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Reforma

Sábado, 13 de Febrero de 2010

Es carnaval. Los caminos están nevados a pesar de los últimos diagnósticos. Sólo la fiereza de la prisa infantil justifica el continuo anuncio de la salida de la crisis. Las profecías han perdido crédito, cuando haya menos paro la crisis habrá desaparecido y no será necesario dictamen que lo advere. Mientras tanto, perdemos el tiempo.

No hemos conseguido sostener el modelo. La fuerza de los hechos consumados nos empuja a imitar a la otra orilla, donde la recuperación tras la debacle es más rápida y donde por cierto, se hipotecan propiedades para costear una simple operación de apendicitis.

La profundidad de la crisis española no se mide sólo en enteros. La generación que gobierna, la primera pagada de sí misma, se basa en la negación de la realidad en sus formas más amargas. El error de la crítica interesada es la demonización individual. Un reduccionismo que vuelve, como si de una fatalidad se tratara a condenarnos. Sin expiación posible.

Antes que cualquier otra reforma, es necesaria la electoral. Los representantes tienen que aprender a sostener la mirada a los electores o en caso contrario, a hociquear humillados.

Pax socialis

Lunes, 8 de Febrero de 2010

La paz social ha concluido. La paciencia está colmada. La rendición ha sido amortizada. La contestación sindical siempre fue más virulenta con los compañeros de la izquierda. Por oportunidad o por miedo, los sindicatos suelen avenirse rápido y bien con los partidos de la derecha. Su renuencia a derribar a gobiernos despiadadamente liberales o conservadores es directamente proporcional a la alegría con que hacen lo propio y sin esfuerzo con los camaradas. Hay cambios que sólo puede hacerlos la izquierda. Sólo este gobierno (o cualquier otro de su mismo género) puede hacer que trabajemos hasta los 67 o exigir más años cotizados. Cosas que nunca, por miedo o por interés, hará la derecha.

La paz social se asienta sobre esta clase de tópicos. No es descabellado defender la vigencia de alguno de ellos. Y sobre todo, no es posible negar que funcionan bien electoralmente. El elector, por miedo o por conveniencia, necesita justificar su voto, ya sea con el espejo, con su pareja o con los compañeros de trabajo. El voto nunca es secreto.

La paz social ha soportado los primeros, y nada leves, embates de esta crisis. Puede que extrañara el papel de las fuerzas sindicales, su silencio. El gobierno cumplía sus propios designios y achicaba el espacio del reproche. La brecha entre el trabajador y el sindicato amenaza a la paz social. Las bases transmiten su descontento a los cuadros y éstos comienzan a maniobrar.

Queda preguntarse, y es desazonador hacerlo, si en tiempos de crisis es posible la paz social. ¿Es la paz social un lujo propio de los buenos tiempos?

En este caso, sólo ha sido una prórroga.

Cincinnati, OH.

Domingo, 20 de Diciembre de 2009

(Segundo encargo)

Regreso al interior de Estados Unidos, siempre a lomos de Henry James, es inevitable. El interés es saber cómo van las cosas, las últimas noticias las tomo de Pérez Colomé. El recreo se ha acabado.

En Cincinnati a las cuatro de la tarde hace frío, dos o tres grados bajo cero. Las aceras están nevadas y eso que los operarios municipales limpian sin descanso. Hace poco que ha parado de nevar. Esta ciudad se ha fundado sobre la memoria de Lucius Quinctius Cincinnatus, un dictador romano, que salvó a Roma y volvió al arado. Su imagen debería ser el contrafuerte de todo despacho oficial. Ha dado al vigésimo tercer Presidente, Benjamin Harrison.

Las indicaciones han sido claras, pero como siempre sobre el terreno me pierdo. Vengo de la calle Elm, donde me he fotografiado delante de la imponente fachada del Music Hall of Cincinnati, he atravesado el Washington Park, y por fin encuentro el Courtyard Café en Main Street.

Me quito los guantes y oteo en qué mesa se encuentra Rachel Sullivan. Después de los saludos, y pedir un café caliente con galletas (o algo así), mientras ella lo transmite al joven camarero, yo miro alrededor.

—No es un milagro, es un político —me espeta, como contestación a los correos electrónicos cruzados. —Tenía que haber dificultades y las está encontrando, nadie dijo que fuera fácil ni rápido.

Habla del Presidente Obama, y Premio Nobel de la Paz, a la sazón, como pensamos muchos, el primer Presidente del Mundo. Así que yo niego la mayor, es un milagro. Todo el mundo espera que las soluciones provengan de él. Le piden que se olvide de los específicos intereses norteamericanos y administre el mundo. Eso sólo se pide al Papa, y Su Santidad nos bendice: Urbs et orbi.

Sonríe. Una sonrisa amplia y distraída, con la que toma distancia o carrerilla, para recordarme que así sólo se le ve en el extranjero. Antes de que le replique: ¿qué es el extranjero? ¿de qué frontera hablamos?, sus manos se abrazan a la taza de café. Aventuro que ha dejado de pensar en nuestra conversación e intenta recordar si le queda batido en la nevera. Lleva el pelo recogido en una cola alta, atada por una goma disimulada por el propio cabello. Da un coletazo, porque gira bruscamente para volver a la conversación (no tiene que pasarse por el súper).

—Nos preocupa el seguro médico, y lo está consiguiendo.

    Posiblemente sea la reforma estructural más importante en mucho tiempo. Volvería al milagro, pero me quedo en la astucia, o en la audacia, da igual. Las empresas políticas costosas deben hacerse al principio, y así lo ha hecho. Ha tardado un año en conseguir la mayoría de 60 senadores, aunque pueda perderla en el siguente. Con todo, el objetivo está cumplido.

—Está cerrando Guantánamo.

También lo habría hecho McCain. Lo que no desmerece a esta Administración, aunque sí, e inevitablemente a la anterior. Un contraste grotesco.

Nos adentramos en un debate sobre la proporcionalidad de las decisiones políticas. Lo que nos lleva al terreno de las guerras justas, principio proclamado por Obama al recoger el Premio Nobel de la Paz. Ahora soy yo el que se despista, de pronto me doy cuenta que a pesar del frío, a Rachel una vez desprovista de su plumífero, le basta un fino jersey de lana de cuello de pico, azul marino, sobre una camiseta blanca. Aquí atizan el fuego sin cuidado. La miro entregada en la defensa del Presidente, y no digo nada. No quiero acabar hablando de Copenhague.

Me acompaña hasta el taxi. Antes de cerrar la puerta, concluyo: he’s a miracle worker, we know. Sonríe y agita su enguantada mano. Hasta pronto.

Bárbara confusión

Miércoles, 9 de Diciembre de 2009

Puedo estar tranquilo. Sólo se accede a la ciudadanía por la lectura. Aquí mis dos motivos de tranquilidad: primero y segundo.

Distinguir es muy enojoso, pero siempre conveniente. Sobre todo ante extraños sucesos: la confusión de la huelga de hambre de la activista Haidar con el asunto del Sáhara Occidental; y todo ello con cómo se las gastan nuestros vecinos, que descubren que para respetar las más elementales leyes sólo disponen de inconfesables razones. No pienso desenredar esta madeja, ni conjeturar sobre si la situación fue sobrevenida o tramada.

El momento en que se descolonizó el Sáhara no justifica la posterior actuación de la España democrática. A paso sosegado, todos nuestros gobiernos han pasado de defender la autodeterminación (caso en el que este derecho resulta verdaderamente aplicable), a un régimen de autonomía dentro de Marruecos o a extrañas y oscuras soluciones que acaban por arrinconar a nuestros antiguos súbditos. Sin problemas.

La huelga de hambre es un método impropio para alcanzar objetivos en una democracia (el fin no justifica los medios) e inútil para conmover a regímenes autárquicos. A pesar de ello, está sirviendo para que los grupos de presión que legítimamente defienden —se supone— la autonomía o independencia del Sáhara,  alcancen un estéril protagonismo. Ineficaz porque no logran su fin y no aciertan con el medio para alcanzarlo. Y no es difícil. Bastaría con que hiciesen campaña por el partido político español que apoya la causa. Se me objetará que ante la urna hay más prioridades. Responderé que no lo creo cuando se está en disposición de dejar morir libremente a una mujer. Recapitulo: la gravedad de una muerte consentida y justificada es incompatible con el mantenimiento de cualquier otra posición que les impida, aparte o aleje de su evitación.

Cuando un país admite que cumple las leyes bajo condición de que le favorezcan. El otro debe retirar el favor… y por supuesto, hacer que se cumplan.

Disappointing

Domingo, 4 de Octubre de 2009

La inocencia con que nuestra generación (completa y materialmente satisfecha) hace introspección, obliga a  un mínimo repaso. Los objetivos han sido razonablemente cumplidos. Aunque no suela decirse, todos los tenemos y a quien mejor se rinden cuentas es al tiempo; que con excepción de los niños y viejos, suele dar vértigo.

  Me sentaría esta mañana en cualquier banco a la orilla del Potomac. No es un lugar elegido arbitrariamente, pero no me demoraré en una inservible justificación. Baste indicar que quizá me sienta como un personaje de Salinger (al que no tengo tan leído como quisiera), haciendo tiempo, o esperando, que es lo mismo.

Pensaría en los límites de la elección directa y el asamblearismo. En cómo una idea magnánima se desborda en el cubo de la realidad. Cómo el resultado acaba reducido a un regocijo subjetivo, y tan emocional como el que podría haber provocado el método opuesto. Aunque nadie podrá pasar por alto el ensayo, pero tampoco negarse a ver en él, una atomización ineficaz, si se quiere, un despilfarro de fuerzas, del que será muy difícil, o acaso imposible, extraer un discurso sustancial.

Supongo que por fidelidad con el autor, acabaría, clavado en un andén. Estoy a la suficiente distancia como  para permitirme toda clase de idealizaciones, pero la edad ya no me acompaña, y no puedo evitar referir una cierta decepción.

Un olvido (de tantos) de mi hermano, me permite escuchar a Simon & Garfunkel en Central Park, perfecto para un ataque de nostalgia, y de paso, para no cambiar de costa.

De Lane sólo querría su abrigo y debo confesar, que a quien espera. Nunca escribiré nada de Flaubert, y mi ambición la colmaría el tren embocando la estación.

La disidencia española

Domingo, 6 de Septiembre de 2009

La interpretación psicologista, según la cual, todo desplante presupone una frustración propia; se impone inopinadamente sobre las insolubles discrepancias que llevan al abandono. De este modo, el débil cauteriza la herida: “los que se van son traidores”. Los disidentes, persuadidos de que su opinión ni siquiera es atendida, se refugian en los tópicos y no suelen señalar de forma expresa los motivos que les hacen abandonar el grupo. Aluden a que sus ideas persisten y allá donde vayan les acompañarán. Las ideas por sí mismas no se realizan, de ahí que en la democracia sea sumamente importante cómo y quién las lleva a cabo. Faltan más críticos consecuentes.

El artículo del profesor Peces-Barba abre este debate, en los límites de la estricta corrección política. Y la renuncia de Jordi Sevilla ilustra el fenómeno.

Hay algo más, la cabal discrepancia resulta un privilegio. Los que se van, son los que tienen a donde irse. No es difícil pensar, ni tampoco conocer, más casos de incomodidad íntima que sólo se soporta por razones de supervivencia (el político famélico).

La hegemónica interpretación al principio aludida, es comúnmente aceptada y muy difícil de combatir. Sin embargo es mucho más plausible pensar que la frustración (la caída en desgracia) se deba a la inmunidad argumental con que se blinda el discurso oficial. A medio plazo este postulado será ridículo, y podrá comprobarse leyendo las desesperadas defensas que hoy se escriben y los miles de blogs en primer tiempo de saludo.

El disidente es traidor por desobediente. La disciplina suele ser otro poderoso motivo para la contención de la crítica, o para que estas se limiten a juegos de salón. En una sociedad libre, este tipo de obediencia sólo casa con el miedo reverencial, con el caudillismo ideológico.

Por tanto, discreción y disciplina suelen acompañar a la disidencia española. Si esta tiene la calidad de la que de forma incesante se está manifestando en nuestros días, sus efectos, no obstante lo dicho, tardarán en manifestarse, pero serán inevitables. Aunque la gran tribu tenga la tentación de ignorarlos.

El mito de la unidad y la transversalidad como problema

Sábado, 18 de Julio de 2009

El anodino tratamiento informativo que se está dispensando a UPyD, nos devuelve estos días un paisaje de luchas intestinas y cabildeos que tratados con amable profesionalidad, engordan el viejo augurio de su inviabilidad. Algo que no debería descartarse, a lomos de un temerario optimismo. No obstante, no hay tanto un peligro, como una amenaza, lo que resulta ventajoso, ya que ese estado admite prevención para que el peligro no acabe por acechar.

El estupor con el que los observadores escudriñan los abandonos –sin justificación ideológica ni política, hasta el momento—se funda en el mito de la unidad del partido. Ningún partido político es uniforme, sus soldaduras son siempre aparentes y efímeras; mientras que las naturales fracturas suele restañarlas la recompensa del poder y en el que no lo tiene, se manifestan toda clase de divisiones. Nuestra historia democrática así lo demuestra y la de todo el mundo lo corrobora, como ejemplo véanse los bandazos del GOP en Estados Unidos.

Por tanto, el asunto tendría mucho interés si se cuestionaran los postulados programáticos del partido, no es así y sólo se escandalizan quienes deben hacerlo: los cínicos. Lo que no quiere decir, que sea inocuo, muy al contrario, desde hace tiempo se sabe que en la arena política no sólo concurren argumentos políticos. No habiendo crisis, en sentido estricto; y repito sería muy interesante que los discrepantes manifestasen concreta y detalladamente su criterio; bueno es crear su apariencia para debilitar a una estructura capaz de superar la barrera electoral y potencialmente decisiva en las siguientes elecciones. Puede que funcione el qui prodest? Aunque no soy partidario de conspiraciones y doy por buena una explicación más sencilla. El escándalo proviene de la ingenuidad, de confundir un nuevo partido de discurso definido, con una corporación de virtuosos, ajenos a las tensiones propias de cualquier organización. Con todo, estas circunstancias se están ventilando públicamente, lo que concuerda con una inequívoca voluntad de regeneración democrática. La coherencia tiene sus riesgos, y uno de ellos es la presunción de que quien se va, tiene nobles razones para hacerlo.

A todo ello contribuye, el irrenunciable discurso de transversalidad de UPyD, que no apareja ninguna ventaja en el terreno electoral (donde la claridad de la etiqueta izquierda/derecha se premia) y que sin embargo ha propiciado ya un cierto reposicionamiento político de los demás operadores. En muchos casos, ha habido un cambio de partido, pero no de ideas. El juego de pares es muy eficaz, por simple, así, cualquier cuestión que se suscite: aborto, privataciones &c.; recibe de antemano una contestación clara y contundente dependiendo de quien proceda. La posición de los dos grandes bloques se adivina, incluso antes del debate. Si hay que empeñarse en un análisis más profundo, cuyas conclusiones dejan de ser unívocas, y las soluciones propuestas son mixtas (al menos, desde la lógica imperante de debate dual); la transversalidad es un problema. Un problema necesario, que con independencia de los réditos electorales que ha dado y  en el futuro pueda dar, ya está influyendo en los demás y dificulta mucho la simplificación, es decir, funciona como potente antídoto a la mistificación de la que aquella siempre adolece.

La consolidación estructural de UPyD supone que la transversalidad ha pasado el Rubicón electoral, como en el resto de Europa: los liberales y verdes en Alemania, Bayrou en Francia o el Partido Liberal Demócrata en Inglaterra. Terceros partidos que han dado estabilidad al sistema, es decir, garantía de prosperidad; lo que deja claro las bajas pasiones de los que aquí se escandalizan.

Insider or outsider, that’s the question

Sábado, 6 de Junio de 2009

El pasado domingo, ‘Negocios’ el suplemento sepia de ‘El País’ publicaba un interesantísimo artículo firmado por Ramón Muñoz sobre el fin de la clase media. Es como leer la propia esquela, o al menos, la esquela de un pasado que recuerdo apacible y estable. La prosperidad, siempre exclusiva y excluyente, ha venido a lomos de la ficción de que las clases han desaparecido, o al menos, que la clase trabajadora, asalariada o proletaria ha promocionado, ya son propietarios. La crisis revela que no es cierto, pero mucho antes, había mileuristas y salarios tan exiguos que no permitían alimentar a una familia.

El panorama que se nos ofrece es desalentador:

«(…) Con bastante aceleración se irá formando un grupo de personas necesarias que contribuirán a la generación de un PIB cuyo volumen total decrecerá en relación al momento actual, personas con una muy alta productividad y una elevada remuneración (razón por la cual su PIB per cápita será mucho más elevado que el actual), y el resto, un resto bastante homogéneo, con empleos temporales cuando sean necesarios, dotados de un subsidio de subsistencia (el nombre poco importa) que cubra sus necesidades mínimas a fin de complementar sus ingresos laborales. La recuperación vendrá por el lado de la productividad, de la eficiencia, de la tecnología necesaria; pero en ese trinomio muy poco factor trabajo es preciso. Pienso que la sociedad post crash será una sociedad de insiders y outsiders: de quienes son necesarios para generar PIB y de quienes son complementarios o innecesarios.»

El ideal liberal de democracia se desvanece, ya que se trataba de extender la autonomía y la libertad, para que fueran muchos más los que puedan decidir de forma informada y sin estar sojuzgados. Para ello, el principal instrumento era la instrucción, pero la verdaderamente buena, la que anticipa al individuo a los problemas que tendrá que encarar es muy escasa y cara. Los insider dirigirán el mundo, sin vínculo alguno con los outsider. El siglo XXI puede estar regido por un despotismo plutocrático (que bien puede ser ilustrado, aunque no necesariamente).

Los frívolos discursos políticos con que nos cuecen, son signo inequívoco de que cuentan más la anécdota, las astracanadas que el mismo gobierno.

«Puede que no sea muy romántico advertir de que, tampoco esta vez, seremos testigos de una revolución, pero es muy probable que la caída del bienestar se acepte con resignación, sin grades algaradas, ante la indiferencia del poder político, que llevará sus pasos hacia la política-espectáculo, muy en la línea de algunas apariciones de Silvio Berlusconi o Nicolas Sarkozy, cuya vida social tiene más protagonismo en los medios de comunicación que las medidas que adoptan como responsables de Gobierno»

También hay ejemplos patrios, que ilustran perfectamente cómo el show ha comenzado.

El bienestar es inviable si se hace a costa de subsidios, de subvenciones, pero es insostenible si se pretende articular como una misión individual, en la que el sujeto debe luchar contra los demás aun cuando esa lucha sea a muerte.

Amén de que los sistemas puramente privados no son siempre eficientes. Un clamoroso ejemplo es el sistema sanitario norteamericano, vinculado a la actividad laboral (con trabajo hay seguro médico y sin él la familia queda desprotegida). El gasto público sanitario per capita en EEUU es el más alto del mundo (6.347 dólares por alma frente al español de 2.260 dólares), pero sólo cubre a un 52% del gasto de los ancianos, un 7% de la población definida como indigente médico y un 100% del personal militar. Esta última cobertura universal, se explica porque el programa sanitario de los Veteranos (militares en situación activa y pasiva), es enteramente público (tanto su financiación como la provisión de los servicios son federales). [Información tomada de Vincenç Navarro, Crisis sanitaria y crisis económica en EEUU: ¿cómo están relacionadas?, Temas para el debate, núm. 174].

Esta es la realidad que seguimos mirando desde trincheras metafísicas, donde las personas y su bienestar quedan al albur de grandes teorías que ocultan perfectamente la falta de valor para enfrentarse a los problemas y liderar soluciones.

La transversalidad es la única esperanza posible que nos queda, antes, de tomar parte, sin consideración alguna, en la encarnizada lucha por ser un insider.

Corner meeting

Miércoles, 3 de Junio de 2009

Martes de Campo. En la Plaza de la Escandalera, al caer la tarde, el profesor y maestro Sosa Wagner toma la calle y la palabra, con el único objeto de persuadir. Convencer a ciudadanos libres sobre las bondades de la opción que representa. Es un hecho insólito, en un país en el que con desparpajo, se ha enlatado la democracia. Los mítines son para los convencidos, como las misas para los creyentes o el horóscopo para el supersticioso; ocupar la calle y exponer a viva voz ideas, sometiéndose luego al interrogatorio del público, repugna a los viejos y grandes partidos. Cuando observaba a mi alrededor, la congregación me recordaba a las reuniones que los candidatos norteamericanos hacen en los salones de las casas, con pastas, café y preguntas indigestas. Parecía un caucus, donde la importancia del voto es la importancia del ciudadano.

Quienes saben que esto regenera la vida política del país, para no tener que cambiar su voto, apostillan que durará poco. Puede ser. No obstante, como escribió Borde y en este trance, tantas veces me repito: «no hay nadie más estúpido que el que no hace nada porque sólo puede hacer un poco.» En todo caso, esto está sucediendo aquí y ahora, y nos compromete.

Don Francisco Sosa Wagner, el domingo y don Fernando Maura, el viernes, esbozaron un programa europeísta, que pasa porque se apruebe el Tratado de Lisboa y nos dotemos de estructuras de Gobierno más estables, y por tanto, mucho más sólidas. Conscientes de que Europa es un sueño que trabajosamente va trasmutando en realidad.

El 7 de junio sabremos cual es la magnitud de nuestra fuerza y será el día en el que se podrá fechar la consolidación. Por eso creo que quienes obvian el fenómeno, es porque en realidad, lo dan por descontado. El domingo es la hora de la prueba.

Nota.- Obama no se presenta a estas elecciones.

Entiéndelo

Sábado, 23 de Mayo de 2009

Por fin es 24 de febrero

Viernes, 24 de Abril de 2009

Anatomía de un instante. Javier Cercas busca explicar el 23 de febrero a partir del aguerrido gesto de Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo. Lo extraño es que lo consigue. Ha escrito un relato lineal, concienzudo, desechando las cábalas y exponiendo con verosimilitud los hechos. En realidad, coqueteando con la ficción (el fatal sino del escritor), ha conseguido poner fin a una historia interminable. Para valorar el logro, su lectura habrá de reposar y ser convenientemente cernida. Los que sólo sabemos por referencias ajenas, qué estábamos haciendo aquella noche, el que por fin amaneciera, nos ha aliviado, y en qué medida.

Los periodistas han urdido trabajosamente una trama inacabable, llena de flecos, de equis sin despejar, de silencios, de dudas, de insinuaciones, de fingimientos, de sombras… Con hechos deslavazados, alguna coincidencia pertinaz y extrapolaciones históricas tan extravagantes como socorridas, el 23 de febrero era un enigma sin resolver. Una conspiración más. No es que seamos conspiradores de café o salón, esencialmente somos un pueblo de conspiradores literarios. Lo sorprendente aquí, es que sea un escritor quien haga el conjuro expulsando a los demonios. La explicación sencilla se impone con estridencias, y expurga el rastro mítico del 23 de febrero. Ya no hay personajes inmaculados; la contradicción hace mella en todas las almas.

La ficción que contiene el libro se reduce a largos excursos basados en interpretaciones psicologistas. Marcadamente verosímiles, incluso conversaciones que si no ocurrieron así, hubieron de aproximarse. Cercas las recrea con sencillez, mostrando el lado más romo de personajes cebados por un instintivo e histriónico sentido de la responsabilidad histórica, bien como salvapatrias, bien como garantes del orden coronado. Y en todo caso, si no hubieran existido o si en medio del asedio hubieran conferenciado sobre la teoría del Estado, es decir, sin urgencia ni nerviosismo; insisto si así fuera, el libro quedaría indemne.

Los tres personajes que se mantienen erguidos, dirigen la narración, dirigida, insisto, a dar un final a una historia suspensa. El 23 de febrero pone fin a la transición y sepulta a los tres hombres. El presidente Suárez culmina de pie su obra, podría decirse, apurado por la lectura del libro, que nuestro hombre son sus gestos. Además de ese gesto, todos retenemos el rostro aliviado con el que vivió la aprobación de la Ley de Reforma Política, que acababa para siempre con quienes la habían aprobado.

Los lectores nos preguntamos: ¿a quién deja bien el libro? ¿con quién ajusta las cuentas el autor? ¿qué defiende? No hay respuestas, porque Cercas se aleja apoyado en datos. La realidad nunca corona a nadie, salvo que medie la fe de la secta. Por eso el libro desconcierta tanto, porque habla de la «placenta del golpe» de quienes limpiaron, armaron y cargaron aquellas armas. Expiadas todas las culpas, con el juicio a aquellos militares atrabiliarios y anodinos; las otras responsabilidades no desaparecieron, el libro las señala con claridad. La distancia parece traerme un cuadro de sujetos que se manejaron con cierta frivolidad, desestimando la amenaza o fantaseando frenarla con una operación ‘De Gaulle’ a la española. Delirante.

Javier Cercas ha desprogramado cualquier intento de consolidar una versión oficial, que por definición deje a todos bien parados. Al tiempo que ha evidenciado la insostenibilidad de un acontecimiento inexplicado, o de una trama velada. Ha puesto el guión de la película del 23 de febrero. El libro debería traducirse pronto al inglés y caer en las manos de Oliver Stone; de no ser así prefiero que el libro sea libro.

Cuentos de la otra orilla

Sábado, 4 de Abril de 2009

Más allá de la literatura, los periódicos y la imaginación nunca he hecho el viaje. El salto es notable, aunque quizá lo sea más la especulación que lo envuelve; puestos a comparar hay pasos de más honda trascendencia. En todo caso, queda cualificado por el furor con que los mortales observamos el poder. Y el imperio sigue en la otra orilla.

La metáfora es manida. Insoportable. Su uso informa bien de la decrepitud, del juego que han dado los ríos y sus márgenes; en definitiva, la geometría de dos líneas paralelas que nos traen desazonadoramente la inexistencia de cualquier límite al que nombrar por «fin». La metáfora presume que los dos lados son opuestos, una recta dividiendo a contrarios. Se trata de un pensamiento binario, uno y el otro; simplista hasta la extenuación, maniqueo: amigo y enemigo.

Las críticas que la prensa diseminó con ocasión de los viajes del anterior Presidente americano, sanas, al denunciar los cabeceos de ministros de países soberanos, atinadas al señalar las trágalas y el sometimiento incondicional; se silencian ahora de forma injusta.

El alborozo, la alegría exagerada, la sobreactuación, los guiños, las risas, el gozo desmedido con el que aplauden y festejan entusiasmados su venida… Deberían tratarse con aquella misma severidad. Al fin y al cabo, se encuentran para tratar asuntos serios, incluso para defender posiciones contrapuestas para lo cual no conviene haber caído previamente en ese agasajo empalagoso, y hasta cierto punto, cómico. Es fácil pensar lo que el matrimonio Obama habrá comentado al respecto en privado. Los europeos reducidos a la misma unidad que los romanos de Astérix.

***

En el Parlamento vasco la presidenta, que no habla vascuence, se ha visto en la obligación (política) de hacerlo, de reproducir sonidos aprendidos para la ocasión. Lo que demuestra el arraigo del nacionalismo, incluso en una situación tan grata como esta. No había necesidad ni obligación legal[*] de emplear una lengua que no se conoce, no hablar una lengua no es signo de hostilidad hacia ella y mucho menos hacia sus hablantes. Pero, como se conoce, las lenguas para los nacionalistas, como el resto de cosas, importan más que las madres.

Con todo, este tipo de exigencias deben demostrar que a pesar de la derrota, el nacionalismo se ha apropiado del paisaje. En Cataluña este asunto se ve bien, su presidente prefiere hablar en catalán mucho peor de lo que haría en español. Es una cuestión de principios.

Los ingenuos que defienden que la recuperación de los idiomas ‘vernáculo-ancestrales’, no tiene connotaciones políticas, que oigan bien a la joven del PP, recia conservadora, improvisando para la galería; de la misma forma que los ‘Stone’ tratan de pronunciar al comienzo del concierto: «¡Buenas noches Madrit!» Folclor nada inocente.




[*] El artículo 6.1 del Estatuto de Autonomía del País Vasco establece el derecho a hablar vascuence, no la obligación

El individualismo exhumando al intervencionismo

Sábado, 14 de Marzo de 2009

Acabará sucediendo de semana en semana. Y un blog es precisamente lo contrario. Debería ordenarme.

El mundo socializa las pérdidas de las grandes compañías. El mundo es un campo de fútbol. Ahora pasa lo mismo que ocurre con los clubes de fútbol, se endeudan y el dispendio lo sanan caritativos ayuntamientos y temerosos alcaldes. A pesar de la creciente irritación y sin estar seguro de hasta dónde llegará, la única solución es la aportación del Estado, el sacrificio del contribuyente. La teoría del mal menor. Crecerá el paro hasta límites insoportables y los impuestos no bajarán sino que es probable que suban y  lo obtenido se transferirá a las empresas ¿Alguien las urgirá para que en la recuperación tramiten ágilmente las readmisiones? Los números gordos nos dirán que se recuperará el empleo y que donde había paro, hay menos. La abstracción aplasta los dramas personales y es también, la única solución.

El sistema capitalista visto sin más, resulta ser un mecanismo alentado exclusivamente por el lucro. Hasta esta crisis, podría pensarse que junto con el lucro (la mano invisible) había una teoría, un conjunto de principios que explicaban cabalmente el sistema. No es así. El individualismo y su versión atenuada de la sociedad civil, nos prometían soluciones para todos los problemas. Resultaba épico leer las soflamas sobre las bondades de la iniciativa privada; los emprendedores eran una nueva estirpe que parecía estar mejorando la especie. Incluso y he de confesarlo, creía que la auto-regulación iba a acabar no sólo con las Circulares del Banco de España, sino también y una vez que se perfeccionase la técnica, tal ingenio se llevaría por delante leyes orgánicas y alguna constitución.

El antropocentrismo parecía una broma al lado de ese individuo renovado, que envía a sus hijos a un colegio privado, que paga religiosamente un buen seguro médico, que en su urbanización (sólo puedo pensar en propietarios de viviendas unipersonales) cuenta con una legión de vigilantes de seguridad privada, y que las cartas se las trae un chico de la UPS. Para comprar esa casita de tres pisos con piscina, este individuo libre no pasaba por notarías y registros, le bastaba sentarse en la barra de Lehman Brothers y contratar un seguro de evicción. Por su puesto, nuestro hombre sería un auditor que en la intimidad coquetearía con el anarquismo y otras licencias.

Sin embargo, el sistema en crisis responde a bocanadas pidiendo dinero al Estado, conviniendo en que se intervenga hasta que el nubarrón pase. Aquel individualismo, y nuestro individuo libre han desaparecido. Ni rastro de aquellos principios, lo que prueba que no eran tales, sino la coyuntural capa que envolvía al invento.

La única solución parece ser esta, pero que aquellos sacerdotes no se atrevan a darnos este sermón. Y que cuando intenten dormirnos con la nana de la flexibilización laboral, repasen la duración media de los contratos (encadenados) y se limiten a pedir más intervención al Estado. Conste que esta vez, se hace a su ruego.

El nacionalismo perdido

Viernes, 6 de Marzo de 2009

Los análisis electorales rigurosos nunca llegan, se invoca el argumento pro domo sua y finalmente todos ganan. Claro que unos más que otros.

Han perdido los nacionalistas.

En el País Vasco se rompe ese fingido fifty-fifty, son más los constitucionalistas. Una vez desalojados los fascistas de la eta, se ve mejor la importancia de la resistencia de la mayoría de la sociedad vasca.

En Galicia se probó el experimento catalán. Puede que estos resultados sean el índice de algo más importante, el cuerpo electoral comienza a penalizar los perfiles borrosos. En política comparada hay casos inquietantes: Israel, Francia o Italia; donde la izquierda moderada ha perdido un referente claro, bien por asimilar ideas ajenas o bien por querer abarcar discursos incompatibles (sostener uno y lo contrario). Seguiremos observando.

Es fácil pensar que tras esta alegría, llegarán los nubarrones. La investidura de un Lehendakari no nacionalista deberá ser secundada por los tres partidos constitucionalistas, incluso por la soledad de nuestro diputado al que sólo aritméticamente se puede dejar de lado. Tal fuerza simbólica no sé a dónde nos llevará. En Madrid el gobierno pierde a su aliado, y no tiene ninguno a mano sin que se descomponga la componenda catalana. El partido de la oposición alucinado por la victoria acosará al asalto de elecciones anticipadas. Sin presupuesto no se gobierna y octubre está, como quien dice, a la vuelta de la esquina. Al tiempo que la crisis digerirá a gobiernos enteros. Y en este ambiente alguien querrá acabar con el expediente de la financiación autonómica; todos sabemos de sobra, donde reside geográficamente la diligencia, los demás, holgazanes más o  menos disimulados.

A pesar de la complicación, se daría un hecho histórico, a saber, un gobierno de concentración o unidad nacional. No hace falta repartir carteras, para saber que hay algo, incluso más importante, por lo que merece la pena el riesgo de la asimilación. Los puristas de la democracia (que los hay a patadas), opinarán que es anómalo (anti-natura) este tipo de apoyos; pero mucho más lo es la comprensión al terrorismo cuya última muestra ha sido escandalizarse por los mazazos de impotencia y resignación colmada.

  La derrota no sería completa, si la lógica de las rencillas vecinales hace inviable el gobierno vasco. El nacionalismo se funda en la idea mesiánica de la necesidad, a sensu contrario, en la mortal contingencia de los otros; por tanto, si los tres partidos constitucionalistas no son capaces de ir votando al mayoritario, aunque para ello en algunos casos tengan que taparse la nariz; habrán hecho el ridículo. Un País Vasco normal jamás sería posible.

El logro de UPyD diputado a diputado, al margen de que en la suma vasca no seamos indispensables, recuerda mucho a la soledad del diputado Iglesias Posse, que ocupó en 1910 un escaño, en un lugar que no estaba pensado para él. Por eso antes del menosprecio de urgencia, al que recibimos con elegancia y simpatía, a todos conviene observar el asunto con perspectiva. Se sabía que tras aquel tipógrafo había un gran movimiento; ignorar que UPyD concita a quienes aspiran a un mensaje político claro, y no son pocos, es una ilusión. Habrá que probarla, y el momento son las elecciones europeas. A ellas nos remitimos.

De la envolvente y visible corrupción

Sábado, 28 de Febrero de 2009

La corrupción española como peste, sólo existe en tiempo electoral. El brote de casos urbanísticos asoló el país con ocasión de las pasadas elecciones municipales y autonómicas. Al socaire de las elecciones vascas, gallegas y europeas, surgen oscuras tramas de alcance. La conclusión es irreversible, sin elecciones desaparece la corrupción. Aunque el franquismo y la eficacia con que el dictador amasó un nada desdeñable patrimonio familiar, viene a demostrar que el asunto no lo arreglaríamos abrogando todo proceso electoral.

Es una cuestión de atmósfera. Los periodistas gustan de colgar en sus paredes la cabeza de políticos desahuciados por ellos mismos. El periodismo de investigación, es una forma extrema de censura, que sólo trabaja y no siempre bien, aunque sí rápido, en época electoral.

Se agolpan las cuestiones a esclarecer. La primera, la definición misma del problema. Aquí sin duda manda el Derecho (musculoso y mayusculado); de un lado corrupción se confunde con antijurídico, y de otro se gana tiempo, mucho tiempo.

Veamos. Afirmar que no es corrupto quien cumple las normas, puede resultar obvio, aunque no tanto como para alcanzar a Pero Grullo. Si entornamos la frase: ¿todo infractor es un corrupto? Desde luego que no, en el sentido que hoy damos a la corrupción. Por tanto, admitiendo el imperio de la ley, debe contenerse a condición necesaria pero no suficiente. Una vez juridificada la cuestión, sólo cabe esperar la rocosidad de la sentencia firme, años. Entre medias, el olvido para el culpable (o el suplicio del inocente). Una justicia de digestión lenta contribuye a disolver el problema, porque socialmente el castigo tardío no se asocia a la conducta corrupta, desactivando la ejemplaridad y con ella la disuasión.

La corrupción como epidemia requiere la cualificación del autor. No todo el mundo puede ser corrupto. El funcionario del Código Penal, sirve en el mundo estanco del Derecho; pero en el de los mortales el corrupto puede ser un empresario de falsa apariencia que trata de buscar el favor.

Lo más relevante es el tratamiento dado al fenómeno. Se observa como una desviación, es decir, una anomalía dentro de una regla general de transparencia. Tal creencia nos permite vivir apaciguados con nosotros mismos y sostener que prima la honradez. Cuestionar el tratamiento no implica presumir que todos los individuos públicos sean corruptos. Son partes de una totalidad atributiva, que pueden merecer, tomados individualmente  la mejor opinión. En cambio, si se analiza la totalidad de la que forman parte, lo que podríamos llamar: clase política, las cosas difieren, o si se quiere, las muchas honradeces no suman una totalidad íntegra (por oposición a corrupta).

Esta situación ha sido estudiada agudamente por el maestro Alejandro Nieto, al que como voz discordante y sólida, se le ha silenciado eficazmente. Señala como una de las principales fallas la de la financiación de los partidos políticos, ¿por qué los partidos gastan más de lo que pueden? ¿por qué no son penalizados por ello? ¿por qué se les condonan sus millonarias deudas?

Sin embargo, no suele gustar que se hable abiertamente de regeneración política; aun siendo imposible la integridad sin dobleces en un sistema como el descrito.

Cuando nos referimos a las corruptas repúblicas bananeras, lo hacemos sin palpar nuestros humores pecantes o considerando que son menudos. Pura alucinación.

Tampoco es muy realista confiar excesivamente en las normas y los controles que estas implantan. Las cosas que pasan no deberían estar pasando. Pero el deber ser ya no es lo que era.

La redención de la costumbre

Sábado, 21 de Febrero de 2009

Siempre que las cosas andan manga por hombro, se buscan turbias expiaciones. Como somos un país desmemoriado, pasamos por alto que se trata de un ciclo, donde los unos son ahora los otros y donde el santurrón de antaño es el mismísimo malévolo. Sin memoria y afectos a los adjetivos extremos, conseguimos que vuelva a turbarnos el mismo espectáculo de siempre.

La costumbre de la pertinaz noria podría asolarnos, sin embargo, su abrazo nos consuela y consigue domesticarnos, dormirnos con la vieja nana del «todos son iguales». La esperanza del recio conservador es que la realidad la impida; y su triunfo aquí es incuestionable.

Las urnas demuestran la religiosidad con que en este país se vota; el miedo reverencial que suscita la marginación del grupo, la frivolidad de los alistamientos y la obediencia ciega que explicará la vida de muchos muertos.

No todo el mundo se pone la mantilla el domingo de elecciones. En quince días sabremos cuántos.

Franquicias

Viernes, 6 de Febrero de 2009

Después de haber sido un firme detractor del uniforme, al respecto cuento con una impecable hoja de servicios: ayudé a acabar con el uniforme del Colegio.

Sin embargo, al cabo, soy un ferviente partidario. Ayer en un ataque de nostalgia, me encaminé a una franquicia de casa de comida italiana. Estos restaurantes están uniformados con esmero, traspones el umbral y regresas al primero en el que comiste. En este caso la comida no importaba, se trataba de almorzar a solas con aquellos comensales, hoy desperdigados y reencontrarlos con el mismo infalible sabor de la muy recomendable pizza pollo marinado.

La crisis que vivimos también viene uniformada. Y en los pliegues, las refutaciones de siempre. Quien antes corría cantando las bondades del liberalismo, abogando porque nadie quede fuera de la Organización Mundial del Comercio y cantando loas al librecambio, incluso con aquellos países de dudosa reputación; ahora empiezan a cerrar filas y exigir el producto nacional, imponiendo a los consumidores que dejen sus ojos en los códigos de barras para no equivocarse y comprar al extranjero.

Aflora la xenofobia. Una cosa es permitir el libre tránsito de mercancías y capitales y otra muy distinta el de trabajadores. El demagógico grito de que vienen a quitarnos el trabajo, hace olvidar que sólo ellos están dispuestos a trabajar en esas condiciones. Sólo empresarios nacionales ofrecen trabajos de ese jaez. Puede admitirse que ahora que vienen mal dadas, lo que no quería antes el buen nacional puede quererlo; en cuyo caso es obligado conceder que en tiempos de crisis no suele existir el mismo y alegre flujo de inmigración (tesis de obligado acatamiento para los adeptos al ‘efecto llamada’, que habrán de asumir el ‘efecto desllamada’).

Es también crisis considerar que quien ofrece expulsiones masivas o persecuciones al extranjero es digno de ser oído. Y en esto hay  grados y hay países, en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte el gobierno defiende la libre circulación de trabajadores; mientras que en Italia el silencio alimenta los bajos instintos del demonio.

La mejor franquicia que cabría establecer es la laboral, una vieja utopía que fue sepultada en la I Guerra Mundial, cuando los trabajadores del mundo encontraron mejores motivos para luchar que su propia fortuna.

Argumentos ad personam et ad Deum

Sábado, 17 de Enero de 2009

La pobreza del panorama argumentativo hace que en los últimos tiempos haya proliferado la argumentación ad personam. El resultado es tan penoso como fijar la atención en la forma de sonreír de Rosa Díez, en la indumentaria de la Ministra de Defensa o en el posado de la portavoz parlamentaria Soraya Sáez de Santamaría. Sin que en la invectiva, importe su discurso o actuación política. Cosificación. Es muy llamativo que las presas escogidas por los anodinos, sean mujeres. Aunque también se lanzan contra hombres, la desproporción es manifiesta como ilustró bien aquella vieja polémica de las fotos ‘Vogue’. Es el triunfo de la banalidad, y en cierta medida una contaminación frívola de las páginas y secciones de opinión, a las que sólo la actividad argumentativa hace dignas. El caso es que se cuelan en el debate y obligan a que sus víctimas respondan de sus ropas o de su forma de reír. La respuesta (lógica, tras el ataque), es la última confirmación de la obediencia a la fruslería. Los agraviados deberían dejar que el dicterio siguiera su curso, la desintegración. Los consumidores exigir calidad, o gratuidad. Aunque cada vez se envuelvan menos bocadillos de chorizo.

En algunas ciudades los autobuses alertan sobre la existencia de Dios, mientras que otros proclaman su inexistencia. El ateísmo, desde la perspectiva cristiana quedó resuelto para siempre por Pablo de Tarso, la fe es una gracia, se tiene o no se tiene. Sin embargo la fe no ha recibido un trato tan categórico por el ateísmo, y debería. Muchos ateos se empeñan en hacer proselitismo, en crear comunidades de base atea, en instar expedientes de apostasía o en jugar a los herejes. Todo con cierta superioridad, no hay pruebas, luego el creyente, el visionario, es un ser irracional. La casuística sirve aquí para no aceptar el argumento. Si bien, debería tomarse por buena la escalera del Santo Padre Benedicto XVI, aceptemos que el catolicismo es una religión superior ontológicamente a todas las demás. Y adviértase que el siguiente peldaño es el ateísmo, mucho más ingrato y por supuesto inclemente, lo que justifica el número de unos y otros. También la impotencia de la razón frente a la gracia.

En ambos casos, no hay consenso en las leyes que deben regir el debate, así, no hay la menor posibilidad de convencer y por supuesto de ser convencido. Estado íntimo y personalísimo, tan infrecuente como los accesos o trances místicos.

El legado de Iraq (y III)

Viernes, 12 de Diciembre de 2008

Peor imposible. El fin del liderazgo

La invasión militar se desarrolló con rapidez «quirúrgica» por usar un símil clínico, muy del gusto de los aliados (libertadores). El general de cuatro estrellas Franks, a instancia de su jefe Rumsfeld, ideó una «guerra pequeña» de 225 días: 90-45-90 (una guerra de minúscula cintura). Sin embargo, en menos de dos meses se proclamó la victoria, con la mitad de fuerza que la usada en la I Guerra del Golfo.

Veintitrés días después, el teniente general Garner, encargado de la reconstrucción es sustituido por Paul (Jerry) Bremer. La crónica de campo sobre la ocupación de Rajiv Chandrasekaran, narra como un grupo de elegidos por su filiación neoconservadora se encarga de la empresa.

La ayuda en la posguerra era clave, incluso antes de que no se encontrasen las armas de destrucción masiva, ni se acreditara remotamente la conexión terrorista, ni se frustrara la operación democrática; habla Bush:

«Es una oportunidad para cambiar la imagen de Estados Unidos—dijo el presidente–. Necesitamos aprovechar al máximo estas campañas humanitarias en nuestra diplomacia pública. Quiero una capacidad de alto voltaje. Quiero barcos cargados, listos para proporcionar alimentos y ayuda para que podamos entrar de inmediato. Hay muchas cosas que pueden salir mal, pero no por falta de planificación.» (‘Plan de ataque’ p. 318)

El inventario de Chandrasekaran es precisamente la constatación de la falta de planificación. El autor se sirve de distintos testimonios, pero el de Agresto, encargado de la reconstrucción universitaria de Irak, es sumamente descriptivo.

«Agresto no tenía antecedentes en la reconstrucción después de un conflicto ni experiencia en Oriente Medio. La institución que dirigía, el St. John’s College de Santa Fe, tenía menos de quinientos estudiantes. Pero Agresto tenía buenos contactos: la mujer del secretario de Defensa Donald Rumsfeld había estado en la junta directiva del St. John’s, y la mujer del vicepresidente Dick Cheney había trabajado con él en la Fundación Nacional para las Humanidades […]Había llegado a la conclusión de que  se necesitaban más de mil millones de dólares para convertir las universidades de Iraq en centros de enseñanza viables, pero solamente le habían dado ocho millones de dólares de los fondos de reconstrucción. Las facultades y universidades de Estados Unidos habían rechazado sus peticiones de ayuda. Había solicitado 130.000 pupitres a la Agencia Norteamericana para el Desarrollo Internacional, y le habían dado 8.000.Se fue alterando a medida que hablaba. Y finalmente se calló, mientras miraba la piscina y daba caladas a su pipa. Al cabo de un rato me miró, con la cara muy seria, y me dijo:

–Soy un neoconservador desengañado por la realidad.» (Vida imperial en la ciudad esmperalda, pp. 17 y 18)

La última esperanza de legitimación se desvanecía, la reconstrucción parecía estar improvisándose. En el momento de la cesión de soberanía a los iraquíes, este podría ser un resumido parte de transición: Bagdad sólo tenía nueve horas de electricidad al día, el nuevo ejército sólo tenía una  tercera parte de los efectivos prometidos, sólo se contrataron a 15.000 iraquíes frente a los 250.000 que se habían anunciado, el 70% de los agentes de policía no habían recibido información, se habían triplicado los ataques contra civiles y militares en casi un año. Por razones burocráticas sólo se había gastado el 2% de los 18,4 mil millones de la asignación suplementaria, sin que se hubiera gastado nada en construcción, asistencia sanitaria, servicios de limpieza y recogida de basuras o provisión de agua potable. Sin embargo se repartieron los 20 mil millones de dólares del fondo para el desarrollo obtenido de la venta del petróleo iraquí, correspondiendo 1,6 mil millones al pago a Halliburton, por la importación de combustible a Irak. (pp.333 y 334)

La frustración cabía en esta frase del propio Agresto: «Era como ir a una zona de guerra y decir: “Bueno, vamos a resolver el problema de la halitosis.»

Los hechos, elemento crucial en todo juicio, han dado la razón a aquellos que se oponían a la invasión. Aunque no sea exacto, les basta pensar que sin guerra, esto no habría ocurrido.

Pero con ella han ocurrido otras cosas. Nos hemos aprestado a cambiar la foto de las Azores por la fallida Alianza de las Civilizaciones. Y quizá lo más negativo: se abrió la era de que el buen gobierno era aquel que interpretaba el sentir general (computado a razón de individuos por metro cuadrado manifestándose), el que sabía con anticipación por dónde iba a ir el pueblo.

Se renunciaba al liderazgo, es decir, al riesgo democrático que implica toda dirección. Los líderes ya no son guías sino  porteadores.

«Los dioses traman y cumplen la perdición de los mortales, para que los venideros tengan qué contar.» (Homero)

El legado de Iraq (II)

Miércoles, 10 de Diciembre de 2008

Justificaciones fallidas

Para justificar la invasión se  presentó a Iraq como una amenaza potencial. Entraba así lo que Condolezza Rice denominaba «diplomacia coactiva»,  una incomprensible redundancia, toda paz es fruto de una victoria que administran disuasoria o activamente las tropas vencedoras. Según esta teoría una amenaza potencial se equiparaba a un hecho de guerra y en suma justificaba una «guerra preventiva». Las guerras suelen ser paliativas, combaten a un enemigo real y cierto, no potencial. Es posible que este argumento rigiera de puertas hacia dentro. En el exterior, pero siempre subordinado a éste, se anunciaba la guerra como la liberación de un pueblo oprimido y la extensión de la democracia. La violencia justa, un tópico en la filosofía política (Aristóteles, Maquiavelo &c.)

Ninguno de los dos motivos llevaba necesariamente a Iraq, o al menos, no exclusivamente. Otros países constituían una amenaza potencial y eran horrendas dictaduras. El sintagma «eje del mal» (hallazgo de los escritores de discursos Frum y Gerson), servía a este propósito enunciando (¿por orden?) varios países-objetivo. Con todo, no se aclaraba por qué el principio era Iraq.

Era crucial documentar la amenaza potencial. No lo hacía el Informe de seguridad  de 6 de febrero de 2002, sino hasta la página 10 de las 18 del texto. Y sobre los indicios reproduzcamos una conversación Rumsfeld-Powell:

«Mira lo que están comprando –se quejó Rumsfeld a Powell en un momento dado–. Están comprendo estos camiones volquete. Pueden quitarles el cilindro hidráulico que empuja la caja del camión hacia arriba y usarlo como lanzadora para un cohete. ¿Es que quieres venderles lo que necesitan para construir las rampas con las que lanzar misiles contra nosotros o contra Israel?

–¡Por el amor de Dios!—dijo Powell–. ¡Si necesitas un cilindro para construir una rampa de lanzamiento no te compras un camión que vale doscientos mil dólares para conseguirlo!» (‘Plan de ataque’ p. 28)

La lealtad hizo que fuera precisamente el Secretario de Estado quien presentase ante el mundo, en Naciones Unidas, pruebas que a la postre, no resultaron serlo.

Llevar la democracia a Iraq, fuera del papel pero sin salir de la teoría representa una misión hercúlea. El presente lo demuestra, pero ¿era necesario está trágica confirmación, siendo Israel el único país homologado democráticamente de la región? No es que la realidad haya conspirado contra una buena teoría, esta no podía aguantarse ni siquiera académicamente.

No obstante, después del rastreo, no he encontrado ninguna contestación (a la teoría), que, sin embargo, aceptase su objetivo: democratizar Iraq, sin pasar por alto las dificultades. Por el contrario, se desató el relativismo y la más absoluta indiferencia: dejemos las cosas como están, o limitémonos a aliviar al oprimido pueblo iraquí a base de ayuda humanitaria.

Descartar el principio de injerencia, es quizá el sórdido legado del movimiento de oposición a aquella guerra. Hay gente que se manifestaba bajo el «No a la guerra», con ese pueril argumento mientras que otros lo hacían porque estimaban insuficientes los motivos alegados. Pero el aspecto general era el de la oposición a toda guerra, un argumento compartido por los hippies y el Vaticano (a partir de 1870).

Desvanecidas todas las causas, sólo cabía esperar que los hechos consumados mejoraran el terreno.

El legado de Iraq (I)

Viernes, 5 de Diciembre de 2008

El bonus de la inmunidad 

Enjuiciar la invasión iraquí parece una tarea ociosa, al menos aquí, donde todo el mundo tiene conclusiones firmes. El asunto es un ‘marcador político’ que permite la fácil y rápida integración en una de las dos grandes y viejas posiciones. Un modo abreviado y anodino de ser.

Para armar mis conclusiones he querido detenerme en el asunto,  manejar algunos datos,  ponerme a salvo. Acudí a un libro de un periodista del Washington Post, ‘Vida imperial en la ciudad esmeralda’ de Rajiv Chandrasekaran, que me llevó a otro: ‘Plan de Ataque’ del conocidísimo Bob Woodward del mismo periódico. A su vez, tales lecturas se superpusieron con ‘God & Gun’ de Sánchez Ferlosio. Escribo desde la intersección.

Aquellos que patrocinaron abiertamente la estrategia de la invasión, ahora apelan a la Historia (con mayúsculas) como juez de la misma; piden con largueza tiempo para aplazar el veredicto, que hoy estiman adverso.

Así acaba el libro de Woodward:

«En opinión de Bush, a corto plazo era imposible valorar la repercusión histórica de aquellos acontecimientos. Se tardaría unos diez años, aproximadamente, en comprender el impacto y la verdadera significación de la guerra.

–Probablemente habrá ciclos –propuse. Y le recordé que, tal como señalaba Karl Rove, toda la historia se mide en función de los resultados finales.

Bush sonrió.

– La historia… –dijo, mientras se encogía de hombros, sacaba las manos de los bolsillos y me tendía una para despedirse, insinuando que se había acabado el tiempo–. Nunca lo sabremos. Estaremos todos muertos.» (p. 491)

La Historia recorre todo el asunto, el «Informe Secreto/Reservado a EEUU y a las Fuerzas de la Coalición Multinacional en Iraq», elaborado por Garner, a la sazón director de la Oficina para la Reconstrucción y Ayuda Humanitaria, comenzaba así:

«La Historia juzgará la guerra contra Iraq no por la brillantez de las operaciones militares, sino por la efectividad de las actividades que se llevan a cabo después de las hostilidades.»

Garner daba un paso más y fijaba los criterios del juicio histórico, sobre los que habrá tiempo para volver. Por el momento sigamos con la historia de la Historia.

La Historia a la que se invoca constantemente no alude a un mero juicio retrospectivo, que por cierto, nunca acabaría, a pesar de que el presidente Bush lo cifre en diez años. De ahí que la seguridad jurídica se apreste a poner límites temporales, por ejemplo: la prescripción de los delitos (dependiendo de su gravedad va desde un año a veinte, ex artículo 131 del Código Penal).

La historia como libre sucesión de acontecimientos no es el juez al que apelan. No ofrece nunca un tertium comparationis y en caso de que inductivamente pudiera establecerse uno, la naturaleza diacrónica de la historia impediría su irreversibilidad. Es decir, tendría que admitirse la contingencia del juicio, algo que rechazan, al excluir los juicios que se hacen aquí y ahora; aunque paradójicamente lo hagan pretextando extemporaneidad.

Todo cambia si se parte de una concepción determinista de la Historia. Una Historia que sea obra del «logos» en Aristóteles o «acción de la Providencia» en Hegel. Una Historia que dé sentido a cualquier acto, incluso a los sacrificios, «(…) los sufrimientos y muertes producidos por la empresa de la historia universal parece comportar, ya por sí misma, una interpretación, o sea la atribución de un sentido, en la medida en que no son dejados a un lado como “consecuencias marginales”—en palabras de Polibio—o “efectos colaterales” en la jerga bélica moderna, o, en fin,  como “accidentes de trabajo” en la epopeya del espíritu, sino puestos en el centro de la calzada maestra de su marcha, en tanto que positivamente integrados al Sentido (…)» (‘God & Gun’ pp. 76 y 77).

No es difícil pensar que ese ‘sentido histórico’ (juez y parte) esté hipostasiando la idea de Dios, sobre todo en la concepción misionera que el cristianismo atribuye a todo hombre. El salto no es gratuito:

«Él [Bush padre] sigue las noticias. Así que yo [Bush hijo] le informo de lo que veo. Ya sabe, no es el mejor padre para recurrir a él en materia de fortaleza. Hay otro padre supremo al que sí recurro.» (‘Plan de ataque’ pp. 467 y 468)

Esperar al veredicto de la historia (o de Dios) es un pretexto para lograr inmunidad. El que lo hecho hoy pueda ser bueno mañana, no impide que ahora sea funesto.

La degenerada indiferencia

Jueves, 4 de Diciembre de 2008

La pertinente pregunta de Barceló anoche: ¿se necesita un muerto para romper lazos con ANV?

El interpelado presidente de EA balbucea pero no contesta. La pregunta no es dura, lo es la verdadera respuesta: los asesinatos no nos apartarán de nuestro objetivo.

Si queremos verlos como realmente son, insistamos en la pregunta y dejemos que contesten, que se atraganten con su saliva gorda, con su nacionalismo democrático.

La lealtad del viajante de coñac

Domingo, 16 de Noviembre de 2008

 El maestro Sosa Wagner analizó, el miércoles en Oviedo, las perspectivas de la política estatutaria. Desmontando meridianamente el artefacto retórico según el cual se transita hacia un Estado federal. En todo caso, los perfiles del cambio tienen tintes confederales, por tanto, caminamos a un punto de máxima inestabilidad, de transitoriedad, así se concibe una confederación (pregúntese a la sólo nominalmente Confederación Helvetica).

La teoría general de la fragmentación del Estado, expuesta en ‘El Estado fragmentado. Modelo austro-húngaro y brote de naciones en España’ junto a su hijo Igor Sosa Mayor, está siendo confirmada en órdenes concretos donde la transferencia de competencias corre sin cuidado (sanidad, educación, justicia &c). Al servicio de una idea pueril, según la cual toda descentralización es beneficiosa, por oposición al centralismo. Del que el conferenciante recordó la extraordinaria hoja de servicios que ha prestado en  nuestro país. Con todo, descubrir los fallos y errores de esta segunda generación de Estatutos urdida bajo la desatención del principio de lealtad, no debe arrastrarnos a postular sin más (o sólo por oposición) un nuevo centralismo. Sino a perfeccionar el sistema, a federalizarlo[*] realmente.

Jean Monet, viajante de coñac, descubrió en Estados Unidos un inmenso mercado. Y concibió así la unidad europea, como un entramado de transacciones que fuera tupiendo a Europa como unidad política. Precisamente el profesor Sosa Wagner ve a Europa como solución a estos desmanes territoriales. Se sirvió de un poderoso ejemplo, la nueva Directiva de servicios, que obligará a modificar miles de ordenanzas municipales. El límite de decibelios que nuestro cortacésped puede emitir, se establece en Bruselas, no en ninguna oficina autonómica ni estatal. Ahora bien, el Estado nacional seguirá desempeñando un papel fundamental en la construcción europea. En Alemania, las últimas reformas han atribuido al nivel federal la representación ante la Unión Europea. La multiplicación de participantes en reuniones técnicas  las hace ineficaces, y si para algo se ha inventado el Estado es para disponer de una única voz, democráticamente potente.

El motivo de este deslizamiento territorial, patrocinado por los dos grandes y viejos partidos, no es otro que una victoria del nacionalismo. Del pacto constitucional parecía desprenderse que cualquier modificación de la estructura competencial pasaría por el acuerdo leal entre aquellos. En cambio, la hegemonía del nacionalismo en determinados territorios, y la acuciante necesidad de alcanzar o mantener el poder, ha hecho que dramáticamente desaparezca un nítido interés nacional. Y los partidos que lo encarnaron históricamente se hayan desentendido de él. El pensamiento Alicia sostiene que la asimetría será conjurada por la imitación autonómica, todas las Comunidades quieren imitar en competencias a quienes más tienen. Aunque resulte asaz sonrojante debe insistirse: los recursos son limitados.

El verdadero asunto es el papel que desempeñan en nuestro Estado partidos que quieren sencillamente desintegrarlo. Nuestra Constitución protege a nuestro sistema político encareciendo su autorreferencialidad (capacidad de modificar el texto constitucional). En otros países homologados democráticamente, se prohíben aquellos partidos políticos que entre sus fines está la liquidación estatal; con independencia de que sus procedimientos sean pacíficos y “democráticos”. Pero este es un debate para otra generación, que ya no puede confiar en los sobreentendidos.

***

Cada vez que saco la cabeza no dejo de sorprenderme. Sin cuotas ni ministerios del ramo, en el Senado estatal de New Hampshire habrá más mujeres que hombres.

Les compadezco, allí la sorpresa es simple. Aquí es doble, por el hecho novedoso del número pero sobre todo por la naturalidad del acontecimiento, exento de burocracia (que es como me imagino el paraíso).



[*] En el turno de preguntas se planteó la imposibilidad de que España pueda ser nunca un Estado federal, porque las partes no tenían soberanía que ceder al todo. En el entendido de que esta (la soberanía nacional) reside en el pueblo español (tomado como totalidad atributiva). ¡Ay de la soberanía! Leáse como ejemplo el magnífico artículo del profesor Bastida.

Las palabras que no se lleva el viento

Sábado, 8 de Noviembre de 2008

 Los políticos norteamericanos tienden a orillar el desparpajo verbal por el discurso, al menos en las ocasiones. Aquí quien no tiene facundia la improvisa. Los resultados son políticos excesivamente verbosos, enemigos del papel y por supuesto del taimado telepronter, que requiere técnica y adiestramiento. Lo especialmente grave es que cuando usan los dos artilugios, el papel y el espejo, los resultados son iguales. No se puede llegar a otra conclusión, a saber, son ellos quienes tejen y destejen el texto de sus discursos. Caminan igual sin prótesis que con ella, luego o nunca la llevan, o el carpintero es un chapuzas.

Estos días de quinielas, Politico informa que dos personas pueden asumir el cargo de escritor de discursos del Presidente electo. El joven que ha venido escribiéndolos durante la campaña, Jon Favreau, aún misterioso a los ojos de Google (quizá por llamarse como un actor); o el experimentado Jeff Nussbaum, quien después de haber servido en la Administración Clinton forma parte de una empresa dedicada precisamente a este giro.

A los descreídos que no ven la necesidad de incluir dentro de los consejeros áulicos a un equipo para escribir los discursos, desvelémosles la necesidad.

Miércoles 5 de noviembre de 2008, el Presidente del Gobierno de España sale a la puerta del Palacio de La Moncloa a comentar el resultado electoral en Estados Unidos, en una alocución sobre papel (vídeo). Comparemos dos pasajes:

«(…) Quiero expresar, desde aquí, mi satisfacción por la forma de entender la proyección internacional de su país que ha venido manifestando el Presidente electo, el senador Obama, por su capacidad de escuchar, por su invitación al diálogo que ha reclamado y que hoy, ante los conflictos del mundo, es más necesaria que nunca; también en su apuesta por el multilateralismo, por la lealtad con los aliados (…)»

Unas líneas más abajo, en reciprocidad sentencia:

«(…) El Presidente Obama tendrá en España y en su Gobierno un amigo y un aliado fiel

El Presidente electo es leal, mientras que nosotros seremos fieles.

 Semánticamente un positivista léxico, ve tales términos como sinónimos. El Diccionario de la Real Academia:

Leal: Que guarda a alguien o algo la debida fidelidad

Fiel: que guarda fe, o es constante en sus afectos, en el cumplimiento de sus obligaciones y no defrauda la confianza depositada en él.

Si usamos en el contraste los adjetivos, el resultado es el siguiente:

Lealtad: Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien.

Fidelidad: Lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona.

El Seco (el diccionario de uso) introduce un matiz en el adjetivo «leal» sólo cuando se predica de personas, según este significado, sería leal aquel que se comporta honradamente y sin engaño o sin fines ocultos.

Me parece que es el sentido con el que circula esta palabra, precisamente en contraposición con fidelidad. El marido y la mujer se prometen fidelidad (los cónyuges están obligados a guardarse fidelidad, artículo 68 del Código Civil) y no a ser leales. Decimos que el perro es fiel, pero ya no con tanta facilidad que es leal. La diferencia no me parece gratuita, si nos remitimos al étimo, «fiel» procede del superlativo fidelísimo y del latín fides; mientras que «leal» de legalis. En resumidas cuentas, «fiel» viene de Dios y «leal» de la prosaica ley de los hombres.

Se observan con mayor claridad los problemas que entraña esta sinonimia en el discurso político de nuestro Presidente. Apliquemos la conmutabilidad: Obama es fiel a sus aliados mientras que nosotros le seremos leales. El equilibrio se rompe, y debe saberse que en las relaciones internacionales la reciprocidad es la regla general. Es más, el reproche que se hizo a la coalición de las Azores fue precisamente la fidelidad (fe ciega, ¿lealtad ciega?) del gobierno de Aznar al de Bush, es decir, la constancia, a prueba de invasión, en sus afectos. Entonces se le exigía un juicio crítico, propio de aliados leales.

No he leído comentarios al respecto, salvo el general que viene aquí como un guante: la española confusión entre Administración y Nación. O si se quiere, entre la bandera y el Presidente.

Matizaciones lingüísticas a parte, el escritor de discursos evitaría la palabra fiel, sabiendo las connotaciones que pudiera tener. En este caso, la repetición de «leal», él es leal con sus amigos y yo soy «leal» con él, hubiera servido para subrayar la igualdad con que naciones libres se relacionan en el concierto internacional. Salvo que se admita que este desliz estaba estudiado; lo que sería tan inapropiado como los desmesurados cabeceos del ministro Piqué recibiendo al presidente Bush a pie de escalerilla.

Un escritor de discursos ha de hacer que el mensaje llegue de la mejor manera, no hacer decir a su cliente cosas que no quiere y tampoco las que no puede. Es posible que pronto se profesionalice esta función, aunque desde luego no será una copia importada, será una intertextualidad cualquiera.

¡Intelijencia, dame / el nombre exacto de las cosas! / …Que mi palabra sea / la cosa misma / creada por mi alma nuevamente.

(Juan Ramón Jiménez, Eternidades)

En el imperio seguirá sin ponerse el sol

Miércoles, 5 de Noviembre de 2008

 Me pregunto cuándo el Presidente de Estados Unidos de América alcanzó la proyección mundial que hoy tiene. Los historiadores comenzarían con la ‘doctrina Monroe’ (1823): el quinto Presidente anunciaba que intervendría en el exterior cuando potencias extranjeras perjudicaran a sus intereses (p. ej. la invasión española en Santo Domingo). Política que continuó con el denominado ‘corolario Theodore Roosevelt’ (1904).

A pesar de la voluntad estrictamente republicana (domestic) de los padres fundadores, las colonias rebeldes estaban llamadas a la relevancia internacional. En un contexto en que el imperio español agonizaba y en el que el británico era vencido, parece inimaginable que el país emergente se ausentara del mundo realmente existente. En 1798, el presidente Adams botaba la primera fragata de 12 cañones ‘The United’ y constituía un ejército permanente, piedra angular de cualquier política exterior.

No obstante, la América Imperial a la que nos referimos, nace de la ‘doctrina Truman’ (1947) en la que con ocasión de la guerra en Grecia, Estados Unidos prestará su apoyo a las personas libres que están resistiendo los intentos de dominio por minorías armadas o por presiones exteriores. El gendarme internacional que lucha (no tan fríamente) contra el comunismo. Con todo, esta directriz no es pacífica, Henry Wallace, quien había sido Secretario de Comercio del propio Truman, protestó así: «Ayer, 12 de marzo de 1947, constituyó un punto de inflexión en la historia norteamericana, no es una crisis en Grecia lo que tenemos ante nosotros, sino una crisis norteamericana. Ayer, el presidente Truman (…) propuso, en efecto, que Norteamérica vigilara todas las fronteras de Rusia. Para nosotros no hay régimen demasiado reaccionario siempre y cuando se cruce en el sendero expansionista de Rusia. No hay país demasiado remoto para servir de escenario de cara a un enfrentamiento  que podría expandirse hasta adquirir las proporciones de una guerra mundial».

Derribado el Muro de Berlín (1989) Estados Unidos mecido por la dogmática idea de que la libertad se asentaría en todo el mundo por ensalmo, no abandonó la injerencia internacional para luchar contra su natural enemigo: el terrorismo religioso de corte islamista. En el año 2000, nos preparábamos para que el provincialismo de Bush provocara que EEUU se encerrara en sí. Llegó el 11-S y con él la teoría según la cual había que extender la democracia a cualquier precio: Afganistán y luego Irak.  Con ser la elección de los países arbitraria y sus resultados desiguales, no debe desestimarse la idea de extender los derechos de ciudadanía a los sojuzgados, pero sí la forma propugnada por los teóricos de la Administración saliente.

Esperaremos a la doctrina Obama, para saber cómo en sus dominios sigue sin ponerse el sol. Su voz en el mundo puede ser el Gobernador Richardson, un hispano o el aristocrático Senador Kerry (a quien hace cuatro años, la oposición republicana le afeaba su sedicente gusto por veranear en Francia). Aunque algunos sostengan lo contrario, no parece que la idea republicana según la cual el gobierno no debe actuar en el exterior sea la originaria.

Desde Dayton, condado de Montgomery donde venció el candidato demócrata como en el propio Estado de Ohio, la preocupación es la económica. Seis de cada diez votantes confesaban que ésta era su verdadera preocupación. Y en este terreno todas las cautelas son pocas: «El camino que tenemos delante será largo. Nuestro ascenso será complicado». Aunque la crisis sea internacional, los anhelos se vinculan a promesas muy concretas (y sumamente costosas): rebaja de los impuestos a rentas inferiores a 250.000 dólares y extensión del seguro de salud, especialmente de la cobertura infantil.

F.D. Roosevelt definió a la Presidencia como a place of moral leadership, que el ínclito García Pelayo traduce por caudillaje moral (hoy más comedidos y correctos políticamente hablaríamos de liderazgo, a pesar de que caudillo, asépticamente, es el jefe de la milicia). A este adjetivo cabe sumar hoy el de histórico, poniéndolo a resguardo de todo exceso (quién iba a decir que en la algodonera Virginia ganaría un negro). Lo que engrandece la gesta, al tiempo que la dificulta, sobre todo cuando conviene sanar la división que todos los políticos denuncian, a pesar de que desde aquí algunos vean al pueblo americano como una masa compacta.

Habrá cambios necesarios, aunque no parece que vaya a producirse un cambio de Era, de la magnitud pronosticada, ni sería aconsejable para los que no vivimos allí. Si la nueva Época supone que en el sistema de Naciones Unidas jueguen en pie de igualdad gobiernos como el iraní, el hecho histórico se habría estrangulado a sí mismo. En un mundo como ese, Obama no hubiera sido posible.

Se nota, se siente… ¿Obama Presidente?

Viernes, 31 de Octubre de 2008

 Las miserias locales entorpecen mis planes.

Es hora de volar a Ohio, aunque hoy aclararé (para que nadie me haga lejos de la regional estupidez) que vuelo a lomos de Google Earth. Un potente ojo por el que se puede respirar.

Repiten aquí y allá que Ohio electoralmente es un mini-Estados Unidos, al menos desde 1960, fecha a partir de la cual el presidente elegido siempre gana allí. No es extraño que ambos candidatos se sirvan en sus parábolas de este estado. Últimamente el caricaturesco Joe ‘El fontanero’ quien disfruta llamando socialista a Obama, y entregándose a toda clase de análisis económicos, el ciudadano medio que es el que realmente sabe. Pero también es de Ohio la mujer a la que la policía notifica el embargo de su casa (por impago de la hipoteca), sube con cualquier excusa a su habitación y se pega un tiro. También la maestra jubilada que para hacer frente a una enfermedad tiene que vender todo &c.

Las campañas electorales parten de una situación negativa, no pocas veces la ennegrecen, para prometer toda suerte de bondades. La ventaja de los demócratas, coyuntural pero ventaja, es que hay un deterioro objetivo del que nadie duda. Estratégicamente obliga a que McCain tenga que distanciarse de Bush, y a veces de la anodina Palin. Mientras, Obama sólo tiene que estirar su dedo para señalar los desmanes, y gane ya sólo con poner cara de circunstancia. Irak se ha desvanecido, y ahora manda la empresa que quiere comprar el bueno de Joe, la bajada de impuestos o los ribetes confiscatorios con que quieren ennegrecer a Obama.

Esta situación ventajosa, Obama la cobra con encuestas favorables (Político, votos electorales: 364 a 174). Tal ventaja desborda el júbilo del antiamericanismo, que como toda secta odia a unos más que a otros.

Suele matizarse que son sólo encuestas y que la verdadera será el 4 de noviembre… Sin embargo un nutrido número de periodistas ya lo han nombrado Presidente; y ahora andan indagando quién será su Jefe de Gabinete (una figura política difícil de explicar, el Leo de la tan recomendable serie ‘El ala oeste de la Casa Blanca’). Ya hay nombres, un congresista de Illinois: Emanuel Rahm. Estas especulaciones junto con la advertencia de que la parroquia demócrata no se desmovilice, adelantan una verosímil victoria.

Sobre su importancia se leen ramplonas magnificaciones, que anuncian un fin de era o de época. No será para tanto, y tampoco podrá, por muy espectacular que la victoria fuere, borrar que fue ‘la ola Pelosi’ quien derrotó al movimiento neo conservador hace dos años. Incluso últimamente ellos han teorizado sobre su derrota, pasando del fin de la historia a la vuelta al siglo XIX (¡sin esclavos!).

El reto del Presidente Obama no será la Historia, a la que quiérase o no, ya tiene rendida, sino la eficacia. Entre la República y el Imperio, tendrá que dedicarse más a la primera; lo que no tardarán en observar los conspicuos periodistas de la Historia y de las tablas rasas. Al cabo, mascullarán que a final de cuentas, es americano; con el inconfundible acento del prepotente que goza queriendo ver en sus promesas (change, hope…) un remedo de nuestros inconmovibles principios. Sin tomarse la molestia de investigar quién usó antes la palabra cambio o esperanza para dirigirse al cuerpo electoral, ¿un americano o un europeo?

Obama habrá conseguido, pase lo que pase, gestionar una gran mayoría ya no de composición heterogénea (todas lo son) sino de elementos socialmente inconciliables (por ejemplo: hispanos y afroamericanos). Su discurso puede formar el verdadero melting-pot, cuyo reto será que perdure en el tiempo y no sea sólo la yuxtaposición de todos los americanos hartos. Como estos:

Los rednecks, descendientes de norirlandeses y escoceses, campesinos blancos concentrados en Los Apalaches, a los que ese ‘Even we’ve had enough!’ (¡Incluso nosotros tuvimos bastante!) ponía, hasta ahora, en el campo republicano.

Dayton es un buen sitio para esperar los resultados; sentados en la escalinata de su Ayuntamiento:

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Derecha/izquierda, una deíxis en fantasma

Lunes, 27 de Octubre de 2008

 Las categorías políticas al uso permiten caracterizar a los diferentes agentes políticos. Al tiempo que nos proporcionan la certeza de situarnos frente a los demás e integrar un grupo del que ser solidario. Esta es la función que dispensa el par contrapuesto: derecha/izquierda; tal y como es empleado por los medios de comunicación (perspectiva etic) o por los propios actores (perspectiva emic). De suerte que puede convenirse que la derecha estaría integrada por el PP y partidos nacionalistas conservadores (éstos últimos no sin forzar la etiqueta) y a la izquierda por el PSOE e IU y ciertos partidos nacionalistas tales como ERC. No suele repararse en las bases de la  convención, acaso porque esta sea inexistente, mítica. Mito que desenmascara el profesor Gustavo Bueno en sus obras ‘El mito de la izquierda’ y la que acabo de cerrar ‘El mito de la derecha’, Temas de Hoy, Madrid, 2008.

Antes de proseguir leamos, en la solapa de la contracubierta, los libros que el editor (el Grupo Planeta) ha decidido que escolten al de referencia: ‘Contra los políticos’ de Gabriel Albiac; ‘100 personajes que hunden España. De Zapatero a los hombres que visten de negro’ de Curri Valenzuela y ‘La gran revancha. La deformada memoria histórica de Zapatero’ de Isabel Durán y Carlos Dávila. Salvo el primero, los otros parecen querer dar la razón a las peregrinas críticas que redujeron ‘El mito de la izquierda’ a un libelo. Es extraño que la propia casa editorial aliente una expectativa (falsa) que ningún lector medio podrá satisfacer con la eficacia que cabe presumir en aquellos.  

Para analizar el mito el profesor Bueno establece que la idea de Derecha es un género (plotidiano) que procede de la estirpe del Antiguo Régimen, que se decanta, más exactamente en la resistencia a los ataques que a éste hicieron las izquierdas. Es en este contexto genético en el que puede decirse que la idea de Derecha es anterior a la de Izquierda, aunque paradójicamente sólo pueda entenderse como posterior a ella porque sólo en función de su enfrentamiento se configuró como tal.

En función de este parámetro, concluye que:

«[...] la distinción entre izquierda y derecha ya no tienen la aplicación constitutiva en las sociedades democráticas homologadas de nuestros días (de la posguerra y de la guerra fría). En estas sociedades, los rótulos de derecha o de izquierda [...] son utilizados como marcadores electorales mediante los cuales los partidos pretenden atraer electores agitando banderas con colores nostálgicos, de los que está empapada la memoria histórica, que todavía enardece a muchos elementos del cuerpo electoral. Pero los programas de estos partidos ya no difieren objetivamente por criterios políticos, sino que se refieren a objetivos extrapolíticos, como puedan serlo el aborto, la eutanasia, el feminismo, la alianza de civilizaciones o el proyecto Gran Simio.» (pp. 289 y 290)

El mito estriba en que ser de izquierdas o de derechas dependerá de un señalamiento arbitrario, sin sustancia filosófica ni política. Huelga decir que el dedo que señala lo hace cargado de prejuicios que discurren en una u otra dirección, entre los cuales cabe destacar el maniqueo.

Este dualismo trascendente que adolece de metafísica, se manifiesta con todo vigor en el etiquetado de UPyD como partido de derechas, fundándose tal gratuita calificación en la discrepancia que tiene con otros partidos convencionales de izquierdas. Su reivindicación o la de su contrario (de derechas) es estéril, sobre manera cuando la degradación política de tales conceptos les ha llevado a no significar nada.

La reclasificación que tomara como parámetro un nuevo par progresista/conservador, tiene escasa virtualidad política (que requiere tomar como marco al Estado), reduciéndose a una característica etológica:

«Acaso el dualismo que más popularidad alcanzó  tras la Segunda Guerra Mundial fue el dualismo progresista (innovador)/conservador (inmovilista), que había sido observado por investigadores de la universidad de Kioto y del Centro de Primates de Japón en la en la isla Koshima, en la costa sur nipona, en la que vivían distintas bandas de macacos. Se acostumbró a los animales a acudir a un sitio determinado mediante el recurso de dejar allí alimentos, en este caso boniatos o batatas, en una playa abierta. Los monos se aficionaron al tubérculo y acudieron al lugar cada vez con mayor frecuencia y regularidad. Los boniatos utilizados como cebo no se lavaban. Los macacos quitaban como podían la tierra o la arena pegada a ellos (los boniatos son nódulos de la raíz de una enredadera), hasta que un día de otoño de 1953 una hembra de macaco, de año y medio de edad (que fue bautizada como Imo), «hizo un sensacional descubrimiento: había lavado con las manos uno de los embarrados boniatos en el agua de un arroyuelo cercano». El boniato quedó extraordinariamente limpio. Una semana más tarde se incorporó al procedimiento descubierto uno los compañeros de juego de Imo. En 1957, cuatro años después, lo hizo la madre de Imo y en total quince de los sesenta individuos de la banda lavaban ya sistemáticamente los boniatos. Conclusión: apareció una clasificación entre los macacos inmovilistas o conservadores (de derecha) representados sobre todo por los macacos machos o de más lato rango, y los macacos innovadores o progresistas (de izquierda). Además, como ocurre con los chimpancés, aprende un animal inferior de otro superior, y no al revés. En el caso de los macacos de Koshima (teniendo en cuenta que adquieren la madurez sexual hacia los tres o cuatros años y mueren hacia los treinta) fue necesario, puesto que Imo hizo su descubrimiento al año y medio de edad, que murieran poco a poco los macacos de mayor categoría para que se extendiera al grupo el arte de lavar los boniatos. En 1962, cuarenta y dos de los sesenta animales habían aprendido la nueva técnica; los otros dieciocho eran ya muy viejos y (podríamos decir) se mantenían en el búnker de sus tradiciones.» (pp. 104 y 105)

La crítica nos afecta a todos los ciudadanos (en cuanto totalidad atributiva del Estado español), y resulta insoportable que se ventile con tópicos e injurias aun cuando sean la confirmación (defensiva) del mito.

Admirado candidato

Sábado, 11 de Octubre de 2008

 No hay una teoría general sobre las cualidades que ha de tener el candidato óptimo. Entre otras cosas, porque candidatos de distinto pelaje han acertado en el desarrollo de su función. Así, políticos con escasa formación académica y nula experiencia profesional han hecho un notable trabajo, frente a otros mucho más doctos que han resultado un desastre. No obstante, esta experiencia es engañosa, sus conclusiones (muy vagas si se quiere) no deben hacernos descartar la exigencia de cierta impedimenta para ser político. Al menos no en una democracia, en donde el fin que se busca es el autogobierno, por medio de la representación. De ahí que quepa exigir experiencia y formación a quienes se enfrentan a problemas y decisiones que el común de los electores no podemos enfrentar. Por eso la exigencia de cotizaciones previas (por todos, el presidente Joaquín Leguina), no implica más (ni menos) que el esforzado trabajador-contribuyente vea en su representante a alguien que conoce bien el esfuerzo de la supervivencia, a un par.

La irrupción del candidato Sosa Wagner, un jurista de reconocido prestigio, es una valiosa rareza en nuestra actividad pública. El fino y lúcido observador pasa a la acción, pasa de escribir en los papeles a hacerlo en la piel de los hombres. Me dirán, con toda razón, que hay una legión de catedráticos de Universidad en política, incluso uno de sus posibles contendientes lo es; pero convendrán que es forzado reconocer categorías en tan variopinto gremio.

Les dejo con él:


De causas y cálculos. El imponderable voto vergonzante

Martes, 7 de Octubre de 2008

 Últimamente en las encuestas el empate se deshace a favor de Barack Obama. La pregunta que se hacen unos y otros es si la ventaja será suficiente. La respuesta podría ser diferente, si se analizan las causas (en el supuesto de que puedan aislarse) o si por el contrario se discute el cálculo.

La principal causa que pacíficamente se admite como justificación del despegue del candidato demócrata, es la crisis financiera. Más bien la fallida gestión de la Administración republicana, la doctrina de la desregularización; que ahora paga el Presidente Bush con una exigua aprobación del 25%. El desastre le acompañará para siempre, del mismo modo que la crisis de los rehenes pudo con Carter. La fácil asociación al Partido Republicano dificulta que su candidato pueda proponer algo concreto. De ahí que sea la candidata a Vicepresidente quien se encargue del trazo grueso (exabruptos incluidos) o se aproveche de su telegenia, guiñando el ojo a los votantes.

En esta situación, los demócratas despliegan una batería de datos para armar sus propuestas, reducción de impuestos a rentas inferiores a 120.000$ al año (sorprende la clase media estadounidense con una renta mensual aproximada de 7200€ al mes). También para hablar de Irak, retirada paulatina en dieciséis meses, reducción del actual contingente militar de 400.000 efectivos y del coste estimado en 10.000 millones de dólares. Ante esta ofensiva, la única cifra que esgrimió Palin en el debate con Biden, fue su exención fiscal de 5.000$ para financiar el pago de seguros médicos. Una propuesta tan lineal como injusta, ya que no a todos los enfermos cunde una cobertura sanitaria de esas características. Además  de transmitir un mensaje muy inquietante, el cambio climático no sólo se debe a causas humanas sino a otras, que no descifró y que deben de ser escatológicas, tan aficionada como es a hipostasiar.

Por eso los muertos ya debidamente enterrados vuelven: Ayers, el reverendo Wringh respecto de Obama o el caso de los cinco de Keating en relación a McCain (quien fue declarado libre de cualquier cargo de corrupción por el Comité de Ética del Senado).

Sin embargo la suficiencia de la ventaja que arrojan las encuestas (Gallup y Politico), se pone entredicho. El factor racial emerge y con él, el voto vergonzante, aquel ciudadano que nunca votará por un negro. En Estados Unidos el fenómeno se conoce con el nombre de ‘Efecto Bradley’, por el exalcalde de Los Ángeles que perdió las elecciones a Gobernador cuando las encuestas le daban como ganador. O el caso de Wilder que fue elegido en 1989 Gobernador de Virginia por un estrecho margen, cuando las encuestas le daban una amplia mayoría. Puede decirse que la mengua electoral respecto a los sondeos se acrecienta cuando los candidatos son negros; algunos se atreven a medir esa pérdida en una horquilla de uno a cinco puntos. Según estas cuentas, hoy Obama con una ventaja de ocho superaría al voto vergonzante.

Es muy gráfica la conclusión de la encuestadora demócrata Celinda Lake: «los blancos entrevistados por negros son más partidarios de Obama en un tres o cinco por ciento que los blancos entrevistados por blancos».

Otros sostienen que estas prevenciones no pueden traerse a esta elección, forman parte del pasado y que con los datos en la mano no se aprecia una desviación tan grande.

Las conclusiones ahora tienen sus riesgos, ya que si pierde Obama se acudirá inevitablemente como explicación a la raza. Será difícil saber cuánto pesa allí y ahora ser negro. Intuyo que mucho, no sólo por razones históricas o porque en los sesenta hubo que escoltar militarmente a los negros para que pudieran ir en paz a la Universidad; o porque los últimos del Katrina  eran precisamente negros. Sino porque son legión los que asistidos por interpretaciones psicologistas piensan que un negro (una mujer o un hispano) gobernarán de modo diferente (y mejor).

Además,  comparto la opinión del Gobernador Wilder: «Racism has not gone away nor will it ever».

Fuera de toda clase de especulaciones, en Ohio (Estado clave con veinte votos electorales muy disputados), el nuevo sistema de registro y votación anticipada no ha tenido mucho éxito, un mal indicador para la campaña demócrata. Podría confirmar la larvada acción del voto vergonzante, ya que en dicho Estado según la encuesta de Politico, Barack Obama lleva una ventaja de tres puntos y medio a McCain (Bush en 2004 sólo ganó por dos puntos).

Adrián, alcalde

Jueves, 11 de Septiembre de 2008

 Adrián Barbón será el nuevo Alcalde de Laviana. Aquí no se hacen comentarios sobre política local. Es una distancia recomendable que sólo en pocas ocasiones traspaso. El acontecimiento de hoy lo merece, anoto que un amigo será Alcalde de un concejo similar al mío en un valle paralelo, conocido por la ‘Aldea Perdida’ de Palacio Valdés.

No son buenos tiempos para dedicarse a la política activa. Los observadores solemos afilar nuestros juicios hasta perdernos. Y muchas veces las conclusiones son impracticables, y por ellas resbala la realidad. Una es la que iguala a todos los políticos bajo las furibundas trompetas de quejas certeras, que si bien no necesitan desbordarse para ser graves, la exageración les garantiza el interés. Hay resquicios, de la extensión que sean, hay espacio aún para políticos que nada tienen que ver con la ramplonería del conformista gris que puebla aquel biotopo.

Dos minutos grabados al bies, en un día en que la alegría encoge nuestras diferencias ideológicas.

Piando

Viernes, 5 de Septiembre de 2008

Twitter, es piar o hablar nerviosamente. Una elegante metáfora para designar a esta apocopada forma de comunicación en internet. Muy similar a los SMS. Limitarme a 140 caracteres, haciéndolo sin perversión, es un reto para un redactor de frases largas y muchas veces ininteligibles. Pero no negaré que sobre todo es una necesidad, en un mes sin tiempo para mis habituales periodos kilométricos.

El artilugio lo he introducido como complemento de Ius et Libertas (parte superior derecha); bajo el rótulo ‘Sucinto a veces, somero otras’, que es un mea culpa por haber utilizado indistintamente estas dos palabras. Y el asunto es grave. Sucinto: breve y compendioso (que engloba resumidamente muchas cosas). Somero: ligero, superficial, hecho con poca meditación o profundidad.

A lo largo del día, cuando tenga tiempo para piar, irrumpiré en dos líneas. Lo agradecerán. Y yo me moveré sin caracolear, como quien estira las piernas para proseguir el viaje.

***

Republican National Convention (RNC).- El discurso, leído, de McCain tiene una fuerza arrolladora en asuntos de seguridad y defensa. Sabe bien de lo que habla, hasta este punto, tomen nota los militaristas de toda laya y latitud, porque habla el candidato republicano: «Odio la guerra. Es inimaginablemente terrible». Esta afirmación no es tópica en su partido. En su aceptación ha tomado dos rasgos que el público ha podido con facilidad asignar a Obama, el cambio y la esperanza. La exuberancia retórica de los políticos norteamericanos, me resulta demasiado artificiosa, pero admiro su elaborada prosa incomparablemente mejor a la patria, plagada de anáforas y tics busca-aplausos. Cambio, porque no quiere vincularse a la actual administración y porque sostiene que cambiará Washington y que Washington no le cambiará. Esperanza a raudales: «We never hide from history. We make history» Son sus últimas frases antes de la bendición final. A su edad es demasiado tarde para cambios, después de su larga vida de Senador, fiel en un 95% a las propuestas de Bush. En cuanto a la esperanza, cabe hacerle el mismo reproche que al candidato demócrata: dennos hechos.

Sus anuncios son claros, menos impuestos (sin especificar los beneficiarios de tales recortes, a diferencia de la campaña de Obama: «se recortarán los impuestos al 95% de las familias trabajadoras»), seguros sanitarios privados, libre elección de sistema educativo, menos Estado, reducción del gasto público y menos burocracia (entre otros).

Ha sido menos concreto que el discurso de aceptación de Barak Obama, como botón, el demócrata habla de independencia energética en una década, explotando el gas natural norteamericano, desarrollando las energías renovables y apostando decididamente por la energía nuclear. McCain está de acuerdo con todo eso, no fija fecha, y añade la perforación de las reservas petrolíferas porque lo considera necesario, tachando de irrealista la propuesta de Obama. Faltan los datos, uno nada desdeñable es el horizonte cronológico.

Es un discurso respaldado por una vida, por toda una trayectoria, algo a lo que ningún elector se va a sustraer. Lieberman dice de él que es un inconformista, y se desentiende del candidato demócrata sentenciando: «El Senador Obama es un talentoso y elocuente joven que puede hacer cosas grandes para el país en los años venideros, pero la elocuencia no sustituye a la experiencia, no en estos tiempos peligrosos». Aquí está el motivo confeso de su apoyo,  el recelo generacional.

Pero la edad cuenta en esta campaña, cada fórmula electoral está compensada. Y la edad del candidato republicano dispara el protagonismo de su Vicepresidenta, la gobernadora Palin. En su discurso estableció con desparpajo su ideario, jactándose de no ser una criatura de Washington y exponiendo con claridad la suma de sus principios. A pesar de su filiación abiertamente declarada a a la Asociación Nacional del Rifle, no dice nada de la libre tenencia de armas ni de su vinculación a la alta tasa de asesinatos. La energía desplegada en la tribuna respondía a todas las polémicas que se ciernen sobre ella. Seguramente que Biden le recuerde en sus debates que puede que no estén de acuerdo en materia de aborto, pero sí en reducir los embarazos no deseados. Veremos que responde. De momento, Gallup mide el impacto de su discurso, dando entre tanto una ventaja de siete puntos a Obama.

En los discursos republicanos Dios aparece a cada paso, para bendecir o para crearnos a todos. Aquí es donde el Atlántico se hace infinito. La sospecha de que un ser anteponga la fe a la ciencia, es decir, el Dios del Génesis al Darwin de las especies, arrincona cualquier comprensión y pospone el debate político al epistemológico. El consenso en éste es presupuesto necesario para cualquier ulterior pelea. La desacomplejada Palin tiene el peligro del visionario, además del riesgo de ser joven al lado de un  viejo, al que a pesar de sus rezos, cuesta verle como un pedazo de barro en manos de Dios.

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La película sobre Ernesto Guevara de la Serna. Los mitos deben confrontarse con los hechos, y un buen ejercicio es atender a la acumulación de pruebas que se exponen en este documental.  Sobre todo en un tiempo en que tratamos de inventariar las aniquilaciones sistemáticas del adversario. Sólo con cierta prevención nos podremos librar de las salpicaduras, ahora que podemos estar informados.

***

En un lugar de Irlanda. Una excursión de españoles (?):

Guía irlandés -dirigiéndose a una chica-: ¿De dónde eres?

Chica 1: Del País Vasco

Guía irlandés: ¿española, no?

Chica 1: No, el País Vasco no es España

Guía irlandés -dirigiéndose a un chico-: Bueno, y tú ¿de dónde eres?

Chico: De Barcelona

Guía irlandés: De España ¿no?

Chico: No, no, de Cataluña

Guía irlandés: ¿no hay nadie aquí de España?

Chica 2: Sí, yo soy española. De una pequeña región del norte llamada Asturias.

La Chica 2 es mi enviada especial, quien atónita comprobó lo infecciosa que resulta la palabra España para dos mozalbetes, que sin embargo no hacen ascos a una generosa beca del Ministerio.

La pamplina de la desafección, mentada por el presidente de la Generalidad de Cataluña, no es un riesgo, es un hecho. Esta mentira ha sido el precio (muy alto) de la Transición política. Por ahora los grandes y viejos partidos de este país no quieren pagarlo. Si es una cuestión generacional, el arreglo corresponderá a la nuestra, a los nacidos más o menos con la Constitución. Conozco bien a mis padres y no creo que lo sea. Así que espero que en los próximos tiempos electorales, comience la lenta expulsión de esta sarta de mentiras; que bien colocadas convierten una agradable excursión a un castillo irlandés en una astracanada.

Que quede bien claro, prefiero que me confundan con un guitarrista de flamenco tocado con montera y harto de paellas que con estas personitas. ¡Olé!