lo aguante.