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Admirado candidato

Sábado, 11 de octubre de 2008

 No hay una teoría general sobre las cualidades que ha de tener el candidato óptimo. Entre otras cosas, porque candidatos de distinto pelaje han acertado en el desarrollo de su función. Así, políticos con escasa formación académica y nula experiencia profesional han hecho un notable trabajo, frente a otros mucho más doctos que han resultado un desastre. No obstante, esta experiencia es engañosa, sus conclusiones (muy vagas si se quiere) no deben hacernos descartar la exigencia de cierta impedimenta para ser político. Al menos no en una democracia, en donde el fin que se busca es el autogobierno, por medio de la representación. De ahí que quepa exigir experiencia y formación a quienes se enfrentan a problemas y decisiones que el común de los electores no podemos enfrentar. Por eso la exigencia de cotizaciones previas (por todos, el presidente Joaquín Leguina), no implica más (ni menos) que el esforzado trabajador-contribuyente vea en su representante a alguien que conoce bien el esfuerzo de la supervivencia, a un par.

La irrupción del candidato Sosa Wagner, un jurista de reconocido prestigio, es una valiosa rareza en nuestra actividad pública. El fino y lúcido observador pasa a la acción, pasa de escribir en los papeles a hacerlo en la piel de los hombres. Me dirán, con toda razón, que hay una legión de catedráticos de Universidad en política, incluso uno de sus posibles contendientes lo es; pero convendrán que es forzado reconocer categorías en tan variopinto gremio.

Les dejo con él:


De causas y cálculos. El imponderable voto vergonzante

Martes, 7 de octubre de 2008

 Últimamente en las encuestas el empate se deshace a favor de Barack Obama. La pregunta que se hacen unos y otros es si la ventaja será suficiente. La respuesta podría ser diferente, si se analizan las causas (en el supuesto de que puedan aislarse) o si por el contrario se discute el cálculo.

La principal causa que pacíficamente se admite como justificación del despegue del candidato demócrata, es la crisis financiera. Más bien la fallida gestión de la Administración republicana, la doctrina de la desregularización; que ahora paga el Presidente Bush con una exigua aprobación del 25%. El desastre le acompañará para siempre, del mismo modo que la crisis de los rehenes pudo con Carter. La fácil asociación al Partido Republicano dificulta que su candidato pueda proponer algo concreto. De ahí que sea la candidata a Vicepresidente quien se encargue del trazo grueso (exabruptos incluidos) o se aproveche de su telegenia, guiñando el ojo a los votantes.

En esta situación, los demócratas despliegan una batería de datos para armar sus propuestas, reducción de impuestos a rentas inferiores a 120.000$ al año (sorprende la clase media estadounidense con una renta mensual aproximada de 7200€ al mes). También para hablar de Irak, retirada paulatina en dieciséis meses, reducción del actual contingente militar de 400.000 efectivos y del coste estimado en 10.000 millones de dólares. Ante esta ofensiva, la única cifra que esgrimió Palin en el debate con Biden, fue su exención fiscal de 5.000$ para financiar el pago de seguros médicos. Una propuesta tan lineal como injusta, ya que no a todos los enfermos cunde una cobertura sanitaria de esas características. Además  de transmitir un mensaje muy inquietante, el cambio climático no sólo se debe a causas humanas sino a otras, que no descifró y que deben de ser escatológicas, tan aficionada como es a hipostasiar.

Por eso los muertos ya debidamente enterrados vuelven: Ayers, el reverendo Wringh respecto de Obama o el caso de los cinco de Keating en relación a McCain (quien fue declarado libre de cualquier cargo de corrupción por el Comité de Ética del Senado).

Sin embargo la suficiencia de la ventaja que arrojan las encuestas (Gallup y Politico), se pone entredicho. El factor racial emerge y con él, el voto vergonzante, aquel ciudadano que nunca votará por un negro. En Estados Unidos el fenómeno se conoce con el nombre de ‘Efecto Bradley’, por el exalcalde de Los Ángeles que perdió las elecciones a Gobernador cuando las encuestas le daban como ganador. O el caso de Wilder que fue elegido en 1989 Gobernador de Virginia por un estrecho margen, cuando las encuestas le daban una amplia mayoría. Puede decirse que la mengua electoral respecto a los sondeos se acrecienta cuando los candidatos son negros; algunos se atreven a medir esa pérdida en una horquilla de uno a cinco puntos. Según estas cuentas, hoy Obama con una ventaja de ocho superaría al voto vergonzante.

Es muy gráfica la conclusión de la encuestadora demócrata Celinda Lake: «los blancos entrevistados por negros son más partidarios de Obama en un tres o cinco por ciento que los blancos entrevistados por blancos».

Otros sostienen que estas prevenciones no pueden traerse a esta elección, forman parte del pasado y que con los datos en la mano no se aprecia una desviación tan grande.

Las conclusiones ahora tienen sus riesgos, ya que si pierde Obama se acudirá inevitablemente como explicación a la raza. Será difícil saber cuánto pesa allí y ahora ser negro. Intuyo que mucho, no sólo por razones históricas o porque en los sesenta hubo que escoltar militarmente a los negros para que pudieran ir en paz a la Universidad; o porque los últimos del Katrina  eran precisamente negros. Sino porque son legión los que asistidos por interpretaciones psicologistas piensan que un negro (una mujer o un hispano) gobernarán de modo diferente (y mejor).

Además,  comparto la opinión del Gobernador Wilder: «Racism has not gone away nor will it ever».

Fuera de toda clase de especulaciones, en Ohio (Estado clave con veinte votos electorales muy disputados), el nuevo sistema de registro y votación anticipada no ha tenido mucho éxito, un mal indicador para la campaña demócrata. Podría confirmar la larvada acción del voto vergonzante, ya que en dicho Estado según la encuesta de Politico, Barack Obama lleva una ventaja de tres puntos y medio a McCain (Bush en 2004 sólo ganó por dos puntos).

Adrián, alcalde

Jueves, 11 de septiembre de 2008

 Adrián Barbón será el nuevo Alcalde de Laviana. Aquí no se hacen comentarios sobre política local. Es una distancia recomendable que sólo en pocas ocasiones traspaso. El acontecimiento de hoy lo merece, anoto que un amigo será Alcalde de un concejo similar al mío en un valle paralelo, conocido por la ‘Aldea Perdida’ de Palacio Valdés.

No son buenos tiempos para dedicarse a la política activa. Los observadores solemos afilar nuestros juicios hasta perdernos. Y muchas veces las conclusiones son impracticables, y por ellas resbala la realidad. Una es la que iguala a todos los políticos bajo las furibundas trompetas de quejas certeras, que si bien no necesitan desbordarse para ser graves, la exageración les garantiza el interés. Hay resquicios, de la extensión que sean, hay espacio aún para políticos que nada tienen que ver con la ramplonería del conformista gris que puebla aquel biotopo.

Dos minutos grabados al bies, en un día en que la alegría encoge nuestras diferencias ideológicas.

Piando

Viernes, 5 de septiembre de 2008

Twitter, es piar o hablar nerviosamente. Una elegante metáfora para designar a esta apocopada forma de comunicación en internet. Muy similar a los SMS. Limitarme a 140 caracteres, haciéndolo sin perversión, es un reto para un redactor de frases largas y muchas veces ininteligibles. Pero no negaré que sobre todo es una necesidad, en un mes sin tiempo para mis habituales periodos kilométricos.

El artilugio lo he introducido como complemento de Ius et Libertas (parte superior derecha); bajo el rótulo ‘Sucinto a veces, somero otras’, que es un mea culpa por haber utilizado indistintamente estas dos palabras. Y el asunto es grave. Sucinto: breve y compendioso (que engloba resumidamente muchas cosas). Somero: ligero, superficial, hecho con poca meditación o profundidad.

A lo largo del día, cuando tenga tiempo para piar, irrumpiré en dos líneas. Lo agradecerán. Y yo me moveré sin caracolear, como quien estira las piernas para proseguir el viaje.

***

Republican National Convention (RNC).- El discurso, leído, de McCain tiene una fuerza arrolladora en asuntos de seguridad y defensa. Sabe bien de lo que habla, hasta este punto, tomen nota los militaristas de toda laya y latitud, porque habla el candidato republicano: «Odio la guerra. Es inimaginablemente terrible». Esta afirmación no es tópica en su partido. En su aceptación ha tomado dos rasgos que el público ha podido con facilidad asignar a Obama, el cambio y la esperanza. La exuberancia retórica de los políticos norteamericanos, me resulta demasiado artificiosa, pero admiro su elaborada prosa incomparablemente mejor a la patria, plagada de anáforas y tics busca-aplausos. Cambio, porque no quiere vincularse a la actual administración y porque sostiene que cambiará Washington y que Washington no le cambiará. Esperanza a raudales: «We never hide from history. We make history» Son sus últimas frases antes de la bendición final. A su edad es demasiado tarde para cambios, después de su larga vida de Senador, fiel en un 95% a las propuestas de Bush. En cuanto a la esperanza, cabe hacerle el mismo reproche que al candidato demócrata: dennos hechos.

Sus anuncios son claros, menos impuestos (sin especificar los beneficiarios de tales recortes, a diferencia de la campaña de Obama: «se recortarán los impuestos al 95% de las familias trabajadoras»), seguros sanitarios privados, libre elección de sistema educativo, menos Estado, reducción del gasto público y menos burocracia (entre otros).

Ha sido menos concreto que el discurso de aceptación de Barak Obama, como botón, el demócrata habla de independencia energética en una década, explotando el gas natural norteamericano, desarrollando las energías renovables y apostando decididamente por la energía nuclear. McCain está de acuerdo con todo eso, no fija fecha, y añade la perforación de las reservas petrolíferas porque lo considera necesario, tachando de irrealista la propuesta de Obama. Faltan los datos, uno nada desdeñable es el horizonte cronológico.

Es un discurso respaldado por una vida, por toda una trayectoria, algo a lo que ningún elector se va a sustraer. Lieberman dice de él que es un inconformista, y se desentiende del candidato demócrata sentenciando: «El Senador Obama es un talentoso y elocuente joven que puede hacer cosas grandes para el país en los años venideros, pero la elocuencia no sustituye a la experiencia, no en estos tiempos peligrosos». Aquí está el motivo confeso de su apoyo,  el recelo generacional.

Pero la edad cuenta en esta campaña, cada fórmula electoral está compensada. Y la edad del candidato republicano dispara el protagonismo de su Vicepresidenta, la gobernadora Palin. En su discurso estableció con desparpajo su ideario, jactándose de no ser una criatura de Washington y exponiendo con claridad la suma de sus principios. A pesar de su filiación abiertamente declarada a a la Asociación Nacional del Rifle, no dice nada de la libre tenencia de armas ni de su vinculación a la alta tasa de asesinatos. La energía desplegada en la tribuna respondía a todas las polémicas que se ciernen sobre ella. Seguramente que Biden le recuerde en sus debates que puede que no estén de acuerdo en materia de aborto, pero sí en reducir los embarazos no deseados. Veremos que responde. De momento, Gallup mide el impacto de su discurso, dando entre tanto una ventaja de siete puntos a Obama.

En los discursos republicanos Dios aparece a cada paso, para bendecir o para crearnos a todos. Aquí es donde el Atlántico se hace infinito. La sospecha de que un ser anteponga la fe a la ciencia, es decir, el Dios del Génesis al Darwin de las especies, arrincona cualquier comprensión y pospone el debate político al epistemológico. El consenso en éste es presupuesto necesario para cualquier ulterior pelea. La desacomplejada Palin tiene el peligro del visionario, además del riesgo de ser joven al lado de un  viejo, al que a pesar de sus rezos, cuesta verle como un pedazo de barro en manos de Dios.

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La película sobre Ernesto Guevara de la Serna. Los mitos deben confrontarse con los hechos, y un buen ejercicio es atender a la acumulación de pruebas que se exponen en este documental.  Sobre todo en un tiempo en que tratamos de inventariar las aniquilaciones sistemáticas del adversario. Sólo con cierta prevención nos podremos librar de las salpicaduras, ahora que podemos estar informados.

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En un lugar de Irlanda. Una excursión de españoles (?):

Guía irlandés -dirigiéndose a una chica-: ¿De dónde eres?

Chica 1: Del País Vasco

Guía irlandés: ¿española, no?

Chica 1: No, el País Vasco no es España

Guía irlandés -dirigiéndose a un chico-: Bueno, y tú ¿de dónde eres?

Chico: De Barcelona

Guía irlandés: De España ¿no?

Chico: No, no, de Cataluña

Guía irlandés: ¿no hay nadie aquí de España?

Chica 2: Sí, yo soy española. De una pequeña región del norte llamada Asturias.

La Chica 2 es mi enviada especial, quien atónita comprobó lo infecciosa que resulta la palabra España para dos mozalbetes, que sin embargo no hacen ascos a una generosa beca del Ministerio.

La pamplina de la desafección, mentada por el presidente de la Generalidad de Cataluña, no es un riesgo, es un hecho. Esta mentira ha sido el precio (muy alto) de la Transición política. Por ahora los grandes y viejos partidos de este país no quieren pagarlo. Si es una cuestión generacional, el arreglo corresponderá a la nuestra, a los nacidos más o menos con la Constitución. Conozco bien a mis padres y no creo que lo sea. Así que espero que en los próximos tiempos electorales, comience la lenta expulsión de esta sarta de mentiras; que bien colocadas convierten una agradable excursión a un castillo irlandés en una astracanada.

Que quede bien claro, prefiero que me confundan con un guitarrista de flamenco tocado con montera y harto de paellas que con estas personitas. ¡Olé!

Dinner en el ‘Blue Sky Grill’ (y II)

Domingo, 31 de agosto de 2008

La chica de la otra mesa se llama Rachel Sullivan, hemos vuelto a coincidir, ahora con un sándwich vegetal, el mío sin mayonesa, y en la barra. La euforia colectiva disimula el agotamiento individual que causa la masa enfervorecida. Comprensiblemente sus ojos brillan, porque aquí todo tiene proporciones históricas.Antes de que me arrolle con su entusiasmo, le hago ver que el nominado aludió a Ohio en dos ocasiones. La primera para referirse hipotéticamente a una mujer, que al borde del retiro, queda arruinada al diagnosticarle una enfermedad, tras una vida entera de trabajo. Por segunda vez, al ejemplificar «La realidad de la propiedad de las armas es diferente para los cazadores del rural Ohio que para aquellos acosados por bandas violentas en Cleveland, pero que nadie me diga que no podemos mantener la Segunda Enmienda mientras que quitamos los AK 47 a los criminales». Sonríe, y cita esos dos aspectos como motivos que engrosan la larga lista de causas para el cambio. No son menores, la falta de un sistema de seguridad social y la facilidad con que los criminales se hacen con armas de fuego.

Sobre el primero se ha hablado mucho, y cuesta creer como la primera potencia del mundo no disponga de un sistema de protección eficaz. Al tiempo que alberga los hospitales más especializados y sofisticados del mundo.

El sueño americano consiste en retribuir el esfuerzo individual, pero en la lectura demócrata, implica también el auxilio estatal en algunos casos de necesidad. Frente al modelo republicano de la ‘sociedad de propietarios’, que supone «you’re on your own» (arréglatelas como puedas). Esa retórica me resulta totalmente ajena por mi escasa propensión a las ensoñaciones, en cambio, admiro el grado de identificación de la gente con ese ideal. Aunque en el papel sea mucho más prosaico: la igualdad de oportunidades.

Estas observaciones se desvanecen cuando es de nuevo,  un negro quien sueña. En un país que abolió la esclavitud en 1863, con un retraso de treinta años respecto a Gran Bretaña, con el pretexto económico de la acuciante necesidad de mano de obra barata para el algodón, hasta el punto que allí la democracia advino antes que el industrialismo.

Además de estas consideraciones nacionales, Barack Obama fijó un objetivo ambicioso que no puede despacharse con desdén, a saber, «And for the sake of our economy, our security, and the future of our planet, I will set a clear goal as President: in ten years, we will finally end our dependence on oil from the Middle East». Es decir, comienza una cuenta atrás para eliminar la dependencia de Oriente Próximo. Con menos abundancia de dinero, más o menos fácil, cabe pensar que no habrá tantos fondos para el terrorismo. Y en todo caso quedarán cercenadas las puertas a la extorsión. Tal objetivo decenal merece la reelección.

Consigo sortear el fervor partidario de Rachel y del grupo que ya se concentra en torno al extranjero; y me pregunto si asistiremos a una ola de neoprogresistas. En otras palabras, si el reaccionario posmodernismo se encarna ahora en los demócratas. Los indicios que hubo en las primarias, con la frívola disposición al diálogo con líderes de todo pelaje de la que hizo gala Obama, se han desvanecido. Y el propio candidato apela a Roosvelt como ejemplo de coraje en la defensa, ya no sólo de los norteamericanos, si no de la libertad. Si bien aquella se detuvo en los Pirineos en mala hora.

Los demócratas han sido audaces, y su ‘yes we can’ ha provocado un volantazo en la campaña republicana, donde McCain ha anunciado precisamente en Dayton, Ohio, que su vicepresidenta será la conservadora Palin, a la sazón, gobernadora de Alaska. Por una parte compensa la ausencia de Hillary Clinton en la candidatura demócrata y por otra la reputación de independiente y liberal del candidato republicano. Con esta fama McCain corre la misma suerte que azota a nuestro Rajoy, a quien desde su flanco derecho quieren erigir en baluarte de una moderación impropia tan infundada como mal intencionada. Además hay una tercera variante, la juventud de la vicepresidenta puede sugerir una macabra desconfianza en la viabilidad de McCain (¡larga vida para él!). Auguro que el humor negro se cebará con el ticket republicano.

El volantazo se ve con más claridad si como informa Jonathan Martin, se pensó en el senador Lieberman, quien ya fuera en la fórmula electoral de Al Gore. La inexperiencia de la gobernadora permitirá neutralizar la misma crítica que se lanza contra Obama.

Rachel se va convencida de que se obrará el cambio.

Uno se convierte en partidario sólo para alejar la más leve posibilidad de que efectivamente McCain-Palin puedan parecerse a la actual administración.

Almuerzo en el ‘Blue Sky Grill’ (I)

Jueves, 28 de agosto de 2008

Estoy haciendo tiempo en el Blue Sky Grill, el restaurante del Pepsi Center, Denver, Colorado. He pedido carpaccio de búfalo y unos nachos, bebo cerveza por no haberme atrevido a pronunciar ‘Coca-Cola’. Intento poner en orden la información de que dispongo sobre la Convención Demócrata. De este modo, me libro del equívoco que azota a la ribera atlántica desde la que escribo habitualmente; no es otro que ver esta asamblea como la coronación de Obama. Sin embargo, aquí todo se ve de distinto modo. El termómetro del aparcamiento marca una temperatura de 84º. Todo parece más grande. A mi lado, una delegada de Ohio relee los periódicos, es muy agradable comprobar que las activistas políticas existen y se afanan en mantener el canon moderno de belleza. Otro contraste, en la otra orilla, el desaliño suele aparejar un cierto prestigio político. Algunas chicas cultivan una estética hortera que les diferencie de las pijas del otro lado, eso sí, hasta que son ministras. Desgraciadamente, no llegan todas y a las demás la política las condena a una estética deprimente y descuidada.

No puedo entretenerme en la descripción de la grada, un interesante mosaico. Han ocurrido muchas cosas, Barack Obama ha elegido como Vicepresidente a Joe Biden, y el Presidente Clinton ha hablado. El senador Biden contrarresta los principios de bisoñez que asomaron al comienzo de la campaña de Obama. Por cierto, nada parecida a la de los pagos patrios, a este efecto no debe confundirse la titubeante inexperiencia con el incansable despacho a la ligera de todos los asuntos. Aporta autoridad moral, es decir, el reconocimiento por ambos partidos de que se trata de un hombre con criterio. Allí tan escasos como aquí. Lo demostraba el otro día en The New York Times Jeffrey Rosen, narrando el ecuánime papel que desempeñó como Presidente del Comité Judicial del Senado en la designación de jueces no precisamente de perfil liberal. En su discurso ante la Convención, habló sin ambages del mundo, y del negligente papel que los neocon han tenido respecto a Rusia. Por mucho que ahora, en sesudos e interesantes ensayos quieran explicar la nueva dialéctica democracia/autarquía (que sustituye a la del capitalismo/comunismo); sus teorías se hicieron carne invadiendo Irak y contemporizando con Rusia y la inmundicia moral de su actuación en Chechenia. El candidato a Vicepresidente se compromete con la reconstrucción de Georgia, lo que para cualquier partidario de la democracia debiera ser una alegría. Sería aconsejable que al respecto, la desvalida Europa y también Estados Unidos recordaran la alegría con que reconocieron Kosovo.

La designación de Biden hizo que los republicanos publicaran un vídeo propagandístico en el que aquel criticaba a Obama. Una utilización demagógica y penosa de unas diferencias que también y no sin menor intensidad cobija el GOP (Great Old Party, el Partido Republicano). Como reacción apareció entre los demócratas, el sonsonete ‘Mc Cain is more the same’, vinculándolo a la desastrosa administración Bush, como forma abreviada y eficaz de atacarle. Debería prohibirse la utilización en la publicidad propia de los adversarios, limitando así, los riesgos de esta ponzoñosa propaganda que con tanta diligencia copiamos.

Pero esta crítica, según la cual se parifica a Mc Cain con Bush, demuestra lo apretado de la situación electoral. Al escribir esto, Gallup sólo da un punto de ventaja a Barack Obama, pero como este señor lo explica todo, muestra los puntos más fuertes, por comparación, del candidato demócrata, a saber: conecta mejor con las necesidades del electorado, en unir a los dos partidos, en valores compartidos y en anteponer los intereses del país a los del partido.  Pierde en eficacia y liderazgo, amén de que un 80% ve a Mc Cain como un buen comandante en jefe, mientras que sólo un 53% opina lo mismo de Obama.

Se cita como factor que aprieta más los sondeos que muchos partidarios de Hillary votarán a Mc Cain. Como especulación puede estar bien, pero al igual que el periodista Simon, no creo que ocurra tal cosa, sobre todo cuando ya se sabe que el senador Mc Cain apoyó nueve de cada diez propuestas de la administración Bush, o votó 49 veces contra el incremento del salario mínimo.

Otra particularidad grata es que nadie escatima elogios al rival, así Bill Clinton le dedicó estás palabras más allá del protocolo: «The Republicans will nominate a good man who served our country heroically and suffered terribly in Vietnam. He loves our country every bit as much as we all do. As a Senator, he has shown his independence on several issues.»

Bill Clinton en su discurso, plagado de referencias al papel en el mundo de Estados Unidos y al refortalecimiento de los mecanismos de cooperación multilateral, dejó sentado, algo que no percibimos, allí,  las cosas internas no van nada bien. Asevera el Presidente Clinton: «Barack Obama sabe que América no puede ser fuerte en el exterior sino lo es en casa. A todo el mundo siempre le ha impresionado más el poder de nuestro ejemplo que el ejemplo de nuestro poder.» Un juego de palabras que encierra como valor la disuasión frente a la fuerza meramente preventiva.

Biden acabó su discurso con una variación al habitual: “Que Dios os  bendiga y bendiga a América”, por «May God bless America and protect our troops.»

El país vota en guerra.

Una alegre tarde de verano, o de primavera

Lunes, 11 de agosto de 2008

 La gran noticia de Elena y Eduardo es también nuestra, a pesar de que en este tipo de casos, la alegría de los acompañantes es sólo una débil aproximación a la suya, un simulacro de lo que de verdad ellos traen consigo. Este tipo de nuevas aún consigue que vea la ilusión sin reservas; por lo demás tan oculta, en la apariencia de otras muchas que pretenden hacernos pasar por sorprendentes y gratas. Esto es el éxito, lo demás, son cábalas que uno se hace, o que todos nos hacemos, para sobrevivir en el pantano.

Este verano en el que se ha querido concentrar mucho tiempo, convocado, eso sí, sin escatimar fuerzas; no se parece en nada, a lo que según los planes o los cálculos debiera ser. Los meses se han acelerado y la velocidad hace que siga en la misma mesa, haciéndome cargo de cosas que habían estado hasta ahora almacenadas, y que no creo que pueda postergar. Esta inercia no debe ser muy buena, pero mientras que otras cosas, quizá mucho más necesarias y sugerentes no acontezcan (o no puedan acontecerme), seguiré concienzudamente persiguiendo cabos sueltos sobre este amplio trozo de cristal Ikea.

El encuentro de la tarde, inundado por esa felicidad que despedían Elena y Eduardo, discurrió como una rendición de cuentas de un año singular, en la que acabamos hablando de política. Creo que cada vez, de forma más racional, es decir, como si fuéramos extranjeros que examinan a cierta distancia las cosas. Los argumentos despiden las simplificaciones hediondas, a las que uno ya se ha ido acostumbrando y las responde, insensato, con una mueca de fría ironía que no congela a nadie. Es algo común observar como la realidad no suele ocupar espacio en los foros políticos, suplantando su examen, el incestuoso encamamiento entre políticos y mass media. Eduardo nos advertía, apartando unas setas francamente amargas, de que su generación había sido víctima del espejismo preparado desde el poder por la televisión autonómica. Lo que no hemos visto, no existe; y lo que hayamos visto (en la tele, por supuesto) existe ineluctablemente. Y a los que sospechan (sospechamos), les encantaría pagarles (pagarnos) con el ostracismo, tan de Grecia. Elena, dividiendo el plato de huevos rotos como matriarca que ya oficia, hablaba de la imposibilidad de que unos mismos datos (por ejemplo, un catarro de vías altas), pudiera usarse ya no en todo el territorio nacional, sino ni siquiera dentro de Cataluña. El fraccionamiento es tan evidente, que sensatamente se pregunta por el papel del Estado como indispensable garante del hilván que nos una. Permitiendo, con toda modestia, que un médico asturiano sepa, con sólo pasar la tarjeta sanitaria por el lector, que a pesar del origen foráneo del paciente, sigue teniendo la misma, peligrosa y persistente alergia a la penicilina.

Esto no es así y lo denunciaba, hace tiempo, el maestro Espada en un artículo del que no se sabe que haya levantado mucha polvareda. Lo que tiene su lógica, porque como todos sabemos, en un país como este, nadie enferma.

Ya corre la feliz cuenta atrás. Directos a la primavera ¡Qué alegría!

Y no se rompe, nos apadrinan

Jueves, 31 de julio de 2008

 La publicación de las balanzas fiscales es algo absurdo, sólo sirve para certificar que España es un país normal en el que se distribuyen los ingresos. Invocando el principio de autoridad citaré al profesor Monasterio (Interpretación y sentido de las balanzas fiscales, Papeles de Economía, núm. 99, 2004, pp. 2-12):

«[...] Una cuestión previa que debemos decidir es si tiene sentido trabajar sobre la redistribución regional (que es lo que hacen las balanzas fiscales) o si resulta preferible abordar el tema de la redistribución desde el punto de vista personal.

»Realmente, el problema de fondo de la desigualdad es que haya individuos muy ricos al lado de otros extremadamente pobres. El núcleo duro de los problemas de desigualdad es personal, porque son los individuos quienes trabajan, obtienen renta, consumen, pagan impuestos y utilizan los servicios públicos.

»[...] Sin embargo, si redefiniéramos el mapa regional de España y creásemos una «Región Sureste» con Cataluña, Baleares, Valencia, Murcia y Andalucía, una «Región Centro» con Madrid, las dos Castillas y Extremadura y una «Región Norte» con todas las comunidades cantábricas, habríamos reducido de un plumazo las diferencias en las balanzas fiscales, aunque sabemos que las diferencias personales de renta permanecerían inalteradas [...]» (El subrayado es mío)

De inmediato, los datos con membrete oficial, ofrecen el pretexto -que el nacionalismo siempre había ansiado- para que las diferencias entre las comunidades autónomas, ensombrezcan para siempre, la brecha económica entre personas. Eso es muy importante para la autodenominada izquierda nacionalista o independentista, cuya misión, a partir de ahora será proteger con ahínco el dinero de Cataluña. En suma, podrán librarse del pesado fardo de defender a los catalanes desfavorecidos, siguiendo fielmente el libro.

La caridad Suñé es una secuela de esos juegos a los que tan perfunctoriamente se presta el Gobierno. Sin embargo, las disculpas las pide el cartelista, pero sólo por haber puesto el afiche, en el que mezclando el inglés y el catalán se da cuenta de lo vagos que pueden llegar a ser los extremeños (asturianos, gallegos, castellano leoneses &c.) Pagado de sí mismo, se dirige al pueblo extremeño, es decir, a esa ficción a la que nunca se puede ofender.

En la respuesta, que nos atañe a todas comunidades autónomas mendicantes, deberíamos ser cautos, y no dirigirnos al alma caritativa de Suñé, a quien por razones de buen gusto conviene no hacer excesivamente famoso. Sino exigir al Gobierno que limite la reforma del sistema de financiación a corregir los desajustes existentes, convirtiéndola en lo que nunca tendría que haber dejado de ser, una discusión técnica y aburrida.

El Estatuto de Cataluña que no rompía España, comienza a dar sus frutos, primero desfilan los incautos y desinformados, en segunda línea marchan los consejeros hablando del mínimo estatal y de la necesidad de poner fin al expolio.

Las miserias del tal Suñé es una cuestión familiar, que sus descendientes tendrán que disimular siempre que no sigan tan alcanzados. Pero representa, la impotencia del discurso tradicional de la izquierda  frente a la llama siempre viva de los nacionalismos. Su sed de alcanzar un partido único se ha conseguido en Cataluña, con interminables hileras de hinojos.

Por eso el nacionalismo de Estado de Pujol, sólo alejado en las formas del patetismo Suñé, ha triunfado. Lo que separa,  el caso catalán del vasco, donde aún es impensable un desistimiento generalizado.

La gravedad sería que alguien tratase de acreditar que los extremeños son igual de trabajadores que los catalanes o que turbados se rechazase sin más esa ayuda; porque no existe tal, y todas las aportaciones estatales nos pertenecen por derecho y no son una concesión graciable del señor Suñé y sus camaradas, a quienes no cabe más que reprochar ignorancia y mala baba.

¿Fuego amigo?

Martes, 15 de julio de 2008

  cover_newyorker_190.jpgLa polémica portada sirve de reclamo a un extenso artículo de Ryan Lizza, intitulado ‘Making itsubtitulado ‘Cómo Chicago forma a Obama’ donde se relata prolijamente    la carrera política del candidato. Sin que la narración sea desdeñosa, y sin que por cierto, haga referencia alguna al dibujo de la portada. Sobre el aspecto religioso,  tan sólo informa que Barack Obama fue en un principio agnóstico para convertirse en un devoto cristiano practicante. Una conversión que nada tiene que ver con la fe con la que los dibujantes The New Yorker lo han caracterizado. Sin embargo, el caricaturista no pretendía hacer mofa del candidato demócrata sino más bien de los que dicen que es un musulmán encubierto, con todo lo que ello implica. No conviene pasar por alto, que la propia Clinton respondía a la pregunta de si su contrincante en las primarias era musulmán, con un ladino  «no creo». Su pasado (su segundo nombre Hussein) permite alimentar esa letal, en términos electorales, y directamente ignominiosa sombra de duda, cuando se le asocia al terrorismo.

Periodistas tan bien informados como Ben Smith han restado importancia a la portada, partiendo de que la línea editorial de la revista apoya  a Obama.

Si volvemos al artículo de Lizza, nos encontramos con la biografía política de una persona a la que todo el mundo ha visto, muy anticipadamente, como el primer presidente negro. Para que esto no sea así, sus detractores le niegan esa condición al tiempo que por razones obvias tampoco pueden otorgarle la de blanco. En el relato se cuenta su derrota en el cercano 2000 para acceder al Congreso de Illinois, tiempo que no auguraba precisamente, muchos éxitos.  Según las fuentes y la interpretación del periodista consiguió sobreponerse y aprender de la derrota.

Todas las carreras de los políticos, en los países democráticos tienden a parecerse, están trufadas de maniobras calculadas, de declaraciones audaces que con el tiempo se moderan hasta desdibujarse; que muestran como la principal función de un político al más alto nivel es la supervivencia. Obama aprendió rápido a buscar el “pinstripe patronage” es decir, el apoyo, el crédito de la “raya diplomática”. Según se lee en la revista aún mantiene su independencia, posiblemente porque nadie lo enviaba en una ciudad (Chicago) donde para entrar en política tenía que haberte enviado alguien (The ward boss came in and pulled the cigar out of his mouth and said, ‘Who sent you?’ And I said, ‘Nobody sent me.’ He put the cigar back in his mouth and said, ‘We don’t want nobody nobody sent.)

En este punto los parecidos  con nuestros políticos incipientes se esfuman, aquí sigue de moda “el recadero”, aunque venturosamente hay quien consigue zafarse de su dueño sin promocionar al sublime estadio del “correveidile”.

La fallida portada ensombrece un artículo interesante que narra, sirviéndose de distintos testimonios, las vicisitudes de alguien que quiso firmemente llegar a Presidente de su país, lo que es común a todos los que finalmente lo son. En esto, no hay casualidades.

Malas compañías

Viernes, 11 de julio de 2008

 El verdadero problema del manifiesto por una lengua común, no es la ajustada denuncia de los hechos, ni la colección de sensateces que postula, ni el prestigio de quienes lo promovieron. El inconveniente insalvable son las firmas que luego llegaron. Por todas, la de don Federico Jiménez Losantos, quien ha apartado de la adhesión a millones de personas que no quieren saber nada del personaje.  Yo tampoco, me repugnan su lenguaje faltón y sus modos atrabiliarios, empero  como cualquier español está sujeto al control judicial cuando bajo la libertad de expresión corren injurias y calumnias.

No se me ha pasado por la cabeza no decir aquello que pienso cuando coincide con el locutor (tomado aquí como exponente de la carencia de la más mínima sindéresis), ni por supuesto usurpar el derecho que cualquier ciudadano tiene de firmar al pie de un documento público como el que nos ocupa. El triunfo de las apariencias reclama buenas compañías que reemplacen a los buenos argumentos. Esta superficialidad hace que muchas personas, coincidiendo con el diagnóstico, temen ser vistos en el mismo local que uno de esos adversarios. Personajes construidos no sólo por la devoción de sus enfervorecidos partidarios, sino por una inusitada sobrevaloración de sus detractores; pero los unos necesitan a los otros.

Así que el inconveniente es el adjetivo común. Los viejos dicen que es nuestro mal endémico, el no ser verdaderamente conscientes que hay ciertos asuntos en los que hay que estar unidos; sin que por ello se vea amenazado el régimen democrático. Las diferencias mandan y cuando la razón amenaza con la unidad, cualquier excusa o pretexto es bueno para no pronunciarse. Sin embargo, en otros terrenos celebramos toda clase de éxitos en la compañía de todo el jubiloso, cualquiera que éste sea. Incluso se forman mayorías políticas con gentes que justifican o toleran el crimen, a las que la necesidad acaba esculpiendo como verdaderos demócratas, con los que uno puede almorzar y preguntar por sus hijos como si tal cosa.

Para tranquilidad de castizos, «dime con quién vas y te diré quién eres» sigue estando vigente, porque en principio, ninguno de los abajo firmantes ha rubricado ansioso de aparecer junto a otro (presumiblemente ni el locutor por estar bajo el profesor Savater), sino más bien para mostrarse firmes contra la segregación institucional del español, tolerada por quien no quiere ver que ya no puede hacer valer muchos de sus derechos en la lengua oficial: el español.

Para mí el manifiesto es sumamente moderado y compatible con una detestable práctica, como es el proteccionismo de las lenguas minoritarias, un dispendio al servicio de la más rancia de las mitologías románticas, a saber, que el idioma forma parte de la inescindible esencia de un individuo. Por mí, podrían desaparecer todas menos una, entonces y entre otras cosas, llegaría la hora de la verdad para quienes entre subvención y subvención se autodenominan, con todo atrevimiento, escritores.

Descorbatados

Sábado, 5 de julio de 2008

 El calor, al parecer, exime el uso de la corbata; una estrategia más para luchar contra el cambio climático, dicen. Lo cierto es que la corbata estaba ya amenazada, incluso valiéndose sus detractores de la argumentación freudiana según la cual, llevarla puesta no era más que la compensación a inconfesables complejos fálicos.

Pero el incidente del ministro descorbatado, no es nada anecdótico sino que es una más de las contestaciones del posmodernismo, que pugnan contra todo lo que consideran antiguo. Como todas las modas, se trata de quitar un uniforme para ponerse otro. La aristocracia se quitó pronto la corbata cuando ésta no les distinguía, y ahora que la llevan todos se la quitan los políticos, eso sí con el señuelo de estar más cerca del pueblo. Este razonamiento da cuenta de la verdadera distancia entre unos y otros, ya que el hecho del despojo denuncia el verdadero autoconcepto de la clase dirigente («el hábito no hace al monje»). Es hilarante pensar que un trozo de seda se interpone entre el elegido y el elector.

La corbata cumple con la misión estética de ocultar la botonera de la camisa, e introduce novedad en la monotonía bicolor de un traje. Estrictamente, desde el punto de vista del vestido es innecesaria, sofisticación que tradicionalmente suponía cierto respeto a quien la porta.

El prestigio del desaliño, entendido aquí como la ruptura con el código, no es nada nuevo, ya lo abanderaron los hippies  y en los noventa la cultura grounche, donde el mérito era no estar limpio.  El caso es que pronto surgen las interpretaciones políticas y no usar corbata será inequívocamente de izquierdas; puede que ya lo sea y que en el reduccionismo al uso, los desenfadados sean unos y los encorsetados los otros.

Las empresas ya tienen instaurado el día sin corbata (casual day), el viernes, donde sus empleados pueden relajarse, invitándoles a pensar que pronto llega el fin de semana. Esto ha llegado incluso a la Administración, donde la moratoria a la corbata se cuenta por los meses en que funciona el aire acondicionado.

Si la corbata es simplemente tela accesoria, también puede considerarse que lo es la camisa de manga larga, los pantalones de pernera o los zapatos. Puestos a ser flexibles cabe pensar como algo práctico, que sus señorías y los ministros puedan asistir al Congreso en bermudas, chancletas y camisa hawaina.

Todo ello demuestra un cierto desprecio a admitir como verdadera norma a los usos y costumbres, aferrándonos a obedecer sólo a normas codificadas, escritas, tomando como antiguallas o reaccionarias todas las costumbres.

En el ámbito judicial se regula por escrito y en una norma reglamentaria (Reglamento 2/2005, de Honores, Tratamientos y Protocolos en los actos judiciales solemnes) el atuendo de los que en el foro intervienen,  en los siguientes términos:

«Fiscales, Secretarios, Jueces de Paz, Abogados del Estado y demás Letrados de Servicios Jurídicos de las Administraciones Públicas, Abogados, Procuradores y Graduados Sociales en actos solemnes judiciales y actos jurisdiccionales que tengan lugar en los estrados, usarán toga y, en su caso placa y medalla. En todo acto jurisdiccional llevarán traje o vestimenta acorde con la solemnidad del acto

Produciéndose una relajación respecto a la regulación anterior que aun mantuvo el proyecto de reglamento de  «Llevarán traje o vestido oscuro, camisa o blusa lisa clara y corbata o lazo oscuro».

Así las cosas cabría ya preguntarse si el traje lleva aparejada la corbata o no, es decir, si se cumple la norma reglamentaria vistiendo toga sin corbata. Porque es claro que ya no hay sujeción cromática y que bien podrá enfundarse un letrado la toga sobre una corbata roja o amarilla. Lo que  defrauda el origen uniformador de aquella prenda, otrora expresión de la igualdad de  las la partes.

Como se ve, la derogación de viejas costumbres, en ocasiones supone burlar valores más profundos y justos, que en el caso de la corbata en el Pleno del Congreso de los Diputados refiere un cierto respeto a los ciudadanos, aunque ello sea en detrimento de la comodidad de la autoridad o funcionario.

El nacionalismo por los ‘ciudadanos del mundo’

Sábado, 28 de junio de 2008

 Las numerosas muestras de júbilo con ocasión de los triunfos de la selección española,  han acrecentado los recelos de los  vigilantes ‘ciudadanos del mundo’, quienes ven en tanta concentración humanas síntomas claros de neoespañolismo, es decir, de nacionalismo español. El razonamiento llega hasta la conclusión de que en España, en realidad, se baten nacionalistas españoles contra nacionalistas periféricos. Todos son la misma cosa para el aséptico ‘ciudadano del mundo’.

Hay  que explicarse porque si algo se comprueba en las discusiones políticas del país, es que no hay que dar por supuesta ninguna premisa, por muy elemental que sea. Así pues, el nacionalismo no es la fanfarria festiva de banderas al viento, de gritos de ¡España, España!, o por mejor decir, no es sólo eso. Si no la implacable ejecución de una teoría según la cual, un grupo de personas arbitrariamente elegidas, conforme a resbaladizos criterios como la etnia, la raza, la religión &c. disponen de más derechos que otras. El nacionalismo implica siempre sojuzgar al otro,  sometimiento al que habilita, siempre según sus razonamientos, esa ansiada superioridad de los elegidos.

Nadie de los que celebramos los triunfos e incluso el estéticamente brillante juego del equipo nacional, está pensando en la inferioridad de sus adversarios, acaso en su inferioridad deportiva, coyuntural y revocable, como nuestro propio éxito, tan consoladoramente nos recuerda.

No hay nada de malo en sentirse español, ni mucho menos que uno de esos equidistantes ‘ciudadanos del mundo’ nos atribuya esa condición. La condición de español, un atributo jurídico -que hunde sus raíces en una historia común-consiste en predicar la igualdad de todos quienes lo ostentan. Por consiguiente, no hay correlación entre la condición de español y su expresión simbólica (banderas, cánticos y satisfacción por los logros de la selección) y ninguna clase de nacionalismo español.

Lo que no quiere decir que éste no exista, ni que no se aproveche de aquellas manifestaciones; si bien, circunscrito a grupúsculos residuales que siguen viendo a España como una reserva espiritual.

Mucho más problemática resulta la posición del denunciante -‘el ciudadano del mundo’-su desdén hacia los símbolos constitucionales de una Nación democrática como la española, le disuelve como ciudadano, porque el mundo, tomado genéricamente como el agregado de personas que pueblan la tierra, no acredita ciudadanos; ni tampoco la Organización de Naciones Unidas.

Con todo, este tipo de concentraciones multitudinarias y exaltadas admiten un juicio estético, y que este sea severo, por considerar que la utilización de banderas, cánticos e himnos es algo trasnochado. Pero eso es harina de otro costal.

Mientras que la reducción de todos los nacionalismos a  la fiesta y el griterío, suena más bien como una defensa in extremis de los mismos del tipo: «quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.» En fin, sólo los nacionalistas pueden ser ‘ciudadanos del mundo’. Acabáramos.

Un interesante debate

Imparable

Miércoles, 25 de junio de 2008

 El enraizamiento de Unión Progreso y Democracia en la sociedad, más allá del buen resultado electoral, ya es un hecho.  Un hecho no sometido a cambios tácticos de los demás, es decir, el proyecto depende de sí, de sus ideas. Las vicisitudes del partido de la oposición antes de su Congreso, provocó que muchos declararan como máxima beneficiaria a Rosa Díez; la técnica de derechizarla (-nos). Según este razonamiento, un PP moderado retendría a aquellos atribulados votantes.

 Quienes ven a UPyD como un accidente, ignoran que los últimos tiempos representan bien cuan lábiles son los principios de los dos grandes partidos. El Gobierno cambió, tras las elecciones, su política migratoria y recondujo (venturosamente) su política antiterrorista; desdiciéndose en días de lo que mantenía férreamente. Tras su congreso, el Partido Popular busca, con descaro apoyarse en los nacionalistas, cuando días antes señalaba, con toda pulcritud, sus desafueros contra la libertad y la Constitución.

Frente a la claridad de UPyD, tan ajena a los textos retóricos, largos y pomposos de los demás, el único reproche que desde aquellas bancadas mascullan es que ‘es cuestión de tiempo’. Es una sofisticada teoría política según la cual, el tiempo corrompe los principios. En su defensa, reconocen (más bien, candorosamente) que ellos ya lo están y que nos aguardan en ese punto. Que nos esperen.

Perdida la inocencia del idealismo político, puede verse como las razones se van abriendo paso.

Dos velocidades o nada

Lunes, 16 de junio de 2008

 El verdadero milagro irlandés es su desentendimiento. Aunque no dispongo de los datos exactos,  puedo decir que el progreso de sus últimos años está estrechamente vinculado a la subvención europea, es decir, alemana y francesa. Como todo pacto, la Unión Europea exige contraprestaciones y sacrificios, sin embargo, ahora que el dinero debe irse a los países del Este, algunos deciden no cumplir. La Europa real, con todos sus logros, ha sido un gran juego, un lugar exento de severidad, un gran mercado lleno de aliviaderos: el cheque británico, la asimétrica aplicación del pacto de estabilidad, las excepciones nacionales &c.

Así las cosas, conviene que sigan quienes quieran hacerlo: la Europa de las dos velocidades, donde los sueños de grandeza  o interés económico nacional, cedan ante un objetivo superior, si es que lo hay. Y lo hay, siempre que se mire al mundo tal y como está.

Irlanda representa a todos aquellos que han visto en el euro el fin de Europa. Los padres fundadores, a quienes debería leerse en las escuelas, empezaron por la economía porque suponían que sería más fácil llegar a una unidad política, que nunca descartaron como medio eficaz para que no volviera el desastre del siglo XX. El miedo de la posguerra parecía haberlo logrado, pero una vez que se enterraron a los héroes, se da por hecho, sin más, que no habrá otro enfrentamiento entre europeos mientras manoseen una misma moneda; descuidando otras amenazas más próximas. Pero vivimos sin cuidado, y votamos con desparpajo que nuestros intereses son distintos a los del resto. Piden el divorcio esperando que se lo nieguen, que aparezcan subterfugios  improvisados que nos permitan seguir izando la bandera del europeísmo de salón, que el tópico de que Europa vive de la crisis se haga realidad y para que aquella no muera, nunca cese ésta.

Es admirable observar que aquí en España, los dos partidos grandes no han dejado de ser europeístas, dispuestos a ciertos sacrificios. Aunque  el entusiasmo merma, cuando se está en la oposición. Un país a media digestión como el nuestro, cree firmemente en Europa. Posiblemente sea la mejor cura para la onfaloscopia reinante, y de ordinario, una excusa impenetrable para adoptar decisiones odiosas. Lo que demuestra que nuestro afán europeo responde a necesidades íntimas, no estando demasiado lejos de la indiferencia irlandesa. Es posible que ambas naciones, como católicas que son, sigan confiadas en que la salvación está asegurada, que nada de lo que hagan les condenará.

Es la hora de la férula, precisamente hoy, el día en que mi Sporting de Gijón subió a Primera.

Instrucciones para un suicidio, comencemos por las palabras

Viernes, 13 de junio de 2008

 Las palabras acabarán con nosotros. Una vez que nosotros las hayamos triturado. Estos últimos años han sido la era del significante, lo importante es el sonido o la grafía que se usa, y en su elección podemos fácilmente consumir nuestros mejores días. El debate es mucho más físico, mecánico, que léxico; importa la textura, el movimiento y sobre todo la suavidad de los términos, no su contenido. El desprestigio de ‘las letras’, su postergación en el sistema educativo, caracteriza el momento; las palabras son lo que cada sujeto quiere que sea, y para entendernos cabalmente, habremos de solicitar a nuestro interlocutor su propio diccionario (es decir, su TAC). Un solo diccionario para el mundo es utópico, pero uno por alma es disolvente.

La generalizada aceptación a emplear toda clase de eufemismos, que dulcifiquen para otros la realidad (siempre es para quien la niega), no es más que el pacífico acatamiento a una serie, cada vez mayor, de prohibiciones. Un tabú es una prohibición, así ‘crisis’ está proscrita de nuestra lengua, aquí y ahora, en cambio el salvoconducto lo tiene ‘desaceleración’ (= trasvase/transferencia). Ocurre con frecuencia y les ocurre a todos, acuérdense del par ‘toma de contacto o temperatura’/ ‘negociación’.

A pie de calle, donde se habla para que a uno le entiendan, no suelen acatarse esta clase de restricciones, quedando sólo para quienes pueden permitirse el lujo de cumplir los mandados, porque están lo suficientemente alejados de la realidad, tan sucia y tan innombrable.

Por todo ello, como el mundo lo hizo un hombre, y la lengua sus hijos varones para dominar a sus hermanas, la utilización de cualquier masculino común en cuanto al género, es la perversa consecuencia que hay que borrar de la faz de la Tierra (¡-a!), a base de cambios tranquilos, tipo miembras. El servicio a tan edificante causa, bien vale el ridículo. No nos engañemos, el riesgo es Babel, pero ahora no es Jehová quien pretende que «ninguno entienda el habla de su compañero» (Gen 11, 7).

Sint ut sunt, aut non sint

El vértice del triángulo invertido. Los proletarios de la enseñanza concertada

Miércoles, 4 de junio de 2008

 La enseñanza concertada tuvo un papel clave en la universalización de la educación, permitiendo que el Estado pudiera ofrecer enseñanza básica gratuita a los chicos del baby boom. Fueron los gobiernos socialistas quienes implementaron efectivamente las previsiones que incorporaba ya la Ley General de Educación de 1970. Pero como se trataba de dar dinero al clero, lo hicieron temerosos de que el asunto disgustara o de que en tales centros comenzara una despiadada y generalizada limpieza de sesos que mutilase cerebralmente a quienes fuimos sus alumnos. Por tanto, se parió una normativa medrosa,  parcial, confusa, alicorta y ambigua, que pudo ser presentada al poderoso lobby sindical de la enseñanza pública como una colección de concesiones graciables y notoriamente desiguales al de su sector. En síntesis, se produce una relación triangular: trabajadores-empresas-administraciones. La titularidad de los centros (por cierto, no siempre religiosa) ejerce como empresario: elabora las nóminas y dirige la actividad educativa; sin embargo quien paga a los trabajadores es la administración educativa, que fija cuantas unidades puede tener un centro y dicta, entre otras, las normas que rigen la admisión de alumnos. Por tanto el trabajador, vértice de este triángulo invertido, debe estar y pasar, de facto, por lo que de un modo u otro determinan sus dos empresarios.

Cuando la natalidad descendió, y la red pública podía asumir la prestación del servicio (más teóricamente que en la práctica), se comenzó a discutir la legitimidad de este servicio público, así lo considera la Ley Orgánica de Educación. No obstante, antes, los trabajadores habían estado discriminados salarialmente respecto a sus compañeros funcionarios. Se quebraba así, con el marchamo progresista, el principio de: «a igual trabajo igual salario». A pesar de los compromisos y los asentimientos en privado, el privilegio  inexpugnable y rancio del funcionario era determinante: sostenían que en realidad no es el mismo trabajo. En el aspecto más dramático de ese sucio argumento, despunta la verdad de la fuerza de los hechos, resulta que los docentes de la concertada trabajan más y con plantillas más limitadas. Cualquiera puede ver aquí una discriminación, consentida y alimentada por administraciones temerosas: débiles con los fuertes y envalentonadas con los débiles.

Transferidas las competencias a las Comunidades Autónomas, cada una tiene una política diferente al respecto. Las discriminadoras se justifican en que los centros concertados incumplen las normas, originando que sea la pública la que asume a la mayor parte de la población inmigrante; si se produce así, la administración educativa dispone de instrumentos de coacción suficientes para que los colegios cumplan con la ley, desde las sanciones a la retirada de los conciertos educativos. Sin embargo prefieren el ahogo a la claridad.

Ayer, en Oviedo, un sector cansado y en su mayaría más cerca de la jubilación que de la mocedad, tomó las calles para clamar por un estatuto laboral digno que se les viene negando desde los años ochenta. En realidad, se busca perjudicar a trabajadores de la enseñanza concertada, que además de enfrentarse a los problemas comunes de cualquier docente ya de por sí graves; trabajan más y son peor pagados, además de soportar en ocasiones un despótico poder empresarial. A lo que se une, el sectarismo de un cierto sector que con simpleza y abundantes dosis de desinformación prefiere ser cualquier cosa, antes que ponerse del lado de los trabajadores.

Resultaría conveniente que los representantes de éstos lo hubieran sido, pero no, ahora son políticos profesionales.